Seminarista Maryknoll reflexiona sobre sus experiencias de formación en el extranjero

La misión es diferente para cada persona. Yo trabajo en la parroquia Mabatini en Mwanza, Tanzania. La parroquia está dirigida por dos sacerdotes y un Hermano Maryknoll. Mis ministerios incluyen trabajar con los monaguillos, los confinados en sus casa, los jóvenes y, en ocasiones, los niños de la calle. Estos dos primeros ministros han captado mi atención y energía y se han convertido en una buena base para reflexionar dónde encajo en la misión.

Mis años de formación filosófica y teológica en Maryknoll me han ayudado a desarrollar un fuerte conciencia de mí mismo. Mi condición de hombre blanco estadounidense nacido en una familia de clase media, por ejemplo, se ha convertido en un lugar que requiere constante conciencia de aquello que doy por hecho en la vida. Ser blanco es un lugar de privilegio que se ha convertido en tema de conversación política y social en Estados Unidos, pero también tiene un papel primordial en Tanzania.

Maryknoll Missioner, John Hill

En muchos sentidos, soy una “víctima” de racismo a la inversa aquí. Sobresalgo y la gente me queda mirando. Algunos niños curiosos quieren tocar mi pelo, otros huyen asustados. Mi diferencia se nota y se siente, pero no de una manera negativa. Me tratan como algo separado, irreprochable, como si fuera un rey o una estrella de rock. Me ofrecen las mejores sillas. Me sirven la mejor comida. ¿De esto se trata de la misión?

La gente local supone otras cosas sobre mí. Ven mi color de piel como un símbolo de riqueza. Como soy norteamericano, debo ser rico. La gente me pide a diario dinero para la comida, la escuela y medicina. A veces, doy. A veces, no. Para los estándares americanos, soy pobre; para los de Tanzania, soy más rico de lo que pueden imaginar. Me ven como un recurso. ¿De esto se trata la misión?

El mundo y la misión han cambiado en los últimos 100 años. Hay muchos sacerdotes, religiosas y seminaristas en la Arquidiócesis de Mwanza que son capaces de dirigir sus propias iglesias y escuelas, pero nosotros administramos la parroquia Mabatini.

¿Le estamos quitando el trabajo a un sacerdote local debido a nuestra necesidad de estar en misión? Si es así, ¿no es eso algo egoísta? ¿Qué podemos realmente ofrecer que la iglesia local no puede ofrecer? ¿Estamos donde más se necesita? ¿No hay lugares más necesitados que donde estoy ahora?

 

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Preguntas como éstas han llenado mi cabeza durante mi programa de formación en el extranjero este año. A veces, las preguntas pueden ser abrumadoras, pero eso cambia cuando vuelvo a mi pequeño trabajo con los monaguillos y veo cómo ellos responden a mi presencia. Ellos quieren ir conmigo a visitar a los enfermos cada día. Les encanta sentarse y jugar a las cartas o ayudarme a recoger la basura en los terrenos de la iglesia. He trabajado para crear un lugar que sea seguro y divertido para ellos, y también uno en el que se sienten responsables por el bienestar de la comunidad. Hemos incorporado sesiones de aprendizaje sobre la Misa y añadido un poco de tiempo para el servicio a la comunidad en general fuera de la Misa. Me encanta pasar tiempo con ellos todos los días. Esto es lo que es la misión.

Visito a los confinados en sus casas todas las semanas: personas que viven solas y no puede levantarse y caminar; personas que se sienten abandonadas. Me siento con ellos, hablar con ellos, río con ellos y comparto una comida comunitaria con ellos. También me aseguro de que satisfagan sus necesidades de la mejor manera posible. A veces, eso significa llevarles medicina de nuestra oficina de salud o un poco de dinero para comprar alimentos. A veces eso simplemente significa asegurarme de regresar a verlos la semana siguiente. Esto también es misión.

Me estoy dando cuenta de que lo que la gente necesita es un ministerio de presencia en sus vidas. Mi Swahili no es perfecto, pero mi presencia lo es. Mi capacidad para ayudar a la gente no es perfecta, pero mi voluntad de hacer el trabajo y el esfuerzo para encontrar soluciones con ellos lo es. Misión para mí no es ser el hombre blanco salvador del mundo, sino de llevar el ministerio del Salvador a aquellos que podrían estar inseguros del amor de Dios en sus vidas ese día.

De esto se trata mi misión.

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