Trabajadores por la paz católicos se reúnen en conferencia internacional en Roma para compartir historias de sus esfuerzos

 

El Papa Francisco ha descrito este momento de la historia como “una guerra mundial en partes”. De acuerdo con el Índice Global de Paz 2016, la última década ha visto un descenso histórico en la paz mundial. El terrorismo está en su punto más alto y las muertes en batalla por conflictos están en su nivel más alto en 25 años. El número de refugiados y desplazados ha alcanzado un nivel de crisis que no se ve en 60 años.

¿Cómo podemos construir la paz?

El pasado abril nuestra Oficina Maryknoll para Asuntos Globales ayudó a organizar una conferencia histórica en Roma, llamada “Nonviolence and Just Peace” para reunir y aprender de los principales constructores de la paz católicos de todo el mundo. Fue patrocinada por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz y Pax Christi Internacional. Como director de la Oficina Maryknoll para Asuntos Globales en Washington, DC, tuve el privilegio de ayudar a planificar la conferencia junto con nuestra es directora, Marie Dennis, ahora co-presidenta de Pax Christi Internacional.

En Roma, me reuní con más de 80 líderes religiosos y laicos, sacerdotes y obispos de 31 países diferentes—incluyendo a misioneros y ex misioneros Maryknooll—quienes compartieron sus experiencias personales en la práctica de la no violencia activa, a menudo en situaciones de guerra y violencia extrema, y frecuentemente durante muchos años de sufrimiento. Escuché historias de increíble valor y profunda espiritualidad. En un mensaje personal, el Papa Francisco nos animó, reconociendo que “es realmente una tarea formidable trabajar por la paz, viviendo la práctica de la no violencia”.

La conferencia fue diseñada para permitir que los participantes compartan sus historias. Ya sea una Hermana Dominicana ministrando en un territorio controlado por el Estado Islámico-en Irak, un obispo liderando la Iglesia en el asolado por la guerra Sudán del Sur, o una misionera laica trabajando por la paz en Afganistán, los participantes describieron varias veces el poder de la no violencia—del amor en acción. Cada persona describió la no violencia en términos de sus esfuerzos para crear un espacio en el que puedan darse el diálogo y la reconciliación, al mismo tiempo que se realiza una acción para prevenir, calmar y curar el daño de un conflicto violento.

Artesanos de la paz

El presidente de Colombia, Manuel Santos (izq.), recibió el Premio Nobel de la Paz.

La conferencia fue diseñada para permitir que los participantes compartan sus historias. Ya sea una Hermana Dominicana ministrando en un territorio controlado por el Estado Islámico-en Irak, un obispo liderando la Iglesia en el asolado por la guerra Sudán del Sur, o una misionera laica trabajando por la paz en Afganistán, los participantes describieron varias veces el poder de la no violencia—del amor en acción. Cada persona describió la no violencia en términos de sus esfuerzos para crear un espacio en el que puedan darse el diálogo y la reconciliación, al mismo tiempo que se realiza una acción para prevenir, calmar y curar el daño de un conflicto violento.

En ninguna parte fue el poder de la no violencia mejor ilustrado que en el testimonio de del sacerdote jesuita Francisco de Roux, quien habló de sus 14 años de trabajo de construcción de la paz en una zona de guerra en Colombia, esfuerzos que contribuyeron a los históricos acuerdos de paz entre las FARC y el gobierno después de 50 años de conflicto, y que resultaron en la entrega del Premio Nobel de la Paz para el presidente de Colombia Juan Manuel Santos.

“Entendimos que la paz de Jesús va de la mano con la oposición inevitable y la violencia”, dijo el Padre de Roux, explicando que en el curso de sus esfuerzos 24 miembros del equipo fueron asesinados por los paramilitares y tres muertos por la guerrilla. “Sin embargo, seguimos buscando la paz … hablando con la guerrilla, los paramilitares y el ejército, tratando de demostrar que había una manera de trabajar juntos, si tomábamos el riesgo de abrirnos a la dignidad humana, presente en todos y cada uno de nosotros”.

Cuando los votantes de Colombia rechazaron el acuerdo de paz el pasado otoño, el Padre de Roux dijo que no había perdido la esperanza de conseguir la paz. “El resultado de la consulta puede ser el camino que nos lleve a superar lo más profundo de nuestros problemas—es decir nosotros mismos”, dijo. “Este es el momento de escucharse unos a otros … aceptar nuestras diferencias, para examinar desde todos los puntos de vista, ¿qué es lo que cada persona debe cambiar para que todos podamos vivir con una dignidad y paz que traigan bienestar a todos mujeres, hombres y niños”.

El Padre de Roux concluyó, “Vamos a mantener e intensificar el entusiasmo con que nos damos a la causa de la paz, pero lo haremos mediante la incorporación de otros, aceptando sus diferentes formas de entender, escuchando sus argumentos, miedos y enojos, y siendo los seres humanos que somos”.

La respuesta del Padre de Roux me hizo pensar en nuestra situación aquí en Estados Unidos: la retórica violenta y amenazante en nuestra política, las animosidades y el miedo al otro, la inseguridad y la pérdida de la fe en nuestras instituciones. Si bien no tenemos una guerra civil de 50, nuestro país está en una desesperada necesidad de reconciliación y diálogo respetuoso, dice el Padre de Roux.

Al aprender de gente valiente como el Padre de Roux, podemos transformar los conflictos a través de la no violencia, no sólo como una táctica, sino como una forma de vida, y como cristianos, con un compromiso de fe en el bien común.

Los misioneros de Maryknoll en todo el mundo participan en la no violencia en su nivel más esencial: acompañando a las comunidades de fe durante muchos años, mientras se enfrentan y transforman las situaciones de violencia e injusticia.

En El Salvador, por ejemplo, el Misionero Laico Maryknoll Larry Parr conduce una iniciativa comunitaria denominada “Jugar por la Paz”, que se centra en prevenir que la juventud empobrecida se una a grupos violentos que han causado que el país cuente con una de las tasas de homicidios más altas del mundo. El programa ofrece lugares seguros para jugar, organiza equipos de fútbol y recluta a adultos locales para modelar la resolución de conflictos y habilidades de liderazgo.

En Bangladesh los Padres Maryknoll William McIntire y Robert McCahill brindan testimonio de la no violencia del Evangelio en una cultura no cristiana. Al reflexionar sobre sus años de acompañamiento a las comunidades musulmanas pobres, donde a menudo es el único cristiano, el Padre McCahill dice: “El mundo tendrá paz sólo cuando haya paz entre las religiones. Servir a los pobres y vivir con ellos es construir la paz paz”.

Artesanos de la paz

Desplazados que huyen de la violencia en Irak caminan a la frontera con Siria.

En Zimbabwe la Hermana Maryknoll Janice McLaughlin acompaña a las personas en su resistencia no violenta a un régimen dictatorial. En Filipinas Afiliado Maryknoll Fred Goddard y el ex misionero laico Maryknoll Chris Vertucci contribuyen en la formación de activistas de base en la no violencia creativa, en un momento en el que ocurren abusos masivos contra los derechos humanos y ejecuciones extrajudiciales.

Estos misioneros de Maryknoll estarían de acuerdo con el Papa Francisco cuando el septiembre pasado dijo en una reunión de constructores de la paz en Asís: “Nada se pierde cuando entramos en diálogo con eficacia. Nada es imposible si nos volvemos a Dios en la oración. Todo el mundo puede ser un artesano de la paz”.

A medida que los participantes en la Conferencia de la No Violencia y la Paz Justa en Roma se preparaban para regresar a casa a reanudar el trabajo de construcción de la paz, expresaron un llamado a los católicos de todo el mundo: “Ha llegado el momento de que nuestra iglesia sea un testimonio vivo y que invierta muchos más recursos humanos y financieros en la promoción de una espiritualidad y en la práctica de la no violencia activa; y en la formación y capacitación de las comunidades católicas en las prácticas no violentas. En todo esto, Jesús es nuestra inspiración y modelo”.

 

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