Hermano Maryknoll conversa con niña con visión misionera

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[googlefont font=“Cormorant Infant” fontsize=”20″]Por John Blazo, M.M.[/googlefont]


A medida que se aproximaba el cumpleaños 10 de Jenna Cain, ella no pensaba en los regalos que quería, sino en las necesidades de otras personas.

“En la escuela leí artículos sobre lugares donde la gente no tiene agua limpia”, dice Jenna, quien cursa el quinto grado en la escuela primaria Columbus en Thornwood, Nueva York. “Me sentí muy mal, porque el agua es necesaria para vivir”. De ese modo, ella decidió convertir su cumpleaños en un vehículo que pudiera hacer algo por la vida de los demás.

Le pidió a su madre que le diga a sus familiares y amigos que en vez de darle un regalo de cumpleaños, a Jenna le gustaría que realicen una donación a una organización benéfica que se asegure que la gente tenga agua limpia.

Cuando la abuela de Jenna, Eileen Cain, escuchó la petición, se llenó de lágrimas. “No podía creer que una niña tan pequeña sea tan generosa”, dice Eileen. Una benefactora de toda la vida de los Padres y Hermanos Maryknoll, ella envió a su donación, en nombre de Jenna, a Maryknoll. Jenna se puso muy contenta al saber que el Padre Maryknoll Ed Schoellmann utilizaría el regalo en un sistema de agua en su parroquia en el distrito de Shinyanga en Tanzania que proporciona agua potable a la gente en esta área remota.

Invité a Jenna a visitar la sede central de la Sociedad Maryknoll en Ossining, no muy lejos de su casa, por lo que personalmente le pude dar gracias por su regalo y decirle más sobre nuestro trabajo con las personas más vulnerables del mundo. Pude ver cómo se iluminaron los ojos de Jenna cuando la llevé a ella y su padre por un tour de nuestro museo. “Me encantó ver fotos de personas en todo el mundo y cómo Maryknoll les ayuda”, dijo.

Jenna me dijo que además de ayudar a Maryknoll, algunos de sus regalos de cumpleaños fueron a la organización humanitaria Hands Up for Haiti para llevar agua potable a ese país caribeño, donde su pediatra, el Dr. Elliot Barsh, ha ofrecido de manera voluntaria sus servicios médicos.

Yo me quedé impresionado cuando Jenna me dijo, “Estoy muy contenta de ayudar a los demás. Si nosotros tenemos las cosas que queremos pero otros no tienen las cosas que necesitan, entonces sus necesidades deben ser lo primero”.

Al hablar con sus padres, me di cuenta de donde saca esta joven vivaz ese ejemplo de buen corazón con todo el mundo. “Tratamos de dar a Jenna y su hermana mayor, Shannon, una conciencia del mundo que les rodea para poner en perspectiva los temas que nos afectan con las luchas de los demás”, dice la madre de Jenna, Kristen. Una abogada corporativa, Kristen dice que ella hace trabajo pro bono cada vez que puede. El padre de Jenna, Michael, un ingeniero mecánico, ha sido voluntario con New York Cares, una organización sin fines de lucro que moviliza a la gente para ayudar a las comunidades locales pobres.

Michael dice que espera que la generosidad de Jenna sirva de inspiración a otros. Parece que eso ya ocurrió.

Jenna admite que cuando sus amigos supieron lo que pidió por su cumpleaños, quedaron un poco desconcertados. “Pero luego se dieron cuenta que era una buena idea y se involucraron”, dice Jenna.

Jenna me dijo que le gusta jugar al aire libre con sus amigos, actuar, practicar deportes, leer, dibujar y hacer matemáticas; dice que ella también disfruta ir a las clases de educación religiosa en su parroquia, Holy Innocents, en Pleasantville. Cuando crezca, espera convertirse en una ortopedista y tal vez visitar algunos de los lugares a los que ha ayudado. Pero, por ahora, su misión es clara. “Trato de seguir a Jesús, quien ayudó a los demás compartiendo alimentos y agua mientras predicaba el reino de Dios y la forma de adorar a Dios”, dice ella. ¡Habla como una verdadera misionera.

Imagen destacada: El Hermano Maryknoll John Blazo (dcha.) muestra imágenes de servicio misionero en el mundo a la niña Jenna Cain y su padre en el Museo de Misión de Maryknoll en Nueva York.
 

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