Un par de meses después de haber llegado a la parroquia Otsu en Shiga, Japón, un sábado bien temprano por la mañana, un hombre vino a verme. Él tocó el timbre y fui a recibirlo. No era miembro de la parroquia o cristiano. Sin embargo, vino a hablar conmigo sobre la petición de su madre de ser bautizada. Su madre vivía en un hogar de ancianos. Su madre, quien fue feligresa por muchos años, nunca fue bautizada, pero ahora quería hacerlo. Él dijo que su madre recordaba la bondad y todas las cosas buenas que las Hermanas, Padres y Hermanos Maryknoll habían hecho en Otsu mientras asistía a la iglesia. Él me pidió que después de bautizar a su madre, él y su esposa también querían bautizarse. Una semana después de la conversación otros tres feligreses y yo fuimos a celebrar el bautismo junto con su familia. Fue una celebración muy feliz y alegre para todos los que estábamos allí.
Roberto Rodríguez, M.M.

Relatos Misionerso, Maryknoll Marzo Abril 2017

Sean Sprague/Tanzania

José, un catequista, su esposa Melania y sus hijos invitaron a mi esposo, Erik, y a mí a su casa en Imaleseko, Tanzania, donde servimos como misioneros laicos Maryknoll. Unos días a la semana, vivimos con ellos mientras asistimos a la comunidad local. Juntos brindamos capacitación catequética de liderazgo y desarrollo a los habitantes de esta remota aldea y lugares cercanos a esta. El agua es recogida en una carreta jalada por bueyes y almacenada en barriles. Las linternas de querosén proporcionan luz en la oscuridad. El día del mercado lo celebramos con caña de azúcar fresca. Es una vida difícil pero buena que compartimos juntos como compañeros de jornada.
Margo Cambier, MKLM

Relatos Misioneros Maryknoll, Marzo Abril 2017

Cortesía del Padre Roberto Rodríguez/Japón

Antes de Navidad, cuando las lecturas en la Misa son del profeta Isaías, las Escrituras cobraron vida para mí aquí en Guatemala, donde sirvo en misión. “Los ojos de los ciegos serán abiertos”, dijo Isaías.

Andrea es una anciana que se mueve por la ciudad a pesar que sus ojos son tan blancos que apenas puede ver. Como no hablo quiché, le pedí a Miguel, un joven profesor, que le dijera que me encantaría llevarla a un examen oftalmológico. Andrea aceptó y preguntó si también podía ir su esposo, Antonio, 76, quien no podía ver nada. Hice las citas en Santa Cruz, a 90 minutos en coche, pero como Andrea no pudo ir, llevé a Antonio y a Miguel, quien también necesitaba un examen de la vista. Antonio caminó con la ayuda de Miguel y un bastón rústico.

La oculista, apropiadamente, se llamaba Luz. El examen demostró que las cataratas de Antonio eran tan viejas y gruesas que el ojo derecho era inoperable, pero una operación en su ojo izquierdo le permitiría al menos ver dónde andaba y qué comía. Estaba extático de tener la oportunidad de ver. Miguel sólo pudo leer las tres primeras líneas de la cartilla para el examen visual. Luz diagnosticó que tenía un astigmatismo tan severo que necesitaba aumentar gradualmente la medida de los lentes.

Una semana después llevé a Andrea. Lamentablemente, sus córneas estaban tan dañadas que poco se podía hacer, excepto aliviarla con gotas. Sin embargo, estaba feliz por la oportunidad de Antonio. Este año esperamos que Antonio experimente la profecía de Isaías y Miguel también.
Bernice Kita, M.M.

Foto principal: Sean Sprague/Guatemala

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