Los sencillos y profundos mensajes de algunos de los jóvenes que asistieron a la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá (p. 8) me llevaron a la reflexión sobre la entrañable manera en la que los seres humanos del mundo estamos conectados. “No hay que construir muros sino puentes”, dice una de ellos. Y sobre nuestro rol para salvar no nuestro futuro sino nuestro ahora. “Aquí estoy”, dice otro de los jóvenes.

Tristemente, la interconexión humana también es negativa. La violencia está instaurada en la sociedad, incluso dentro de la Iglesia, dice en su reflexión el Padre Alejandro Marina. Una encuesta reciente indica que más de un tercio de católicos en Estados Unidos cuestiona su pertenencia a la Iglesia debido a los escándalos por abuso sexual.

Y de nuevo la reflexión sobre nuestra interconectividad y nuestro rol como seguidores de Jesucristo. Aquí estoy.

El dolor de las familias que huyen de la violencia en Centroamérica nos afecta a todos: unos quieren ponerles un muro mientras otros buscan brindarle consuelo, darle una bienvenida compasiva y entender las causas que generan esa violencia de la que huyen. Lean los inspiradores testimonios de la Hermana Maryknoll Jeanne Rancourt y del Misionero Laico Maryknoll Peter Altman.

Aunque variados en su contenido, los artículos de esta edición también se entrelazan en ese “aquí estoy” para Dios. Jonathan Hill y Ryan Thibert son los nuevos misioneros Maryknoll que dicen sí como diácono, pronto sacerdote, y hermano, respectivamente. Dulce Tovar es una ejemplar joven hispana, discípula misionera en Estados Unidos .

Acompáñenos a ser la presencia de Dios con los más vulnerables y decirles: aquí estoy.

David R. Aquije 
Director