Autora de Orbis Books describe a los “ningunos”, un segmento de la población que está creciendo en los Estados Unidos

 

Meredith, quien está en sus veinte años y fue criada en una familia bautista, se encuentra en una encrucijada. Ella ya no cree en los principios de la teología bautista con la que creció, pero, dice que está “buscando”.

Como muchas personas de su edad, Meredith reconoce el cambio tectónico en la práctica religiosa norteamericana. “Los jóvenes nos estamos alejando de las etiquetas y decidiendo cómo nos agrupamos religiosamente”, dice.

Meredith no forma parte de ninguna denominación cristiana en este momento, y se describe a sí misma como “ninguna”—una persona sin una práctica religiosa en particular.

Pero estos llamados “ningunos”, como Meredith, que responden en las encuestas que pertenecen a “ninguna religión” o “nada en particular”, en su mayoría no son ni ateos ni agnósticos. Casi el 60 % de los no afiliados están “bastante seguros” o “absolutamente seguros” que Dios existe, pero casi el mismo porcentaje cree que pertenecer a una religión organizada es “nada importante”.

Y sin embargo, muchos ningunos dicen que oran diariamente, asisten a un culto por lo menos ocasionalmente y, en su mayor parte, afirman que la religión proporciona un sentido de comunidad y la oportunidad de trabajar por el bien de la sociedad.

Entonces, ¿por qué eligen no pertenecer a una comunidad religiosa? Sus razones son tan diversas y complejas como los millones que serían catalogados como ningunos.

Algunos ningunos vienen de familias interreligiosas, las cuales constituyen el mayor porcentaje de matrimonios estadounidenses; cuatro de cada 10 matrimonios hoy en día son entre personas de diferentes orígenes religiosos.

Cada vez más, los padres en matrimonios interreligiosos están permitiendo que sus hijos decidan por sí mismos a qué religión pertenecerán o mezclan sus tradiciones religiosas.

Kaya Oakes, profesora en la Universidad de California Berkeley, es autora del libro The Nones are Alright. (Foto: Cortesía de Kaya Oakes)

Carolyn, que está cerca de cumplir los treinta, tipifica el estado intermedio de los ningunos religiosamente mezclados. Criada por un padre judío secular y una madre luterana, Carolyn asistió a una iglesia luterana durante su niñez donde ella hizo “servicios voluntarios y (otras) cosas”, pero encontró que le faltaba teología: “nada”, dice ella, “me elevaba”.

Después de abandonar la religión durante la mayor parte de su adolescencia, Carolyn se encontró buscando algo después de la universidad. “Tengo y no tengo una iglesia ideal”, dice. “Yo también solía asistir a los servicios de Shabat y eso siempre me llamó la atención como algo interesante y convincente”.

Por otro lado, su lado cristiano la jala fuertemente. Ella canta en coros, y dice: “Me gustan los himnos tradicionales. Me gusta un servicio tradicional. Pero, me gustaría una teología más liberal”.

Otro ejemplo de cómo los ningunos desafían la categorización sería lo que algunos sociólogos llaman “conmutación religiosa”. Esto no significa necesariamente conversión de una religión a otra, pero puede significar dejar una religión sin unirse a otra.

Entre los ex católicos, por ejemplo, la mayoría dice que no puede imaginarse volviendo a la iglesia, pero casi el 10 % de ex católicos todavía se describen como “culturalmente católicos”, con profundos lazos sociales y rituales con la religión.

Joan, por ejemplo, se crió católica, pero cuando fue adolescente sus padres le permitieron elegir si asistía a Misa o no. De su actitud hacia la religión en ese momento, ella dice, “no era que estaba en contra, simplemente no me importaba”.

 

“Lo maravilloso es cuánto énfasis pone la escuela en el voluntariado y el servicio. Realmente se aseguran de que los niños tengan conciencia de que es necesario no sólo para ser un buen católico, sino un buen ser humano, y los niños responden positivamente”.

 

Después de la universidad y la escuela de posgrado, Joan consiguió un trabajo de enseñanza en una escuela secundaria católica. A pesar de que no era una católica practicante en ese momento, ver a sus estudiantes involucrados en la práctica religiosa la hizo comenzar a reconsiderar el catolicismo. “Sentí que estaba creciendo hacia algo”, dice ella.

“Lo maravilloso es cuánto énfasis pone la escuela en el voluntariado y el servicio. Realmente se aseguran de que los niños tengan conciencia de que eso es necesario no sólo para ser un buen católico, sino un buen ser humano, y los niños responden positivamente”.

Lentamente, Joan comenzó a volver a la práctica religiosa por sí misma. Hoy, ella dice, “Estoy haciéndome una meta el combinar mi política y creencias. Creo fuertemente en esto porque es una convicción basada en el amor a la humanidad”.

Cuando se trata de trabajo misionero, los ningunos dicen abrumadoramente que el cuidado de los marginados es una de sus mayores preocupaciones.

María, que es latina y se crió en una familia fuertemente católica, fue a un transformador viaje de servicio a México cuando era una adolescente y hoy, a finales de sus años treinta, trabaja como una organizadora laboral. Ella dice que su educación religiosa y el énfasis católico en servir a los pobres la han llevado a una vida de “tratar de estar al servicio de otros y ampliar mis perspectivas del mundo que me rodea. Así es como practico mi fe en mi vida cotidiana en términos del trabajo que hago”.

María ya no asiste a la iglesia. Ya que es una lesbiana con una pareja, ella no se siente cómoda yendo a su iglesia local después de escuchar varias homilías que ella consideraba homofóbicas. Sin embargo, enfatiza que todavía reza y siente profundas conexiones con el catolicismo. Su hogar, por ejemplo, está lleno de arte católico mexicano incluyendo imágenes de la Virgen de Guadalupe.

Y su activismo laboral la ha llevado a la organización interreligiosa en torno a los salarios mínimos. Trabajar con líderes religiosos le ha demostrado que “desde una perspectiva de fe, la cuestión de que los trabajadores sean capaces de sostener a sus familias y tengan un salario digno es un tema fundamental”.

Para los ningunos que fueron en algún momento católicos, el mensaje del Papa Francisco sobre el cuidado de los marginados resuena profundamente asistan a la iglesia o no. Debido a su exposición a la idea de que la justicia social es intrínseca a la fe, los ningunos que fueron católicos tienden instintivamente a “correr en la dirección del mundo quebrantado”, que es como el escritor D.L. Mayfield describe el deseo de hacer trabajo misionero. Con tanto quebrantamiento en el mundo que nos rodea hoy en día, tanto cristianos como ningunos pueden encontrarse cada vez más corriendo hacia él.

Foto principal: Jóvenes sin una práctica religiosa en particular se describen como “ningunos”.

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