Un proyecto apoyado por Maryknoll da a los invidentes en Perú una oportunidad de ser productivos y autosuficientes

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Por María-Pía Negro Chin • Fotos de Nile Sprague

Hace veintidós años, poco después de mudarse del Cuzco y encontrar un trabajo como minero en Chincha, Perú, una explosión en las minas dañó la vista de Grimaldo Zapata.

Después de muchas cirugías fallidas, él se dio cuenta de que su vida había cambiado para siempre. “Después del accidente, los médicos me decían que iba a recuperar la vista”, recuerda Zapata. “Cuando salí del hospital, no sabía qué hacer. Me hundí en la depresión; era una situación desesperante”.

Intentó rehacer su vida, pero se encontró con una dura realidad. “En Perú, las personas con discapacidad visual a veces no tenemos opción laboral”, dice. Él agrega que esto se debe en parte a la falta de preparación por parte de la sociedad peruana para dar oportunidades a las personas con discapacidades.

Él encontró a un pariente que le dejó quedarse en su casa en Lima a cambio de hacer tareas domésticas. Zapata aprendió a movilizarse alrededor de la casa y durante casi cinco años limpió los pisos y cocinó para sus familiares. Cuando empezó a recibir una pensión de invalidez en el año 2000, Zapata pudo ir al Centro de Rehabilitación de Ciegos de Lima, donde aprendió a caminar con bastón y a hacer artesanías para solventar sus gastos. Posteriormente, se ganó una beca para un curso de técnicas de Shiatzu en el centro. Y esforzándose para aprender esta y otras técnicas de masaje, a menudo obteniendo becas para pagar las costosas clases, se dio cuenta de que esto podría ser una forma de obtener ingresos y ser independiente.

Un día, él trajo una mesa de masajes a una feria y ofreció sus servicios terapéuticos allí. Esto le hizo pensar que este trabajo podría ayudarlo a alimentar a su familia, que ahora incluye a su esposa, quien también es ciega y a quien conoció en el centro de rehabilitación, sus dos hijos y sus suegros. El tener un trabajo honesto para mantener a su familia le hizo sentirse contento consigo mismo y le dio la confianza para abogar por otras personas con discapacidades visuales.

Él trató de proporcionar educación técnica en masoterapia para sus “hermanos y hermanas ciegos, especialmente aquellos que viven en la pobreza” y buscó al Padre Maryknoll Kyungsu Son, quien era capellán en el Hospital María Auxiliadora donde trabajaba un conocido de Zapata.

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Miguel Hernán Gómez Sandoval practica técnicas de masoterapia.

Zapata le dijo al sacerdote que unos 160,000 peruanos son ciegos y casi 600,000 tienen alguna discapacidad visual. Las deficiencias visuales, junto a la falta de recursos financieros y, a veces, la discriminación, comprometen su calidad de vida.

“Le dije que quería fundar un centro de enseñanza para masajistas ciegos, recuerda Zapata. El misionero, quien es oriundo de Corea, aceptó de inmediato y el centro abrió sus puertas en 2013. Se llamó Casa Bartimeo en honor al ciego Bartimeo, que clama por Jesús en el Evangelio de Marcos y que es sanado por su fe e iniciativa.

Gracias a este proyecto, que cuenta con el apoyo de Maryknoll, más de 100 personas con ceguera parcial o total han aprendido cinco estilos de masajes en Casa Bartimeo. Después de un año de formación, los estudiantes obtienen un certificado de la Diócesis de Lurín. La mayoría de los ex alumnos han encontrado trabajo como terapeutas de masaje y generan ingresos para cubrir sus necesidades.
“La idea es que a través de los masajes se integren a la sociedad este grupo de personas de bajos recursos con ceguera total o parcial”, dice Zapata. “El apoyo del Padre Kyungsu es fundamental. Sin ello y sin el apoyo de la hermandad de los Maryknoll quizás este proyecto no estaría en marcha”.

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María Inés Aspielcueta Muñoz, izq., profesora voluntaria, apoya a la estudiante Esther Miranda.

Ubicada en un antiguo convento de las Hermanas Maryknoll en la Parroquia Niño Jesús en el sur de Lima, la Casa Bartimeo ofrece clases en el primer piso del edificio. Dos veces por semana, los estudiantes vienen a clase, caminando con sus bastones, sosteniéndose de los hombros de los demás o siendo guiados por voluntarios. El aula apenas tiene espacio para 10 mesas de masaje y 20 estudiantes, pero los estudiantes están ansiosos por aprender.

“Apenas termine el curso, ya pienso trabajar en esto”, dice el estudiante Miguel Hernán Gómez Sandoval, quien tiene retinosis pigmentaria, una condición congénita que hace que la vista disminuya progresivamente.

Los ex alumnos de Casa Bartimeo que se convirtieron en pequeños empresarios son su inspiración, como María Inés Aspielcueta Muñoz. Ella abrió un negocio de masajes y ha podido sustentar a su familia, al mismo tiempo que mejora la salud de la gente por medio de la masoterapia.

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La quinta promoción de futuros masoterapistas de la Casa Bartimeo, sonríe junto con sus profesores en el jardín del centro de enseñanza de masajes en la Parroquia Niño Jesús en Lima.

“Gracias a Casa Bartimeo yo puedo decir que estoy sobresaliendo como persona en la sociedad”, dice Aspielcueta, quien es profesora auxiliar de Casa Bartimeo. “No es sólo en la capacitación del curso de masoterapia, sino sentir realmente que sí hay personas que sí apuestan por uno”.

Robert Monterrey Melgarejo, un abogado ciego quien ofrece asesoramiento legal y apoyo moral en Casa Bartimeo, llama a este centro un regalo de Dios porque muchos ciegos, dice, “están en condición de abandono, de desamparo social”. Al perder la vista cuando tenía 18 años de edad, él se dio cuenta de las limitaciones y la discriminación que pueden enfrentar las personas ciegas. El llegó a adaptarse a su nueva vida y a estudiar usando braille y un sistema de lectura de voz.

Pronto se dio cuenta de que otros no eran tan afortunados. Antes de venir a Casa Bartimeo, muchos estudiantes estaban desempleados o perdieron sus trabajos al perder la vista debido a una enfermedad o accidentes, dice. Otras personas ciegas habían trabajado como operadores telefónicos pero fueron desplazadas por nuevas tecnologías. Para sobrevivir, algunos vendían caramelos en los semáforos o cantaban en los autobuses, mientras que otros dependían del apoyo de la familia.

“Necesitaban un oficio que satisfaga sus necesidades”, dice Monterrey. “Ahí juega un rol importante la Casa Bartimeo porque los acoge con los brazos abiertos y [además de instrucción en masajes] les brinda asesoría psicológica, social, y charlas espirituales”.

Los estudiantes también desayunan y almuerzan en Casa Bartimeo, gracias a la parroquia y a la Sociedad Maryknoll. Voluntarios y Afiliados Maryknoll les sirven la comida, además de apoyarlos de otros modos.

Los estudiantes de bajos recursos aprenden de los maestros ciegos los conceptos teóricos y prácticos de los sistemas musculares, la estructura ósea humana, la fisiología de los órganos y las articulaciones, así como las terapias corporales. A diferencia de las clases para personas videntes, que pueden aprender técnicas replicando los ejemplos que ven, cada estudiante ciego recibe instrucciones personalizadas sobre cómo localizar y masajear los diferentes tejidos. Cuando se gradúan del curso de masaje, el Obispo Carlos García de la Diócesis de Lurín viene a su graduación y les regala una mesa de masaje a cada terapeuta como herramienta de trabajo.

Los maestros auxiliares, ex alumnos con ceguera parcial o total que son voluntarios en Casa Bartimeo, le demuestran a cada nueva clase que las limitaciones físicas no disminuyen su valor como personas. El Padre Son anima a aquellos que recientemente se volvieron ciegos a no perder la esperanza. Él se identifica con sus esfuerzos para desarrollar nuevas habilidades. “Yo fui sordo y mudo”, dice, explicando que tuvo que aprender a comunicarse en inglés cuando salió de Corea en 1971 y en español cuando Maryknoll lo envió al Perú en 1976. Añade que una discapacidad “no es un castigo de Dios sino un regalo de Dios” que Él usa para ayudar a otros.

Un proyecto apoyado por Maryknoll da a los invidentes en Perú una oportunidad de ser productivos y autosuficientes

Un par de estudiantes de la Casa Bartimeo escuchan las palabras de uno de los afiliados Maryknoll que apoya este ministerio.

Por un mes dos veces al año, los estudiantes de Bartimeo han dado masajes gratis a casi 500 presos en el Penal San Jorge y actualmente dedican dos meses al año a brindar sus servicios de masoterapia gratuitamente para 300 internas del Penal de Máxima Seguridad para Mujeres en Lima. Maryknoll y donadores coreanos subsidian estas y otras obras sociales.

“Las internas decían, ‘Ningún grupo había venido para quitarnos el estrés. Sentimos que nos están valorizando como humanos’”, recuerda el sacerdote, quien tiene 72 años. “Los ciegos están muy felices y orgullosos después de trabajar todo el día”.

Inspirados por este espíritu de solidaridad, muchos graduados ayudan a otros ofreciendo masajes gratuitos o a descuento a personas que sufren de dolores físicos o mentales, pero no pueden pagar sus honorarios.

El Padre Son dice que los estudiantes lo inspiran a diario. “Después de 40 años en Perú, estoy profundizando mi fe al estar al servicio de los ciegos”, dice. “¿Qué puedo hacer? Sólo prestarles mis ojos”.

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Estudiantes, ex alumnos y profesores de la Casa Bartimeo, un ministerio para ciegos y personas de baja visión, tocan música al terminar las clases.

Él espera que los maestros de Casa Bartimeo continúen sus estudios para convertirse en líderes comunitarios. Quiere que despierten la conciencia de la sociedad a las necesidades de los ciegos. “Nosotros sólo acompañamos; ellos mismos hacen todo. Ellos nos orientan y son los protagonistas”.

El Padre Son dice que el equipo quisiera expandir este proyecto para ayudar a otras personas ciegas necesitadas, pero por el momento sólo pueden aceptar 20 personas en cada curso.

“Mi sueño es que yo encuentre en cada rincón del Perú que las personas ciegas tienen una forma de trabajo a través de lo que es este rubro” de masoterapia, dice Zapata. “Que, a través de esto, ellos puedan tener un sustento de vida y para que puedan llevarse con dignidad y con respeto el fruto de su trabajo a sus casas”.

 

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