Misionera Laica Maryknoll recibe cuidado e inspiración de un doctor de Tanzania

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[googlefont font=“Cormorant Infant” fontsize=”20″]Por Susana Carpenter, MKLM[/googlefont]


Era temprano un martes por la mañana aquí en el inmenso Hospital Bugando de Mwanza, al noreste de Tanzania. Tenía una cita con el Doctor Leonard Washington.

Él revisaba dos heridas en mi pierna que se habían infectado después de una caída. Mientras mi amiga Joanne fue apresuradamente a una farmacia cercana para conseguir un ungüento que necesitaba, yo charlé con el doctor.

“¿De dónde eres?”, me preguntó.

“De Estados Unidos. ¿Ha estado allí?”, respondí.

“Dos veces en Massachusetts”, me dijo el doctor. Me explicó que cuando trabajaba en una clínica rural, llegaron unos padres con un niño de 11 años de edad quien tenía severas quemaduras. Ellos se habían demorado demasiado en llevarlo al médico al punto que el cuerpo del niño ya emitía un olor fétido. El Doctor Washington y su equipo se pusieron a trabajar de inmediato para sanar al niño. Sin embargo, a los pocos días, los padres desaparecieron.

“Tuve que cuidar del niño”, dijo el Dr. Washington. “¿Qué más podía hacer?” El doctor matriculó al niño en la escuela y a diario lo ayudó con sus tareas. “Él no tuvo muchos estudios anteriormente”, dijo el doctor.

Un día, una mujer estadounidense, que llegó con un grupo médico de visita a Tanzania, conoció al niño y se interesó en su caso. Ella ofreció ayudarlo con su educación e hizo arreglos para que el niño recibiera una mejor cirugía reconstructiva en un Hospital de Boston, y el Dr. Washington acompañó al niño a Estados Unidos.

“¡Ahora, [el niño] está preparándose para ser un técnico de laboratorio!” dijo el Dr. Washington, culminando la historia.

Mi amiga Joanne regresó con el ungüento y el Dr. Washington me enseñó cuidadosamente cómo aplicármelo. Cuando le agradecí, él sonrió y me dijo: “¡Es Dios quien sana! Nosotros ayudamos a mejorar las cosas con medicinas y tratamientos, pero es Dios quien sana”.

“Mi salario ayuda a muchas personas. Mi abuela y muchos otros viven en mi casa. Ahora estoy enviando a 10 niños a la escuela, incluyendo a mis tres hijos. Así que ¡criar pollos es una gran ayuda!”

Durante mi segunda cita, el Dr. Washington observó la recuperación lenta de mis heridas, y aunque él no sabía mi preferencia religiosa, dijo: “Rezaré por tu recuperación esta noche, durante nuestras oraciones”. Yo me imaginé al Dr. Washington rezando con su familia en su casa durante el atardecer.
En mi tercera visita, el doctor me contó que criaba pollos—250 gallinas que producían 200 huevos diarios. “Nuestros salarios no son tan altos aquí en Tanzania”, me explicó. “Mi salario ayuda a muchas personas. Mi abuela y muchos otros viven en mi casa. Ahora estoy enviando a 10 niños a la escuela, incluyendo a mis tres hijos. Así que ¡criar pollos es una gran ayuda!”

En mi cita final, le mencioné mi afiliación con Maryknoll. Al escuchar eso su cara se iluminó de alegría. “¡Ah, Maryknoll! Maryknoll es muy especial para mí”, dijo él.

La Misionera Laica Maryknoll Susana Carpenter (abajo) con personal de una guardería en Mwanza, donde sirve en misión.

Me contó que fue criado por su abuela en una aldea de la región Mara en Tanzania. “Éramos una familia pobre, una familia de campo”, relató. “El último martes de cada mes, el Padre Maryknoll Thomas Tiscornia venía a nuestro hogar. Muchas personas del vecindario también se reunían con nosotros. Celebrábamos la Misa juntos”, dijo el doctor. “Nuestro apodo para el Padre Tiscornia era Habari Njema (Buenas Nuevas) debido a la forma en que nos leía las Escrituras”. El doctor entonó la manera conmovedora que el sacerdote predicaba y añadió: “Él no había probado nuestras comidas antes—¡pero comía con nosotros!”

El Dr. Washington recordó cómo el Padre Tiscornia lo motivó e inspiró durante su niñez, tanto que hasta pensó en convertirse en sacerdote. Pero dijo que también sintió la vocación de ser doctor. “Incluso en la secundaria administré el dispensario médico para alumnos con la ayuda del libro Where there is no Doctor”, dijo.

“Mi casa es como una iglesia”, añadió con una sonrisa. “¡Ahora hay como unos 20 niños allí! Es la temporada de vacaciones escolares, y algunos niños no tienen a nadie más que los cuide”.

Él habló de una de ellas, una joven que llego a su clínica después de ser violada por su tío. Ella tenía muchas necesidades médicas urgentes, dijo, y sus padres no estaban interesados en cuidar de ella. El Dr. Washington dijo que rezó: “Dios, me gustaría encontrar la forma de ayudar a esta niña. Si hay alguna manera, por favor deja que ocurra”.

Su respuesta llegó el día siguiente, cuando una mujer del extranjero le envió un email al doctor con el deseo de querer patrocinar a un niño en necesidad. Ahora esta niña está en una escuela secundaria de internado y está en el cuadro de honor de su clase, dijo el Dr. Washington, añadiendo: “Y hoy la veré en mi casa, porque regresa para su receso escolar”.

Le dije al Dr. Washington que él era un sanador en más de una manera. Él gentilmente respondió con una sonrisa: “Es Dios quien sana”. Y con una invitación de contactarlo en cualquier momento que necesite ayuda, él se fue a ver a su próximo paciente.

Imagen destacada: El Dr. Leonard Washington ofrece servicio de salud y también compasión con los más necesitados de su país, Tanzania.
 

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