Proceso de justicia restaurativa permite que tanto delincuentes como sus víctimas reconstruyan sus vidas

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[googlefont font=“Cormorant Infant” fontsize=”20″]Por Joanne Blaney, MKLM[/googlefont]

En uno de los barrios más pobres y violentos en São Paulo, Brasil, Raquel, una maestra, fue víctima de un robo de auto a mano armada. Después de presentar un informe a la policía, supo que los adolescentes autores del robo fueron detenidos y enviados a un centro de detención juvenil. “Pero no me sentí en paz”, dice Raquel. “Quería entender por qué esto me pasó a mí”.

Años después, Víctor, uno de sus agresores, se reencontró con Raquel e inmediatamente huyó, temiendo que ella lo reconocería. (Los nombres Víctor y Raquel son nombres ficticios).

El trabajador social y consejero de libertad condicional de Víctor le pidió imaginar cómo se hubiese sentido la víctima si lo hubiese visto. Víctor recordó cómo Raquel temblaba el día en que él la atacó. El consejero le preguntó: “Si pudieras hablar con ella ahora, ¿qué le dirías?”

“Le diría que lo siento”, respondió Víctor. El consejero invitó a Víctor a escribir una carta a Raquel, preguntándole cómo podía reparar el daño que le había causado.

la novicia a Hermana Maryknoll Armeline Sidoine

Blaney (izq.), la novicia a Hermana Maryknoll Armeline Sidoine y el compañero de trabajo José Silva conversan sobre el programa de educación popular y derechos humanos en São Paulo, Brasil. Cortesía de Sam Staton.

Eso condujo a que Víctor y Raquel se encuentren en el Centro de Derechos Humanos y Educación Popular en São Paulo, donde otro facilitador y yo comenzamos con ellos un proceso de justicia restaurativa, que incluye una reunión en persona entre el delincuente, la víctima y miembros de una comunidad de apoyo.

El día de la reunión, Víctor llegó con dos miembros del personal del centro de libertad condicional. Raquel trajo a miembros de su familia y a la directora de su escuela. La reunión comenzó con Víctor admitiendo su responsabilidad en el delito. Con labios temblorosos y las manos nerviosas dijo que el robo “no fue planificado”; que se había reunido con un amigo “para pasar el rato”; y de pronto, se encontraron en el estacionamiento con la maestra estacionando su coche. Víctor dijo que él recordaba el miedo que ella sintió y que quería reparar el daño que había hecho.

Raquel recordó el terror que sintió cuando vio el arma de su agresor. Dijo que todavía estaba enojada y nerviosa. “Yo quería conocerte para saber por qué me elegiste como tu víctima”, le dijo a Víctor. Ella explicó que en el momento del crimen, ella estaba pasando por un problema personal extremadamente difícil. Explicó además, que ese día, debido al asalto, ella no pudo participar en las actividades escolares especiales que había preparado para sus estudiantes con discapacidades visuales y auditivas.

A continuación, la familia de Raquel compartió sus sentimientos de miedo, coraje y frustración, ocasionados por el crimen. Víctor quedó visiblemente afectado por el impacto que su acción tuvo en tanta gente.

“Yo quería conocerte para saber por qué me elegiste como víctima”.

En un momento dado, Raquel pidió que Víctor hablara de su vida y de cómo era estar en el centro de detención. Ella también quiso saber por qué no había miembros de su familia presentes con él. Víctor dijo que su madre tenía problemas de salud mental, que a veces ella desaparecía durante días, y que él era responsable de sus hermanos menores. Su madre no tenía dinero para visitarlo mientras estaba en prisión, dijo, y las únicas personas que conocía para que lo acompañen a la reunión eran miembros del personal del centro de libertad condicional.

Durante la conferencia le preguntamos a Raquel: “¿Qué te parece que debe suceder para reparar el daño hecho?” Juntos: ella, Víctor y los miembros de la comunidad, acordaron un plan de reparación que incluye que Víctor use sus talentos artísticos para dar talleres de arte para los estudiantes de Raquel. Víctor también se comprometió a pintar la escuela, y él mismo a regresar a estudiar.

En los momentos finales de la conferencia, Raquel pidió hablar. “Me siento muy aliviada”, dijo. “Soy una persona diferente ahora de lo que era antes de la conferencia. Se me ha levantado un peso de encima. Creo en el cambio. Todos cometemos errores”.

Mirando a Víctor, ella le dijo: “Tienes toda la vida por delante. Todo queda resuelto entre nosotros. He superado este trauma hoy. Has sufrido en el centro de detención lejos de tu familia y en un sistema que sólo castiga y rara vez rehabilita. Quiero pedirte que regreses a estudiar, que busques trabajo y sigas adelante con tu vida. Sería bueno si tu madre estuviera aquí para que pudiera estar orgullosa de ti, de tu valor para venir aquí personalmente para pedir perdón. Tu valor me ha traído aquí hoy. Te invito a registrarte en nuestra escuela. Me encantaría ser tu maestra; y la directora y yo te apoyaremos”.

La directora de la escuela continuó: “Este círculo de hoy ha sido un maravilloso proceso para superar la violencia. Ha sido un proceso de transformación para todos nosotros y un paso positivo para el cambio”.

Centro de Derechos Humanos y Educación Popular de São Paulo.

Raquel (blusa amarilla) y la directora de su escuela, se reúnen con Víctor en el Centro de Derechos Humanos y Educación Popular de São Paulo. Cortesía de Sean Sprague.

He visto el poder transformador de la justicia restaurativa en casos de acoso (bullying), de la muerte de un niño en una escuela o de conflictos en prisión. La verdad, la responsabilidad individual y colectiva, la reparación del daño y la reintegración son elementos clave para el proceso.

Las investigaciones muestran que las víctimas se benefician enormemente de los procedimientos de restauración. Que las víctimas le cuenten sus historias a la persona que causó el daño, es muy curativo. Muchas veces, ellos y sus familiares quieren respuestas a preguntas que los han estado persiguiendo. En el proceso de reunirse, la ira se convierte en compasión. Las investigaciones también muestran que la mayoría de los delincuentes no vuelven a la delincuencia después de un proceso de justicia restaurativa, en comparación con los procedimientos retributivos actuales que indican una tasa de reincidencia del 66% a 70% en Estados Unidos.

El Papa Francisco nos exhorta: “¡Cada uno de nosotros está llamado a ser un artesano de la paz, uniendo y no dividiendo, extinguiendo el odio y no conservándolo, abriendo las sendas del diálogo y no levantando nuevos muros!”
¡Que podamos aceptar el reto!

Foto principal: La Misionera Laica Maryknoll Joanne Blaney en las afueras del Centro de Derechos Humanos y Educación Popular de São Paulo, Brasil. Sean Sprague/Brasil

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