Un sacerdote y una misionera laica Maryknoll ministran a las personas de edad avanzada en Camboya.

|| Texto y fotos por Sean Sprague

San Sophanna se sienta en el suelo, con las piernas cruzadas, haciendo un tapete con retazos viejos recogidos de un centro de reciclaje. La mujer de 70 años de edad, necesita todo el día para hacer el simple tapete que será vendido por 1 dólar. Ella está en un buen lugar ahora, pero los cambios turbulentos que vio en su país afectaron su vida. Ella creció en la década de 1960, cuando Camboya era un reino pacífico. “No éramos ricos, pero vivir era fácil”, dice ella.

La situación se deterioró durante la década de 1970, cuando el Khmer Rouge esclavizó y mató a más de un millón de personas. Aunque el régimen fue derrotado y Camboya se recuperó gradualmente, ahora convirtiéndose en una economía en auge en Asia, muchas personas pobres todavía están luchando para ponerse al día.

Los ancianos, en particular, todavía llevan las cicatrices de esos años difíciles. Los soldados jemeres rojos mataron al esposo y dos de los tres hijos de Sophanna. Ella nunca se encontró a su tercer hijo. En la actualidad vive y trabaja en el taller de costura con otra mujer de edad avanzada, Bun Sokhen, 65. Sin familias, ambas mujeres se acompañan una a la otra y viven felices. También son beneficiarias de un proyecto de Maryknoll, que proporciona a los ancianos asistencia de salud, comidas calientes e incluso ayuda con un techo sobre sus cabezas en la zona marginal donde viven, Anlong Kngan, a las afueras de Phnom Penh.

Maryknoll Lay Missioner in Cambodia

La Misionera Laica Maryknoll Dee Dungy (izq.) inició el proyecto para ayudar a ancianos en una barriada en las afueras de Phnom Penh.

El Padre Maryknoll Robert Wynne también vive en esa llanura polvorienta donde las personas fueron reubicadas a la fuerza en 2001. Un incendio de origen sospechoso los sacó de su barrio pobre de la ciudad, listo para desarrollo de vivienda de gran escala. Casi 13,000 personas pobres fueron desalojadas y reubicados en Anlong Kngan, un antiguo campo de arroz sin agua corriente, electricidad o carreteras. Abandonados, tuvieron que levantar sus propias chozas y valerse por sí mismos. Aunque siguen siendo pobre, ahora las cosas han mejorado ya que hay agua, luz, asfalto, escuelas, centro de salud y el polifacético proyecto de Maryknoll que comenzó el Padre Wynne.

“El énfasis principal en un primer momento era ayudar a las personas con VIH/SIDA. Ahora, gracias al uso de drogas anti-retrovirales asequibles, el SIDA es menos que una emergencia; aunque mantenemos nuestro programa de sensibilización sobre el VIH”, dice el Padre Wynne añadiendo que el proyecto siempre ayudó en la educación de los niños, proporcionando uniformes, libros y un programa de tutoría después de la escuela en la que también reciben alimentos nutritivos cinco veces a la semana. “Recientemente empezamos nuestro programa para ayudar a las personas de edad, con 41 personas que reciben asistencia. Buscamos a los adultos solteros que viven solos y sin ningún tipo de apoyo de su familia”, dice.

A los 78 años, el Padre Wyne es un misionero que a su edad se encuentra saludable y en forma. Criado en Worcester, Massachusetts, sirvió en misión en Hawai por 29 años antes de venir a Camboya en 2006. Con su amplia sonrisa, él es una figura amada en el barrio en desarrollo. Dos veces por semana viaja 12 millas en la parte trasera de una motocicleta a Phnom Penh. Los miércoles, asiste a la reunión de todos los misioneros de Maryknoll que trabajan en Camboya. La siguiente mañana temprano, antes de regresar a Anlong Kngan, celebra la misa con las Misioneras de la Caridad. Los fines de semana, ayuda a proporcionar servicios en inglés para la comunidad católica extranjera que trabaja en Camboya, un país mayoritariamente budista. Además, el Padre Wynne de vez en cuando celebra la Misa con una pequeña comunidad católica vietnamita en Anlong Kngan. Sin embargo, su misión principal es el trabajo social y es ayudado por un personal pagado de camboyanos, algunos de los cuales él ha ayudado para que vayan a la universidad, y por la Misionero Laica Maryknoll Dee Dungy, de Florida, quien fue la responsable de iniciar el proyecto para ancianos.

 Así luce una de las calles en la barriada Anlong Kngan, donde Maryknoll ofrece un ministerio compasivo.

Así luce una de las calles en la barriada Anlong Kngan, donde Maryknoll ofrece un ministerio compasivo.

“Nuestros beneficiarios tienen edades entre 50 y 99. Les damos cirugía de cataratas y lentes si es necesario y les animamos a venir a clases de ejercicios para mantenerse en forma. Les proporcionamos un taller donde pueden hacer tapetes y otras artesanías para generar un ingreso modesto”, dice Dungy.

También salen de excursión y visitan museos, entre ellos el museo de los campos de asesinatos, lo que inevitablemente les trae malos recuerdos. “Cerramos la brecha entre los jóvenes y los ancianos, quienes explican a los jóvenes cómo era vivir durante el horrible régimen de los Jemeres Rojos”, dice la misionera laica.

Dungy también trabaja para contrarrestar el tráfico de personas, otra fase del proyecto de Maryknoll, y se reúne con grupos para convencer a la gente de los peligros de buscar trabajo en el extranjero y la mejor manera de protegerse a sí mismos.

Esta mañana, el Padre Wynne y Dungy caminan por las estrechas calles sinuosas de Anlong Kngan para visitar a los ancianos. Las calles se han actualizado con cemento en los últimos años gracias al apoyo de organizaciones sin fines de lucro, pero las casas siguen oscuras, diminutas y sofocantes cuando el sol brilla sobre los techos de zinc.

Oun Sophat, de 76 años, es sordo, está en silla de ruedas, y perdió a su esposa hace un año. Él es un cristiano evangélico. El Padre Wynne le dio una bendición y un abrazo. Él no puede hablar para contar su historia, pero su radiante sonrisa vale más que mil palabras.

Noun Rosef, de 71 años, vive en una casa de una sola habitación impecablemente limpia, con fotos de ella en las paredes de cuando era joven y se casó. Su más valiosa posesión es una balanza para pesar personas. “Me siento al lado de mi balanza durante unas horas al día. Los transeúntes que quieren saber su peso pagan unos pocos centavos por mi servicio. En un día muy bueno que puedo ganar tanto como $2. ¡No es mucho en verdad, pero el trabajo no es difícil!”, dice sonriendo.

Maryknoll Priest in Cambodia

El Padre Robert Wynne bendice a Oun Saphat, un anciano camboyano, en su hogar.

Otra viuda, Yei Leng, 85 años, vive en una cabaña sin ventanas, que consta de una cama, una cocina minúscula, inodoro y objetos de interés en la pared. Ella es elegante y bien vestida, estuvo casada con un oficial de alto rango del ejército de los Jemeres Rojos. “Durante la época de los Jemeres Rojos, disfrutamos de una vida privilegiada. Ahora, por supuesto, todo esto ha cambiado, soy una viuda de edad avanzada, muy pobre y sola en este barrio, pero me las arreglo con el apoyo de Maryknoll, “dice ella.

 

Kong Hak, de 64 años, es una mujer con una joroba en la espalda: “Nunca me casé y mi vida siempre ha sido difícil. Mis padres y mis tres hermanos fueron asesinados por los jemeres rojos. Es todo lo que puedo hacer, sólo sobrevivir, y en gran medida gracias a la ayuda de Maryknoll”. Su inestable casa de bambú mide alrededor de seis por seis pies, cuelga precariamente sobre una alcantarilla abierta y maloliente, y está protegido de las lluvias por una lámina de hierro corrugado, que proporciona Maryknoll. Dungy se conmovió particularmente por las dificultad de esta mujer y el hecho de que todo lo que tenía para comer era arroz y sal. Parece que se mantiene viva gracias a los alimentos que recibe a través del proyecto y la ayuda a los vecinos. Para visitarla, los misioneros tuvieron que arrastrarse a través de una entrada baja en su casa y en cuclillas en el suelo de rejilla en peligro de caer a las aguas fétidas debajo.

A pesar de que se mantiene joven quizá por el amor y el humor que comparte, el Padre Wynne predice que para cuando cumpla 80 él probablemente se retire y vuelva a Estados Unidos. Pero ahora, él se siente reconfortado por el servicio que Maryknoll está prestando a los ancianos y él sabe que la misión continuará.

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