Acompañando a las familias más pobres

Tiempo de lectura: 3 minutos
Por: Padre Alejandro Marina
Fecha de Publicación: Ene 1, 2017

La vida misionera nos brinda experiencias que se transforman en historias de vida y sanación, como el testimonio de la pedagoga Carla Bazoalto, una de las formadoras del Centro Misionero Maryknoll en América Latina (CMMAL), en su acompañamiento a comunidades marginadas de Bolivia.

En su voluntariado, ella sigue la invitación del Papa Francisco a ser “una Iglesia en salida a las periferias”.

Por Padre Alejandro Marina

Por Padre Alejandro Marina

Motivada por una inquietud misionera personal, Carla decidió brindar acompañamiento a los padres de familia en un proyecto educativo, llamado Apoyo Escolar, en la Parroquia Santa Vera Cruz, a unos 20 km al sur de la Ciudad de Cochabamba. Apoyo Escolar es un proyecto animado por los Padres Maryknoll, que busca fortalecer el aprendizaje de niños y niñas, brindándoles una nutrición saludable y ayudándolos en sus tareas escolares. Después de ir a la escuela regular, los niños van a los tres centros de Apoyo Escolar de la parroquia donde se quedan hasta que sus padres regresan de sus trabajos. Todas las familias del programa han migrado a la ciudad de áreas rurales y son muy pobres.

Cuando Bazoalto fue a Apoyo Escolar, supo que los padres de los niños necesitaban ayuda para aprender cómo educar a sus hijos. El contacto con la realidad le permitió descubrir que la problemática del aprendizaje en los niños era algo complejo debido a que muchos niños viven con una madre sola o están al cuidado de una abuela o pariente debido a la migración de ambos padres; que algunos niños sufren violencia dentro de la familia; y que otros pasan mucho tiempo solos, debido a que sus padres salen a trabajar. Además, fue alarmante, dice, “constatar que en siguen habiendo mujeres analfabetas y con muchas necesidades, por ejemplo, acerca de la violencia contra la mujer. Uno puede saber estadísticas sobre los feminicidios… pero [es diferente conocer a los] niños que viven esa realidad en sus familias y lo cuentan en las aulas”.

¿Cómo ayudar a mejorar el rendimiento escolar de estos niños sin atender a esa otra realidad?

Apoyo Escolar da una respuesta a la necesidad de más 100 familias marginadas. Para los padres, dice Carla, “estos lugares significan un refugio para sus hijos”, y para ella, un espacio donde conocer las potencialidades de los padres porque, “a pesar de sus necesidades, luchan para que sus hijos salgan adelante en la vida”.

Tomar contacto con los pueblos marginados, explica Carla, nos ayuda a replantearnos los desafíos misioneros. Ella describe tres etapas de su aprendizaje en el acompañamiento de las familias, que a su vez, son claves para toda acción misionera: “Conocer la realidad de la gente; tomar contacto con las problemásticas y luchas cotidianas, y dejarse enseñar por la sabiduría de la gente”.

Al principio, se acercaron pocas madres y apenas hablaban en las reuniones, explica Carla. Pero con los meses fue aumentando la presencia y poco a poco comenzaron a compartir sus problemas, sufrimientos, sueños y deseos para sus hijos. Poco a poco también se fueron acercando los papás, no solamente asistiendo a las reuniones sino acompañando a sus hijos hasta el Apoyo y jugando con ellos antes de comenzar las clases. Las docentes, por su parte, recibieron capacitación para entender y lidiar con esta realidad. Es increíble ver cómo los niños superan sus dificultades de aprendizaje cuando el ambiente familiar mejora y se sienten queridos por quienes los cuidan cada día. Muchas de las madres colaboran con la elaboración de los alimentos para el programa y algunas han manifestado su deseo de aprender a leer y escribir para poder ayudar a sus hijos en las tareas escolares.

Propiciar la transformación de un sistema que excluye a los más pobres, soñar con una Iglesia misionera comprometida con los que habitan las periferias existenciales, sanar heridas y reconciliar historias son tres de los desafíos irrenunciables de quienes nos decimos y somos Iglesia misionera. La sabiduría de acompañar procesos es clave en esta transformación misionera de toda la Iglesia. Implica, como lo hace Carla, a las periferias para estar al lado de los otros, caminar con ellos, sostenerlos en los momentos difíciles, animarlos a seguir adelante y confiar que el Dios rico en misericordia nos ilumina para encontrar nuevas opciones y caminos para ser Iglesia misionera.

Para mayor información: WWW.CMMALBOLIVIA.ORG

 

maryknoll-icon-grey
 

Sobre la autora/or

Padre Alejandro Marina

Nacido en Buenos Aires, Argentina, el Padre Maryknoll Alejandro Marina fue ordenado sacerdote en 1993 en la Diócesis de San Isidro. Fue director de misiones en su diócesis y, como parte de dicho trabajo, fue enviado como misionero a Holguín, Cuba, por cuatro años. Es Licenciado en Teología Dogmática y se ha especializado en el área de la Misionología. Actualmente es el director del centro y residencia Maryknoll en Cochabamba, Bolivia, y coordinador del Programa de entrenamiento en el extranjero (OTP) para candidatos a hermanos y padres Maryknoll.

Ediciones Archivadas