Un seminarista Maryknoll abre su corazón en su misión en el extranjero

 

Peter Latouf tomó un camino largo hacia el sacerdocio — hasta China y viceversa, para ser precisos.

Latouf y Daniel Kim, ambos diáconos, serán ordenados sacerdotes de Maryknoll el 20 de mayo. Él dice que el requisito de estudiar una lengua extranjera en la universidad le ayudó a enfocarse en el camino al sacerdocio. Para obtener su licenciatura en psicología y estudios internacionales de Wayne State University en su ciudad natal de Detroit, necesitaba tres semestres de un idioma extranjero. Él eligió chino mandarín, sólo porque era algo diferente a lo que todos los demás estaban estudiando. Después de tres semestres de mandarín, pasó el verano de 2004 en China en un viaje de estudios.

“Cuando me fui (de China), quería darme la vuelta y volver inmediatamente”, dice, pero agrega una condición. “Quería volver, pero quería tener el elemento de Iglesia”.

Criado en una familia “fuertemente católica”, el Diácono Latouf dice que él comenzó a preguntar a sacerdotes en Detroit cómo podría ser parte del trabajo misionero en China. Ellos lo dirigieron hacia Maryknoll.

“Así que empezó (su vocación) realmente sólo por un capricho”, dice. “Elegí aprender el idioma chino sin ninguna razón en particular y entonces, ya sabes, de repente estamos aquí”.

En su época como seminarista Latouf sonríe con estudiantes durante su entrenamiento en China.

El Diácono Latouf, quien tiene 32 años, admite, sin embargo, que su atracción por el sacerdocio fue sembrada mientras asistía a la Iglesia Católica Maronita, una iglesia de rito oriental que está en comunión con el Vaticano. Él estudió en una escuela católica, pero los fines de semana iba a la iglesia maronita de su familia libanesa, donde dice que aprendió a amar la oración y la liturgia.

Con los estudios de mandarín en su haber, además de una maestría en educación de Wayne State, el seminarista Latouf fue asignado a hacer su formación en Taiwán, donde amplió sus estudios de mandarín y más tarde ganó experiencia pastoral trabajando con los indígenas Bunun en una parroquia Maryknoll en las montañas.

El seminarista Latouf fue inicialmente sorprendido por la asignación porque él se describía como una “persona de la gran ciudad”, pero le gustaba enseñar y pensó que disfrutaría educando al pueblo Bunun sobre la Iglesia. Eso, dice, era sólo una de sus ideas sobre la misión que “realmente cambió por completo”. La fe que él pensaba que estaba trayendo ya estaba allí, y fue él quien fue educado. “Sé que es un poco cliché, pero ¡sabían mucho más que yo!”

El Diácono Latouf cataloga información sobre pacientes con tuberculosis en Corea del Norte.

“Creo que tengo la parte intelectual bastante bien aprendida en términos de la fe, pero a veces me falta la parte del corazón”, dice. “Y lo que he encontrado en la gente en el extranjero es que a veces, bueno, muy a menudo, definitivamente tienen la parte emocional. Su corazón está allí”.

Su propio corazón enfrentó un desafío cuando tuvo la oportunidad de viajar a Corea del Norte con el Padre Maryknoll Gerard Hammond para trabajar con pacientes con tuberculosis multi-resistente. El Diácono Latouf dice que leyó todo lo que pudo para intentar prepararse mentalmente para el viaje, pero encontró que la experiencia no fue nada como él esperaba.

“La pobreza era aún más extrema de lo que pensaba”, dice. “La gente estaba aún más desnutrida de lo que esperaba. Estaban más enfermos de lo que yo creía”.

Latouf posa con el Padre Maryknoll Regis Ging durante una visita a Japón.

En Corea del Norte, Latouf ayudó en la misión del Padre Hammond tomando fotos y creando un archivo sobre cada paciente. Él recuerda a un muchacho, de unos 13 o 14 años, que estaba tan enfermo que la experiencia abrumó al seminarista. “Tuve que disculparme. Fui a la vuelta de la esquina detrás de uno de los vehículos que las Naciones Unidas nos habían permitido usar y me quebré. Quiero decir, tuve que llorar”, dice. “La enfermedad, especialmente alrededor de los jóvenes, fue muy, muy difícil de ver”.

Las dos experiencias—el ayudar a personas desesperadamente enfermas en Corea del Norte y el trabajar con indígenas en Taiwán—resumen lo que significa ser parte de la misión en el extranjero para el Diácono Latouf. Por un lado, es el encontrar situaciones incluso peores de lo que esperamos ver, dice, y por otro lado, “hay un espíritu y hay un conocimiento que la gente tiene y creo que eso también es muy fácil subestimar”.

De regreso en Estados Unidos, el Diácono Latouf ha estado trabajando recientemente con una parroquia coreana en el lado oeste de Chicago, mientras terminaba sus estudios para el sacerdocio Eso le permitió seguir trabajando en un contexto misionero con personas de una cultura diferente a la suya.

“Entré a Maryknoll… porque quería

trabajar con personas de diferentes

culturas, diferentes de las mías“

“Ha sido bueno traer esa experiencia misionera al volver del extranjero y seguir haciéndolo aquí en Chicago”, dice. “Para eso es que entré a Maryknoll … porque quería trabajar con personas de diferentes culturas, diferentes de las mías”.

Aunque el Diácono Latouf no sabe dónde será asignado después de la ordenación, dice que dedicarse a otras culturas como sacerdote misionero es en sí mismo contracultural y es una parte importante de este llamamiento único y aventurero. Pero, añade, para él la liturgia y la oración lo unen, a la Iglesia mundial.

“Encuentro que hay una conectividad en la oración, como saber que otros están haciendo lo mismo”, dice. “La Misa, la liturgia, los salmos y la liturgia de las horas realmente me atraen, porque sé que otros también están haciendo esto y mi oración se une a la oración universal de la Iglesia. Es algo constante, el orar siempre, como el Señor nos pidió que hiciéramos”.

Foto principal: El futuro sacerdote misionero Peter Latouf sonríe frente a un edificio en Taipéi, Taiwán, uno de los países asiáticos donde pasó dos años entrenando como misionero y viendo el trabajo de los Padres y Hermanos Maryknoll.

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