Obispo Ricardo Ramírez escribe libro sobre el futuro hispano en la Iglesia de Estados Unidos

 

El Obispo Ricardo Ramírez, obispo emérito de la Diócesis de Las Cruces, Nuevo México, es uno de esos pastores, inmerso en la realidad cotidiana, las preocupaciones y las esperanzas de su pueblo, a quien el Papa Francisco elogia por tener “el olor de las ovejas”. Su nuevo libro, Power from the Margins: The Emergence of the Latino in the Church and in Society, se basa en la experiencia de toda una vida para compartir las riquezas y regalos, así como los retos de su pueblo.

El Obispo Ramírez nació y se crió en Bay City, Texas, donde la comunidad mexicana oraba “dentro de un abandonado y viejo vagón de ferrocarril”, ya que los feligreses anglos en el otro lado de la ciudad “no querían mexicanos alrededor”. Su vida fue marcada por tales recuerdos de marginación y carencia de oportunidades. Y sin embargo, el impacto más profundo vino de los fuertes lazos de familia, el ejemplo de trabajo duro y la fe viva de sus abuelos y otros parientes y tutores. Ellos le inculcaron una sed de conocimiento y el deseo de devolverle algo a su comunidad. Él escribe conmovedoramente sobre sus luchas como seminarista en la orden Basiliana para abrazar su identidad mestiza—que reconoce los dos dones de su herencia mexicana-estadounidense. Esa identidad se puso a prueba aún más en los años que pasó viviendo y ministrando entre los pobres de México, antes de su regreso como sacerdote y más tarde como obispo de Nuevo México.

El obispo Ramírez con nuevos diáconos permanentes para la Diócesis de Las Cruces, Nuevo México.

El obispo Ramírez con nuevos diáconos permanentes para la Diócesis de Las Cruces, Nuevo México.

En capítulos sucesivos, él combina datos históricos, análisis social, reflexiones espirituales, y narrativas personales, para representar la realidad contemporánea latina en la iglesia y la sociedad. Entre los temas que cubre se encuentran el papel de la familia, el desafío de la transmisión de la fe, la promesa de la juventud, el papel de la educación, las responsabilidades de la ciudadanía fiel, y el tema de la inmigración. En última instancia, él escribe como pastor, que ofrece consejos prácticos, ya sea sobre la importancia de compartir comidas en familia, el fomento del ministerio laico, alcance a aquellos que se han alejado de la iglesia, y la descripción de la diferencia entre una parroquia “impulsada por la misión” y una enfocada simplemente en “mantenimiento”. En todo momento, pone especial énfasis en la importancia de la pastoral juvenil, señalando: “el futuro de la religión católica en los Estados Unidos se basa en gran medida en la capacidad de la iglesia para atraer y retener a los jóvenes latinos. Esa tarea se inicia en la parroquia”.

En temas sociales, él traza el ejemplo de activistas latinos en la promoción de los derechos civiles, la justicia social y las oportunidades de educación, además de ofrecer una evaluación penetrante de un sistema de “inmigración que no funciona”. Sobre la base de la posición de los Obispos Católicos de Estados Unidos, él presenta una reflexión bíblica sobre la importancia de la hospitalidad y “acoger al extranjero”, mostrando las contribuciones que los inmigrantes hacen al enriquecimiento de nuestra sociedad, y pide un camino a la ciudadanía. “Cuando nuestra iglesia y nuestro país y reciben inmigrantes y da la bienvenida a los refugiados, somos bendecidos”.

Después de abordar estas cuestiones pastorales y sociales, el Obispo Ramírez se enfoca en la fe de la Iglesia latina, incluyendo expresiones de la religiosidad popular: el papel de los santos, peregrinaciones, y la devoción a María, en particular para los mexicano-americanos, a la Virgen de Guadalupe. Cada uno de los capítulos de su libro comienzan con una historia personal—muchos de ellos de sus recuerdos de la infancia sobre tales devociones. Se acuerda de la novena anual a la Virgen de Guadalupe de su tía Petra—con velas y oraciones en la oscuridad—que implantan en él un sentido de la grandeza de Dios y marcan el comienzo de su vocación cristiana. Se acuerda de su abuela, que murió cantando, “Al cielo, Al cielo, Al cielo quiero ir”.

La Virgen de Guadalupe es en muchos aspectos, una referencia central a las reflexiones del obispo Ramírez. Ella representa, por medio de María, la afirmación de Dios por los pobres y humildes, todos aquellos en los márgenes. En Guadalupe, la Virgen eligió a un pobre indio para entregar un mensaje al obispo. Ella es la madre de un pueblo mestizo, un signo de curación y consuelo, y un recordatorio de cómo Dios llega a las personas a través de su cultura particular. “En lugar de alejar a la gente de los desafíos de la vida real, tales como las realidades sociales y económicas”, dice el” Obispo Ramírez, esas devociones populares “pueden contribuir enormemente a unir a las personas en su lucha por la justicia y la libertad”.

 

“Cuando nuestra Iglesia y nuestro país reciben inmigrantes y da la bienvenida a los refugiados, somos bendecidos”.

El Obispo Ramírez cuenta la historia de cómo él le dio a su madre una pintura de la Virgen, representada como una mujer japonesa. Su madre miró con curiosidad a la imagen: “¿Quién es?
“Le dije: ‘Es la Virgen.’

“Ella respondió: “¡No se ve como la Virgen!”

Él trató de explicarle que la Virgen aparece a la gente en todo el mundo con la aparición de la gente de allí, ya sea francés, portugués o japonés. Después de todo, María era una mujer judía, nacida en Galilea. En ese momento su madre se indignó.

“¿Es eso lo que te están enseñando en el seminario? Todo el mundo sabe que ella es mexicana, ¡Nuestra Señora de Guadalupe!”

Preparándose para llevar, con su tía, rosas para la Virgen de Guadalupe, después de una Misa.

Preparándose para llevar, con su tía, rosas para la Virgen de Guadalupe, después de una Misa.

Para las personas como su madre, los feligreses en Nuevo México, o los fieles a los que sirve en México, el obispo reflexionó, “el mundo de lo sagrado no está lejos de ellos”. Esta fe es uno de los dones de la Iglesia latina, una regalo que el Obispo Ramírez se determina a celebrar y honrar, y un regalo que él desea compartir con la iglesia en general en Estados Unidos y más allá. Es un deseo que comparte con el Papa Francisco, cuya convocatoria de la iglesia de “ir a los márgenes, a las periferias”, inspira el título de este libro.

El último capítulo, apropiadamente, se titula “El Efecto Francisco en los latinos”. En primer lugar, reconoce el entusiasmo de los latinos en Estados Unidos por un Papa de habla hispana, que proviene de América Latina, y que profesa una profunda devoción a la Virgen de Guadalupe. “Los latinos dicen fácilmente y con verdad: ‘¡Él es uno de nosotros!’” Pero esta identificación va más allá del orgullo étnico. Los latinos de Estados Unidos se ven reflejados en la auto identificación del Papa como hijo de inmigrantes; reconocen su aprecio por la devoción popular, su reconocimiento por la “teología de la gente”, y su llamado a una “Iglesia pobre y para los pobres”. El Obispo Ramírez fue delegado en la asamblea de 2007 de los obispos latinoamericanos en Aparecida, donde el entonces cardenal Jorge Bergoglio llamó a la iglesia para formar comunidades de “discípulos misioneros”—una frase que ahora se ha convertido en una clave de su agenda para la iglesia. Eso también describe la visión del obispo Ramírez por la Iglesia latina.

En los cambios demográficos de la iglesia de Estados Unidos, el gran pueblo que vive los márgenes, se está dando cuenta que hay poder desde los márgenes. Aunque acosado por desafíos y obstáculos, los latinos en Estados Unidos tienen sus historias, sus tradiciones, su fe, y tantos otros regalos para compartir.

El Obispo Ramírez recuerda la influencia en su juventud del señor Antonio Acosta, el sacristán de la parroquia, y un hombre de influencia en su comunidad. Cuando Ramírez fue a la universidad, Acosta le dijo: “Estoy feliz que vayas a estudiar para que puedas volver y ayudarnos”. De hecho, él nunca volvió a Bay City, y desde hace algunos años, después de convertirse en sacerdote, sintió que no había estado a la altura de las esperanzas del anciano. Pero cuando se reunió con él de nuevo, el señor Acosta le aseguró, “No sabes lo mucho que ya nos has ayudado”. El cumplimiento de ese compromiso continúa con este libro inspirador.

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