En Nueva York, el Papa Francisco da esperanza a un equipo de jóvenes inmigrantes indocumentados

|| Por Gabriela Romeri

Cuando el Papa Francisco visitó a los inmigrantes y estudiantes reunidos en la escuela Nuestra Señora Reina de los Ángeles en Harlem, Nueva York, el septiembre pasado, algo no planeado ocurrió sin que muchos tomen nota. En medio de las cámaras y la muchedumbre que abarrotó el gimnasio de la escuela, Edenilson Membreño, un tímido joven salvadoreño de 16 años, entregó una carta al papa en sus manos.

Membreño es uno de más de 30 jóvenes que huyeron de sus países de origen y ahora juegan para La Unión, un equipo de fútbol, para jóvenes inmigrantes indocumentados y refugiados recién llegados, que forma parte de la liga de fútbol South Bronx United en Nueva York. Los 11 jugadores de La Unión invitados a estar presente en la visita del papa, aprovecharon al máximo la experiencia.

Mejía entregando al papa el balón firmado por todo el equipo. CNS/Nueva York

Membreño escribió la carta para el papa por insistencia de su abuela. Desde que tenía 8 años, fue su abuela quien lo crió en La Libertad, El Salvador, enseñándole a rezar el Santo Rosario. La oración y bendición de su abuela fue su último recuerdo antes de escapar con su hermana de 13 años de edad de la violencia en su país el año pasado. “Está tan bravo ahí que ahora los muertos ya no caben ni en los panteones”, dijo.

En Nueva York, él y su hermana lograron reunirse con su madre, a quien no habían visto en 10 años. Cuando su abuela en El Salvador se enteró que él iba a ser uno de los afortunados en ver al papa, no podía contener su alegría y le pidió a su nieto que escriba la carta en sus propias palabras. En ella, él relata la violencia que vio en su país y le pide al papa que rece por El Salvador y todos los pueblos centroamericanos que luchan por la paz.

Mejía y su hermano Eduardo, de Honduras. Giovana Soria/Nueva York

Ariel Mejía, 18 años, fue elegido para presentar al papa los regalos del equipo de fútbol “porque soy el más valiente”, dice. Él y otros dos jugadores le dieron al papa una pelota de fútbol celeste firmada por todo el equipo y la camiseta número 1 del equipo con su nombre: “Papa Francisco”. Animado y disfrutando el momento, Mejía le mostró al Sumo Pontífice sus habilidades con la pelota.

Mejía, de Honduras, se encuentra actualmente en procedimientos judiciales de inmigración que decidirán si recibe una visa condicional que le permita quedarse con su madre, quien vive en Nueva York. Dice del momento en el que se reencontró con su madre: “Lloré demasiado. Volver a verla después de 11 años, pues fue mucho para mí. No quiero apartarme de ella”.

“Es una energía que no se puede describir, una energía que da esperanza y gracia a la gente más vulnerable y pobre, como los inmigrantes presentes”.

Aunque estos jóvenes brillan en el campo de fútbol y ante las cámaras, están pasando por traumas e incertidumbres que otros jóvenes que practican deportes en Estados Unidos nunca tendrán que experimentar. Elvis García Callejas, quien fue un refugiado de Honduras, fundó el equipo La Unión en marzo 2014 con el apoyo de Caridades Católicas.

Callejas también asistió a la reunión con el papa. “Nunca nos imaginamos que íbamos a tener la oportunidad de estar en el mismo cuarto con él”, dijo. “Es una energía que no se puede describir, una energía que dio esperanza y gracia a la gente más vulnerable y pobre, como los inmigrantes presentes, que muchas veces son marginados”.

Jugadores de la liga South Bronx United. Giovana Soria/Nueva York

Callejas huyó a Estados Unidos en 2005 a los 15 años de edad, desafiando el peligroso viaje solo y dejando detrás un pasado tan doloroso del cual todavía prefiere no hablar. “No tenía familia aquí, ni nadie que me recibiera”, recuerda. Pasó un año en un centro de detención en El Paso, Texas, hasta que los Tobins, una familia católica de Chicago, lo adoptó.

Con este apoyo familiar, Callejas pudo ir a la universidad, donde recibió un título en desarrollo internacional y sociología. Cuando empezó a trabajar como especialista de migración juvenil para Caridades Católicas en Nueva York, recordó lo mucho que el fútbol le ayudó en la transición de adaptarse a su nuevo país. “Tuve que mantener mis notas altas para poder jugar al fútbol en la escuela secundaria, lo que me ayudó mucho”, dice, y siguió jugando fútbol representando a su universidad.

Edenilson Membreño, 16 años de edad, escapó la violencia de El Salvador el año pasado. Giovana Soria/Nueva York.

Casi todos los sábados, se puede encontrar a Callejas en una cancha con césped artificial cerca al Yankee Stadium entrenando a los jóvenes de La Unión—tanto física como emocionalmente. “Muchos de estos niños se vieron forzados a salir de sus países, si no morían”, dice Callejas. “El fútbol es algo que ellos entienden, en un país donde nada parece familiar. En la cancha, pueden olvidarse de los problemas que están pasando. Pueden ser quienes son sin ser juzgados”.

Caridades Católicas de Nueva York emplea a siete especialistas de migración juvenil y siete abogados de inmigración pro bono que representan a los jóvenes frente a los tribunales. Tuvieron las manos llenas el 2014 cuando la oficina del gobierno Customs & Border Protection (cbp) informó que 68,541 jóvenes inmigrantes hispanos que fueron encontrados viajando solos, en busca de asilo y refugio, entraron en custodia de Estados Unidos.

El año pasado sólo 39,970 jóvenes no acompañados entraron en custodia de cbp, una caída del 42 por ciento. La caída no se debe a que las condiciones en sus países hayan mejorado, sino a que el gobierno de Estados Unidos ha dado recursos a los gobiernos de México, El Salvador, Guatemala y Honduras para reforzar la detección, detención y deportación de inmigrantes.

A medida que la situación de los refugiados en todo el mundo sigue aumentando, el Papa Francisco ha estado a la vanguardia, pidiendo que comunidades e instituciones religiosas les abran sus corazones y sus puertas.
En Harlem, cuando el papa habló a los 11 jóvenes indocumentados presentes en Nuestra Señora Reina de los Ángeles, y en general a todos los migrantes y refugiados del mundo, les dio esperanza. “Tienen derecho a soñar”, dijo. “Donde hay sueños, donde hay alegría, ahí siempre está Jesús”.

Foto principal: En Harlem, Nueva York, Ariel Mejía de Honduras y Lázaro Us Baquiax de Guatemala (derecha) le dieron al Papa Francisco regalos de La Unión, un equipo de futból de jóvenes inmigrantes indocumentados, apoyado por Caridades Católicas. CNS/Nueva York

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