Organización apoyada por Maryknoll busca reducir la contaminación de los ríos cerca al Lago Titicaca en Perú

 

Caminando con la Hermana Maryknoll Patricia Ryan a lo largo del Río Coata, en Puno, Perú, a más de 12.850 pies sobre el nivel del mar, vemos a campesinos con sus vacas o cortando cañas de totora en aguas poco profundas, pero no vemos pescadores. Aunque el río parece limpio, una vez que estamos cerca a la ribera, vemos basura y contaminación, incluyendo desechos médicos, que revela uno de los mayores problemas que afectan a las personas que viven en la ribera del río: estas aguas no son sanas.

“Los campos están contaminados, los cultivos que están produciendo están contaminados, los animales están contaminados y la salud de la gente está comprometida”, dice la hermana Ryan. “Toda criatura viviente en esta área está contaminada, ya sea que vivan en la ciudad o estén en una zona rural”.

Más tarde, en la ciudad de Juliaca, vemos pilas de baldes de pintura, bolsas, zapatos viejos y comida podrida. Este no es un basurero, sino el Río Torococha, que desemboca en el río que acabamos de visitar.

La hermana Ryan, quien ha sido misionera en Perú desde 1971, trabaja con un equipo de abogados y educadores para ayudar a los afectados por las tragedias ambientales. La misionera de Levittown, Nueva York, es presidenta de la organización de Derechos Humanos y Medio Ambiente (DHUMA), una organización sin fines de lucro apoyada por las Hermanas Maryknoll y los Padres y Hermanos Maryknoll que trabaja en defensa de los derechos de los pueblos indígenas quechua y aymara de Puno afectados por la contaminación proveniente de la minería y el agua llena de basura.

La basura y contaminación en el Río Torococha en Juliaca, Puno, Perú, es un foco de infección para la población. Al desembocar en el Río Coata, esta contaminación afecta a comunidades viviendo en las costas de cuatro comunidades rurales.

En el caso de los ríos Torococha y Coata, la basura es sólo una parte del problema. Un sistema de alcantarillado defectuoso causó que las aguas fétidas llenen el Torococha con aguas residuales de los 300.000 habitantes de Juliaca. Las lagunas de oxidación que deberían limpiar el agua están tan llenas de sedimentos que ya no la purifican. El agua continúa su camino desde las lagunas hacia el Río Coata, contaminando las costas de cuatro distritos rurales y llegando finalmente al Lago Titicaca, uno de los lagos más grandes de Sudamérica.

 

Los desastres ambientales en estos ríos son sólo dos ejemplos de un problema mayor.

 

Ubicado entre Perú y Bolivia, el Lago Titicaca, que se dice es el lugar de nacimiento del Imperio Incaico, está siendo amenazado por esta contaminación que afecta sus aguas, la vida silvestre, y a los 1,3 millones de personas que viven cerca de los bancos del lago.

Los desastres ambientales en los ríos Torococha y Coata son sólo dos ejemplos de un problema mayor que afecta a los afluentes del lago. La hermana Ryan dice que ninguna de las 13 provincias de Puno tienen plantas de tratamiento adecuadas para limpiar las aguas residuales, lo que representa un peligro para la salud.

“He estado enfermo; en el hospital me han dicho, ‘ya no vivas en ese Torococha … Estás mal de la cabeza tienes que irte de allí’”, dice Pedro Martínez, de 84 años, residente de Juliaca.

La hermana Ryan añade que el agua está doblemente contaminada por desechos tóxicos provenientes de minas de oro informales río arriba en los Andes. “En los ríos Torococha y Coata hay mercurio, arsénico y también plomo y otros desechos tóxicos”, dice la hermana Ryan.

Un experto en envenenamiento por plomo, de Massachusetts, le dijo a DHUMA que los niveles de plomo en el Torococha son muy nocivos. Incluso dijo que los niveles son mayores que los de Flint, Michigan, donde el plomo llegó a exceder las 13.200 partes por billón (ppb) durante una crisis de agua reciente. El agua se considera residuos tóxicos al llegar a 5.000 ppb.

“Hay niños, agricultores, hermanos sufriendo por esta contaminación”, dice Brígida Curo Bustincio, una líder de la Asociación Departamental de Mujeres Campesinas de Puno. “Miles de campesinos requerimos el agua. Es algo fundamental. Si no hay agua, no hay vida”.

Hermana Maryknoll Patricia Ryan, presidenta de DHUMA, habla con líderes locales afectados por la contaminación de los Ríos Torococha y Juliaca en Puno, Peru

La Hermana Maryknoll Patricia Ryan, quien como misionera pone en práctica las enseñanzas de la Iglesia sobre el cuidado de la creación, habla con una líder local quien vive en una comunidad afectada por la contaminación del río Coata.

Curo Bustincio espera que las promesas hechas por los gobiernos de Perú y Bolivia para hacer frente a la contaminación del Titicaca ayuden a sus vecinos, pero las poblaciones indígenas han oído estas promesas antes. “Las autoridades dicen ‘sí vamos a solucionar’, pero los papeles se quedan en la mesa y no lo priorizan”, dice. “Tiene que ser una prioridad. Es urgente y necesario”.

Ella dice que los camiones de agua potable de la municipalidad a veces tardan 15 días en llegar, dejando a los lugareños sin acceso a agua limpia. A veces los niños se bañan o beben del río, si es que no pueden conseguir otra agua. Las aguas de los ríos han infectado incluso el agua de los pozos.

Curo Bustincio está trabajando con DHUMA para asegurarse de que el agua sea potable de nuevo.

Añade que los ríos deben ser declarados en estado de emergencia y limpiados. Además de debilitar a su ganado y arruinar sus cultivos, la contaminación causa problemas de salud en los campesinos como desnutrición crónica, anemia, diarrea e infecciones respiratorias, dice Curo Bustincio.

DHUMA presentó una demanda judicial en nombre de los afectados por la contaminación del río Coata, que carecen de agua potable y atención médica adecuada. Quieren que las autoridades regionales construyan una planta de tratamiento adecuada y limpien estos dos ríos. Luego, esto podría ser replicado en otras cuencas contaminadas, así como en el Titicaca.

Aldeana de Puno lleva agua para su ganado. Los pozos también han sido afectados por la contaminación de los afluentes del Lago Titicaca.

Una de las aldeanas cerca al río Coata lleva agua del pozo para su ganado. Estas aguas también están contaminadas por la basura y bacterias en los ríos.

La disminución del suministro de agua debido al cambio climático, concesiones mineras y contaminación extrema preocupan a las comunidades indígenas.

Los lagos, los ríos, los pozos y otras fuentes de agua están contaminados debido a las prácticas mineras irresponsables, la falta de plantas de tratamiento de aguas residuales y la falta de una eliminación adecuada de la basura. Esto puede conducir a conflictos socio ambientales, lo que el equipo de DHUMA trata de evitar.

“Pensamos en alternativas no violentas que ayuden a encontrar una solución en forma que no se cree ningún conflicto y que respete los derechos de la población”, dice José Bayardo Chata Pacoricona, abogado de DHUMA.

Capacitar a las comunidades para que conozcan sus derechos y ayudarlos a que sus voces sean escuchadas en las cortes son algunas de las maneras en que la organización aboga por las comunidades campesinas. Esta ruta pacífica ha tenido éxito en lugares como Atuncolla, donde la corte reiteró el derecho a la consulta de comunidades indígenas antes de que se otorguen concesiones a las empresas mineras en sus tierras.

Otro ejemplo es el de Condoraque, que ya comenzó el proceso de remediación para las aguas ácidas del río. Se espera que el caso Coata pueda sentar un precedente para que otras comunidades defiendan su derecho a un ambiente saludable.

“Tenemos muchos recursos hídricos en la región, pero si no hacemos algo sobre la contaminación severa, vamos a llegar al punto de decir: “Hay agua, agua por todos lados a nuestro alrededor, pero no hay una gota de agua para beber”, dice la hermana Ryan.

Foto principal: El Río Torococha en Juliaca es un foco de infección debido a la contaminación. DHUMA ayuda a pobladores a proteger la salud pública en vertientes de agua en Puno.

 

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