Jonathan Hill firmó su voto permanente como misionero Maryknoll unos meses antes de su ordenación sacerdotal.

Nuevo misionero Maryknoll, que pronto será sacerdote, describe su camino misionero

Mientras estaba postrado en el piso de la Capilla de Nuestra Señora Reina de los Apóstoles para la Letanía de los Santos el día de su ordenación al diaconado en Maryknoll, Jonathan Hill sintió como si el tiempo se hubiera detenido y que la presencia del Espíritu de Dios hubiera llenado ese espacio sagrado.

“Es cuando el Cuerpo de Cristo presente en la capilla pide las oraciones de toda la comunidad del Cuerpo de Cristo desde el principio de la Iglesia hasta el final”, dice Hill, ordenado diácono el 15 de diciembre de 2018.

Un día antes, cuando hizo su juramento final a la Sociedad Maryknoll, él tuvo otro momento profundo.

“Aquí estaba, dedicando mi vida al servicio de los más favorecidos de Dios: los pobres y los marginados. Estaba dedicando mi vida a las misiones con Maryknoll”, dice él.

Jonathan Hill en la escuela de idiomas de Tanzania, con otros estudiantes.

Jonathan Hill ayudando a construir una escuela para niñas en Tanzania.

Mientras espera otro momento profundo el día de su ordenación sacerdotal, el 1 de junio de este año, Hill reflexiona sobre su viaje vocacional, desde su infancia hasta su entrenamiento misionero en Tanzania.

Jonathan, el segundo y último hijo de Larry David y Ramona Hill, nació el 9 de marzo de 1983 y es la séptima generación de una familia que ha vivido en Florida desde los 1840. Él piensa que su llamado a la misión es una respuesta natural a su entorno.

“Crecí en la casa de mis abuelos, junto con mis padres y mi hermano mayor”, dice.

La familia de su madre viajó mucho. Su abuelo estuvo en la Fuerza Aérea de Estados Unidos, y su abuela trabajó para el FBI antes de casarse con su abuelo en Francia. Después, vivieron en Alemania.

“La casa reflejaba sus viajes”, dice Hill, quien tiene un tío, ahora un pastor bautista, que fue misionero en Honduras. “También tenían una buena educación; a menudo, las historias nocturnas de mi infancia procedían de la Enciclopedia Británica. También leía el National Geographic y me encantaban las historias del mundo”.

La fuerte educación religiosa de su familia bautista del sur mezcló con la fe el deseo de Hill de viajar por el mundo. En la escuela secundaria, se unió a un programa de la Marina de Estados Unidos con una beca para la Universidad de Florida. Pero estando allí, sintió descontento porque debido a la beca no podía cambiar la especialización en enfermería que cursaba cuando él quería ser un médico naval. Además, debido al riguroso programa de la universidad y los deberes militares, dejó de ir a la iglesia.

Jonathan Hill postrado en el suelo durante su ordenación como diácono en diciembre 2018.

Aquí estaba, dedicando mi vida al servicio de los más favorecidos de Dios: los pobres y los marginados.

“Esto me llevó a dejar el programa, regresar a casa, y buscar un nuevo comienzo”, dice.

En un servicio de Pascua en 2002, Hill volvió a sentir el llamado de Dios y esta vez decidió seguirlo. Asistió al Baptist College de Florida y participó en experiencias misioneras: construyendo un hospital en Honduras en 2002; trabajando con refugiados en Roma en 2003; impartiendo estudios bíblicos en Filipinas en 2004.

En Filipinas, asistió a un servicio religioso de una iglesia de santidad afroamericana con un amigo, cuyo padre era el pastor. Las diferencias religiosas desafiaron la fe de Hill.

Regresó a Estados Unidos y mientras trabajaba en la tienda de su padre en Chipley, Florida, Hill le pidió a Dios “una señal clara para encontrar la verdad en medio de miles de denominaciones”. Ese día vio en la televisión un programa donde un ex ministro bautista explicaba por qué se convirtió al catolicismo.

“Eventualmente, sentí que a menos que me volviera católico, no sería fiel a mi conciencia y hacia donde sentía que el Espíritu me guiaba”.

Diácono Maryknoll Jonathan Hill y el Padre Maryknoll Shawn Crumb en el hito que marca la frontera entre China y Corea del Norte.

Jonathan Hill con sus padres en la graduación de Naval Officer Corps Training Program

En 2004, Hill fue confirmado como católico y aceptó un trabajo como administrador de una librería y tienda de regalos en su parroquia, la iglesia católica St. Dominic, mientras terminaba un grado asociado en administración de empresas en Gulf Coast Community College.

El llamado misionero seguía en su corazón cuando, en 2004, Jonathan conoció al Padre Maryknoll Michael Sloboda, quien realizaba promoción misionera en Florida. “Estuvo en la parroquia unos minutos y supe de Maryknoll y su trabajo”, dice Hill.

Para el 2006, Hill fue a Wyoming donde discernía si ingresar a la Diócesis de Cheyenne o unirse a Maryknoll. Una vez más, le pidió a Dios una señal.

“Perdí mi trabajo debido a la regresión económica”, recuerda Hill. “Ese mismo día recibí una llamada de Maryknoll,” dice. “Era la clara señal de Dios que pedí”.

Hill ingresó a Maryknoll en 2010, obtuvo una licenciatura en filosofía de la Universidad de Loyola y una maestría en divinidad de Catholic Theological Union, ambas en Chicago. Pasó el programa de capacitación en el extranjero de Maryknoll en el este de África, donde se enamoró de la gente y la cultura de Tanzania, adonde ha sido asignado para servir en misión.

En Tanzania, trabajó con unos 60 niños y niñas en total de una parroquia de Maryknoll en Mwanza. “Los preparaba, los guiaba en la recreación diaria y en el cuidado de los ancianos enfermos y confinados en el hogar”, dice Hill, quien se sintió inspirado por la vida de las personas que conoció en misión. Una mujer confinada en su casa destacó particularmente.

“La visitaba cada semana”, dice. “Su casa estaba lejos de la parroquia, en lo alto de los acantilados rocosos de Mwanza. Era casi ciega, pero siempre estaba feliz, y yo esperaba y disfrutaba nuestras visitas tanto como ella. Se sentaba a mi lado y tomaba mi mano mientras hablábamos”.

Jonathan Hill during his Deaconate Oath (Diane Mastrogiulio/Nueva York)

Hill también recuerda al jefe de catequistas de la parroquia.

“Era la persona más ocupada que he conocido, pero siempre tuvo un aire de paciencia, amabilidad y generosidad. Nunca escuché una palabra de enojo de él”, dice Hill. “Es un ejemplo de cómo deseo ser un pastor gentil entre la gente, tomándome el tiempo para escuchar sus preocupaciones y siendo receptivo a la manera que ellos necesitan que sea”.

Hill dice que ha experimentado la gran gracia y amor de Dios, y quiere estar en relación con otras personas de manera que ellos también puedan experimentar ese amor y gracia.

“Dios nos llama de diferentes maneras a ser efectivos para su propósito en el mundo”, dice, reflexionando sobre su decisión de ser un sacerdote católico en lugar de seguir su interés anterior en los negocios.

“No creo que hubiera sido feliz en el mundo de los negocios; no es mi llamada. Otros son llamados a ser sacerdotes en su cultura de origen. No es mi llamado. Yo obtengo energía al vivir y viajar a lugares donde no es evidente que pertenezco”, dice. “Para mí, esa energía viene del Espíritu de Dios y es el llamado de mi vida”.