Un Padre Maryknoll trabaja para crear conciencia social dentro del capitalismo

|| Por Gabriela Romeri

Construir el Reino de Dios requiere obreros dedicados. El Padre Maryknoll Joseph La Mar es uno de ellos. “Mucha gente tiene miedo de hacer este tipo de trabajo”, dice sobre su ministerio que exige que las grandes corporaciones tengan una responsabilidad social. “Sólo tienes que sentarte a la mesa y decir lo que hay que decir”. Su trabajo consiste en comunicar preocupaciones éticas a los consejos directivos de alto nivel de empresas multinacionales en las que predica el cuidado de la creación y los derechos humanos.

Como asistente del director de finanzas de los Padres y Hermanos Maryknoll, el Padre La Mar ha representado durante 23 años los valores en común de Maryknoll y del Interfaith Center on Corporate Responsability (ICCR). El ICCR es una alianza de 300 inversionistas e instituciones religiosas con acciones comerciales en las grandes corporaciones. En conjunto, esto les da una bolsa de inversión valorada en más de $100 billones y una voz colectiva en los directorios de las empresas.

Una protesta contra la globalización, en Francia, 2011. CNS/Francia

Como accionistas, La Mar y sus colegas del ICCR tienen la capacidad de formular peticiones para que los accionistas voten en temas como salarios justos, preservación del medio ambiente y la protección de derechos laborales; o, como dice el ICCR, temas que defienden “el principio del bien común y la integridad de la creación”.

En 2015, el ICCR presentó 227 resoluciones–casi un tercio de las cuales estuvieron orientadas en mitigar los efectos del cambio climático. Chevron y Exxon recibieron más peticiones que otras empresas, incluyendo una para que divulguen sus prácticas de fracturamiento hidráulico, o “fracking”. Bank of America, Boeing, Capital One, Comcast, Google, Lockheed Martin y Monsanto, entre otras empresas, recibieron peticiones para que divulguen cuanto gastan cabildeando a legisladores.

Maryknoll Mission Archives

La Mar en Guatemala reza con una feligrés. Maryknoll Mission Archives

“Yo lo llamo un capitalismo ateo, donde no hay más Dios que el dinero”, dice La Mar del sistema dominante del comercio globalizado. Su trabajo, al que describe como “la creación de un capitalismo con conciencia”, lo ha llevado a aparecer en CNN y CBS, a ser citado en The New York Times y el Wall Street Journal, y escuchado por estaciones de radio en todo el país. A veces su trabajo lo lleva al extranjero, pero más que nada viaja a Wall Street.

Un lunes de julio, La Mar, ahora de 81 años, se reunió con los directores ejecutivos de Citigroup por dos horas, y con los de Bank of America por otras dos horas, para trabajar en códigos básicos de conducta ética para empleados. Luego pasó cinco horas con sus colegas del ICCR en discusiones estratégicas para promover éticas empresariales.

La Mar defendiendo el pueblo burmés contra inversiones de compañía pertrolera. Maryknoll Mission Archives

Su ministerio en las juntas directivas de las corporaciones, dice el Padre La Mar, requiere paciencia y persuasión, con la esperanza de lograr una transformación, o metanoia–una conversión espiritual del corazón. Eso sólo es posible, afirma, a través del encuentro personal donde uno tiene el valor de compartir verdades con ejecutivos y accionistas que de otro modo no escucharían sobre estos temas.

En una batalla de 12 años, el Padre La Mar logró convencer a Unocal, una empresa petrolera, a no construir un oleoducto en Burma, o Myanmar, durante la década de 1990, cuando una junta militar tomó control del gobierno. No obstante, Chevron compró Unocal y construyó el oleoducto. Como resultado, una resolución de ICCR de 2015 cita a Chevron por “abusos graves de derechos humanos por parte de tropas birmanas empleadas para asegurar el área de oleoducto, incluyendo la reubicación forzada de los habitantes y el uso del trabajo forzado”.

Su ministerio requiere paciencia y persuasión, con la esperanza de lograr una transformación, o metanoia—una conversión espiritual del corazón.

Se requiere temple de acero para ser la voz de los sin voz. Pero cuando el Padre La Mar habla, la gente escucha. La Mar, un piloto de la Fuerza Aérea de Estados Unidos por 20 años, pasó una década transportando los cuerpos de soldados muertos durante la Guerra de Vietnam. Pero él no cree que sea su pasado militar o su sotana lo que lleva a que la gente le escuche. Él cree que es su experiencia misionera, que comenzó cuando se unió a la Sociedad Maryknoll a los 39 años de edad.

Su primera asignación misionera lo llevó a las selvas de Guatemala para trabajar con indígenas maya de 1983 a 1989, justo durante la expulsión y genocidio a manos del poder militar que costó 250,000 vidas. En El Petén, región selvática que limita con México, fue testigo del creciente número de cadáveres encontrados mutilados en su propia parroquia, y vio cómo los militares guatemaltecos expulsaron a los campesinos de sus tierras fértiles, que no tardaron en ser propiedad de la agroindustria del tabaco.

El Padre La Mar, Hermanos Maryknoll.

El Padre La Mar es asistente del director de finanzas de los Padres y Hermanos Maryknoll. Jack King, M.M./ Nueva York

“Comencé a ver los efectos reales que las políticas del gobierno estadounidense tienen en otras culturas”, dice. Cita el Tratado del Libre Comercio Norteamericano y Centroamericano (NAFTA y CAFTA, respectivamente), lo que provocó un incremento de maquiladoras (fábricas) que se suponía iban a levantar el nivel de vida de los trabajadores. En cambio, La Mar investigó el abuso continuo de las maquiladoras en Guatemala, que a menudo pagaban “un salario mucho menos de lo necesario para poder vivir”, dice. En su experiencia, cuando el gobierno de un país en desarrollo convence a empresas multinacionales a invertir, garantizando “ningún conflicto laboral”, dice, “a menudo eso se traduce en el envío de milicos para torturar y matar a la gente”.

Por esto, explica, activistas norteamericanos y colombianos trataron de frenar el acuerdo comercial entre Estados Unidos y Colombia, aprobado en 2010 a pesar que Colombia es uno de los países más peligrosos para sindicalistas, según la Escuela Nacional Sindical de Colombia. Hoy en día, el Padre Jesuita Javier Giraldo escribe desde Colombia sobre el “genocidio permanente” de comunidades como la de Buenaventura, que se atrevan a resistir al último “megaproyecto”, el nuevo puerto.

“Comencé a ver los efectos reales que las políticas del gobierno estadounidense tienen en otras culturas”.

También es la razón por cual la Oficina de Asuntos Globales de Maryknoll y defensores globales siguen luchando en contra del Trans Pacific Partnership (TPP), un acuerdo comercial entre 12 países que permitirá que las corporaciones puedan demandar a estas naciones si sus regulaciones ambientales afectan sus ganancias potenciales.

El Padre La Mar destaca a otro obrero dedicado a la construcción del reino, el Papa Francisco, quien ha tratado constantemente de eliminar el velo de ignorancia que cubre el lado negativo de la globalización comercial, articulado en su encíclica ecológica Laudato Si’. El papa nos desafió, dice, a “construir una alternativa humana a la globalización excluyente”.

El misionero que promueve la responsabilidad social corporativa también cree que la próxima generación seguirá construyendo el Reino de Dios en la tierra, siendo la voz de los sin voz. Siempre en la lucha, La Mar dice: “Por supuesto que vamos a ganar algún día. ¡Es la enseñanza del Evangelio!”

Foto principal: El Padre Maryknoll Joseph La Mar encuentra material de construcción de un oleoducto de Birmania a Tailandia que él protestó durante la década de 1980.

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