Hermano Maryknoll recuerda su vida misionera mientras ora por vocaciones

 

El Hermano Maryknoll Andrew Marsolek me invita entusiasmado a su pequeña habitación en la sede central de la Sociedad Maryknoll para mostrarme algunas de sus posesiones más preciadas: cañas de pescar, cuernos colgados en la pared de venados que cazó en su juventud, y cientos de fotografías que narran su vida misionera; entre ellas, una que tomó en 1970 cuando el Obispo James Edward Walsh—uno de tres sacerdotes que iniciaron la primera misión de Maryknoll en China en 1918—retornó a Estados Unidos después de haber pasado 12 años en una prisión del gobierno comunista de Mao Zedong.

“Tengo 79 y ya llegando a los 80. En mi mente me siento como de 30, pero le tengo respeto a mi edad”, dice el Hemano Andy, como es conocido. Él está contento porque es la primera vez que se escribirá un perfil de su vida misionera para Revista Maryknoll y quiere compartir su legado con la esperanza de que jóvenes católicos descubran lo que es la vocación de un Hermano religioso y vayan por el mundo a servir como misioneros Maryknoll.

El Hermano Andy en un día de pesca con amigos en Wisconsin.

La Sociedad Maryknoll pasa un momento difícil en las vocaciones para la Hermandad, dice Marsolek. Él es uno de 40 Hermanos Maryknoll, cuya edad promedio es de 78 años.

Las vocaciones a la Hermandad también se han visto reducidas a nivel nacional. De acuerdo a un reporte del Center for Applied Research in the Apostolate, publicado hace dos años, el número de Hermanos religiosos en Estados Unidos disminuyó de 12,271 en 1965 a 4,318 en el 2014.

Durante su época de servicio en U.S. Navy.

Con fe en que habrá un resurgimiento de tales vocaciones, que se enfocan en la oración y el trabajo, el Hermano Andy continúa viviendo su propio llamado. “El momento más importante de cada día para mí es asistir a Misa”, dice él. Así ha sido desde que juró sus votos finales como Hermano Maryknoll en 1969, comprometiéndose a una vida de celibato y obediencia a la Sociedad.

Aunque está oficialmente retirado, el Hermano Andy permanece activo como misionero, principalmente realizando la obra corporal de misericordia de visitar a los enfermos. Cada lunes, él recorre los pasillos del Phelps Memorial Hospital en Sleepy Hollow, Nueva York, para rezar con y llevarles la Eucaristía a los pacientes. Cada primer viernes, visita a tres familias confinadas en sus hogares.

Con su madre, Francisca Marsolek, el día que tomó sus primeros votos en 1962.

Visita los hogares en su auto nuevo, un pequeño sedan híbrido que compró ahorrando por años el pequeño estipendio mensual que recibe de la Sociedad Maryknoll. “He manejado carros muy viejos por muchos años”, dice sonriendo, “por eso ahora, me gusta este”.

El Hermano Andy también ocupa sus días en retiro misionero contribuyendo al trabajo pastoral de la Iglesia San Agustín, en Ossining; y tomando fotografías para Maryknoll News, el informativo interno de los miembros de la Sociedad; y para otros eventos en Maryknoll. Es además miembro activo de American Legion y de Knights of Columbus. “Oh, y voy al gimnasio tres veces por semana”, dice.

Andrew Marsolek, quien nació el 27 de octubre de 1936 en Independence, Wisconsin, se autodescribe como un “polaco americano de tercera generación, un chico que creció sin la presencia de su padre, un joven que sirvió en el U.S. Navy (Marina de Guerra) y luego dedicó su vida en servicio como Hermano Maryknoll”.

Ministrando a una mujer maya en Mérida, Yucatán, México.

Él elogia a su hermano Everett, 12 años mayor que él, como su figura paterna: “Él se enlistó en la Marina, así que cuando yo crecí también me uní a la Marina. Él era pescador y yo también me volví uno”, dice el Hermano Andy, cuyos padres se separaron cuando él tenía 6 años de edad. Su madre, trabajó muy duro, dice el Hermano Andy, para sostenerlo y enviarlo a una escuela católica.

Las Hermanas de San José que enseñaban en la escuela San Pedro y San Pablo, dice, inspiraron su interés inicial en convertirse en un Hermano; pero cuando un amigo compartió con él la percepción equivocada de que los Hermanos sólo limpiaban los pisos y hacían otras tareas domésticas, el futuro Hermano dejó de lado su vocación por unos años.

Durante la visita que organizó a Acapulco para familias pobres de Ciudad de México que nunca habían tenido vacaciones.

Mientras tanto, en su habitación en Maryknoll, el Hermano misionero continúa mostrando sus preciados momentos: música del virtuoso compositor polaco Frederic Chopin; recuerdos que trajo de sus 30 años de misión en México; fotos familiares y de su época de servicio militar; la foto de un róbalo rayado de 17 libras que pescó en el Río Hudson; otra con 13 venados que él y un grupo de amigos cazaron en un exitoso día de caza en Wisconsin; y un dibujo sombreado de Don Quijote y Sancho Panza que compró en un mercado de pulgas.

Tomar fotografías se convirtió en su pasatiempo desde la secundaria, cuando tomó las fotografías para el álbum de recuerdos de su promoción. Esa habilidad, fue útil cuando sirvió en la Marina, y luego cuando se unió a Maryknoll—trabajó en el laboratorio de fotografía de la Sociedad—donde, después de llevar cursos en el Instituto Nacional de Fotografía y en la Escuela de Artes Visuales—fue uno de los fotógrafos de las revistas de Maryknoll.

Ministrando a pacientes de Phelps Memorial Hospital en Sleepy Hollow, Nueva York.

Poco después de ingresar como candidato a Maryknoll en 1960, decidió reencontrarse con su padre: “Mi padre y yo nos perdonamos cualquier cosa que pasó; y todo quedó reparado”, dice.

Después que estudió español en Bolivia, el Hermano Andy inició su asignación misionera en México en 1973, en San Juan de Aragón, un área pobre cerca al aeropuerto en la Ciudad Capital de México. Allí, realizó trabajo pastoral, trabajó con el Movimiento Familiar Cristiano y coordinó la construcción de una capilla en otro distrito cercano que carecía de servicios pastorales.

Es extensa la cantidad de lugares que visitó, la cantidad de amigos que forjó y las bendiciones que recibió ofreciendo su presencia en servicio al pueblo mexicano durante sus 30 años misioneros. Con orgullo destaca que uno de los monaguillos de su parroquia, Gilberto Rodriguez Tapia, se convertió en sacerdote diocesano, y su hermano Miguel, se convirtió en un doctor. El Hermano Andy también recuerda de manera especial un viaje que organizó y ayudó a financiar para que las familias pobres de su parroquia, quienes nunca habían tenido un viaje de vacaciones debido a sus escasos recursos, pudieran conocer el balneario de Acapulco.

“Cuando discernía mi vocación como Hermano misionero, fue significativo para mí saber la historia del Hermano Andy”, dice su compañero Hermano Maryknoll Wayne Fitzpatrick. “Los valores del Evangelio que aprendió en Wisconsin fueron significativos para su misión. Él fue un Hermano para el pueblo de México”.

En el 40 aniversario del Hermano Andy como Hermano Maryknoll, Moisés Sandoval, director fundador de Revista Maryknoll, escribió esto sobre su amigo: “Es un misionero de gran energía y entusiasmo. Su humildad, autenticidad y sencillez de carácter, hace que todo el mundo que lo conoce lo quiera… Siempre sociable y alegre, parece estar lleno de admiración por el bien que él ve en la vida y en las personas. La palabra más común en su vocabulario es ‘¡Wow!’”.

Foto principal: El Hermano Maryknoll Andrew Marsolek saluda al Papa Juan Pablo II, durante una visita que hizo a Roma en 1988.  L’Osservatore Romano

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