Programa de Maryknoll celebra 25 años de tutoría a líderes de la Iglesia de China

 

Como director espiritual en China, el Padre Joseph Su solía decirle a la gente lo que debía hacer para ser santos. “Ahora”, dice. “Voy a aceptarlos como personas, acompañarlos y dejar que Dios los guíe”.

Ese nuevo enfoque de su ministerio, según él, ha surgido no sólo debido a los cursos que está tomando para su maestría en dirección espiritual en la Universidad Fordham en el Bronx, Nueva York, sino también debido al ejemplo de los misioneros Maryknoll que han sido sus tutores a través del proyecto para educadores y formadores de China. El Padre Su es uno de 24 sacerdotes y Hermanas chinos que están estudiando en universidades católicas de Estados Unidos para obtener títulos avanzados, a través del proyecto patrocinado por la Sociedad Maryknoll, diseñado para ayudar a estos estudiantes a que brinden un mejor servicio a sus pueblos. “Estamos ayudando a formar misioneros para su propio país”, dice el Padre Maryknoll Timothy Kilkelly, coordinador del proyecto que está celebrando su 25 aniversario.

While studying at Catholic University of America, Father John Chen concelebrated Mass with Pope Francis in Philadelphia last year (Courtesy of J. Chen/U.S.)

Mientras estudiaba en Catholic University of America, el Padre John Chen, concelebró la Misa con el Papa Francisco en Filadelfia, el año pasado. Cortesía de Padre John Chen.

El proyecto nació de la necesidad de tener líderes de la Iglesia bien entrenados cuando China emergió en la década de 1980 después de 30 años de represión religiosa tras la toma del poder por un gobierno comunista en 1949. Con el apoyo de los obispos chinos, el Padre Maryknoll Lawrence Flynn trajo a los primeros cuatro seminaristas chinos a estudiar en Estados Unidos en 1991. (Ver recuadro, página 16.) Desde entonces, 137 líderes de la Iglesia china han pasado por el proyecto y regresado a su tierra natal para avivar la fe como profesores de seminarios, superiores de comunidades religiosas y agentes de pastoral. Cinco de los graduados han sido nombrados obispos por la Santa Sede.

“El catolicismo siempre será una pequeña minoría en un país con más de mil millones de personas, pero estos líderes puede ser levadura como testigos de los valores morales y éticos del Evangelio”, dice la Hermana Maryknoll Janet Carroll, consultor para el proyecto de China.

Para ser aceptados para el proyecto, los estudiantes deben ser recomendados por sus obispos o superiores religiosos, dice el padre Kilkelly. Explica que si bien varios laicos han pasado por el proyecto, encontrar posiciones ministeriales en su país de origen que les permitan mantenerse a sí mismos y a sus familias ha sido un desafío. Pero mantiene las esperanzas que el papel de los laicos en la Iglesia en China está creciendo.

El Padre Kilkelly viaja dos veces al año a China para conocer a los candidatos del proyecto. “Busco personas que tienen un espíritu misionero y quieren poner sus estudios al servicio de la Iglesia”, dice.

El Padre John Chen es un ejemplo. Después de obtener una maestría en divinidad en teología en el Seminario San Carlos Borromeo en Filadelfia en 1999, regresó a su diócesis en Xi’an para enseñar en el seminario mayor. Ahora él está en la Universidad Católica de América en Washington, DC, terminando los estudios de doctorado en teología moral. Cuando regrese a Xi’an, planea centrarse no sólo en la enseñanza de los seminaristas, sino también en el empoderamiento de los laicos. “Voy a ofrecer un curso para que los laicos puedan estudiar teología”, dice. “Quiero desarrollar un curso pre-Cana para quienes se preparen para el matrimonio y un programa de Encuentro Matrimonial”. En China, explica, los matrimonios se ven amenazados por muchas realidades modernas, incluyendo la necesidad de los cónyuges de salir de sus hogares rurales en busca de trabajo en las ciudades.

Después que los estudiantes son aceptados para el Proyecto de China, pasan uno o dos semestres estudiando Inglés antes de comenzar sus estudios de graduados. Inicialmente, los participantes seguían principalmente estudios teológicos y de las Escrituras. “Pero ahora”, dice el padre Kilkelly, “cada vez son más los que acuden e estudiar trabajo social, orientación pastoral y dirección espiritual para responder a las necesidades de sus pueblos”.

Para hacer frente a las nuevas necesidades ministeriales, el Proyecto China ha instituido programas a corto plazo sobre los temas solicitados. Este año, por ejemplo, Maryknoll se asoció con el Instituto de Gerontología Ávila en Germantown, N. Y., para ofrecer un programa de certificación de un mes para cinco Hermanas que han participado en el Proyecto China, quienes trabajan con ancianos en China.

Grupo de religiosas de China que vinieron a estudiar gerontología para servir mejor a sus comunidades en su país. Cortesía de Padre Timothy Kilkelly.

La Hermana María Wang, quien dirige un hogar católico para ancianos con 300 residentes en la provincia de Hebei, dice que el programa Ávila le ha dado nuevos conocimientos sobre cómo ayudar a las personas con demencia, una condición mal entendida en su país. Ella elogia el programa por darle herramientas espirituales y prácticas para su ministerio en un momento en que el envejecimiento es una preocupación importante en China. “Es una tradición para las familias chinas cuidar de sus mayores”, explica. “Ahora, con familias más pequeñas debido a la política de gobierno de ‘un solo niño’ y debido a que las familias viven más apartadas, las personas mayores son a veces dejados solos o tienen que ir a un hogar de ancianos. Esto es muy difícil para la familia y para la persona de edad avanzada”.

Para las personas de una cultura orientada a la familia, el proyecto de educadores y formadores ha sido como un hogar lejos de casa. “Uno de los aspectos que hemos incluido en el proyecto es que dos veces al año traemos nuevamente a los participantes para un seminario y retiro en Maryknoll”, dice el Padre Maryknoll Larry Lewis, asesor y ex coordinador del proyecto. “Los estudiantes se relajan y disfrutan de su mutua compañía. Ellos forman enlaces para apoyarse mutuamente cuando regresen a China”.

Anli Hsu, asistente ejecutiva del proyecto y una nativa de Taiwán, también comparte un vínculo con los participantes a través de su ascendencia china y la fluidez en el idioma mandarín. Ella se encarga de la logística para su estancia en EE.UU., pero dice que su papel más importante es acompañarlos en su viaje, como una madre, reconfortándolos cuando extrañan sus hogares y alegrándose con su crecimiento. “Siento que cada pequeña cosa que hago ayuda a nutrirlos como líderes de la Iglesia,” dice ella.

Estos líderes también están alimentando la Iglesia de EE.UU., dice el Padre Lewis. “Nuestras universidades están felices de recibirlos”, dice. “No sólo son muy trabajadores, sino también fuertes testigos de la fe. Muchos de ellos son de familias que arriesgaron sus vidas para mantener viva su fe durante los años de la represión”.

A medida que el Proyecto para educadores y formadores de China cumple 25 años, el padre Raymond Finch, superior general de los Padres y Hermanos Maryknoll, dice: “Hemos tenido una oportunidad única para asociarnos con el liderazgo de la Iglesia católica en China para ayudar a formar la próxima generación de líderes de la Iglesia china y para ayudarles a experimentar la Iglesia Católica en Estados Unidos”.

El Padre Lewis espera con interés el día en que este proyecto haya logrado su objetivo. “Espero que la Iglesia en China crezca de una manera tan fuerte que ya no nos necesite como mentores”, dice, “pero siempre vamos a ser amigos”.

Foto principal: El Padre Maryknoll Timothy Kilkelly, (3ro desde dcha.) y Anli Hsu (blusa roja) dan la bienvenida a (de a izq. a dcha.) Padres Tony Ren y Paul Xu, Hermana Judith Zhang, Padre Jospeh Su y Hermana Jean Qi. Diane Mastrogiulio/Nueva York.
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