Voluntaria de Maryknoll realiza ministerio de prisiones y de niños en riesgo en Cochabamba, Bolivia

 

La casa Corazón del Pastor, un hogar para 21 niñas provenientes de situaciones de orfandad, abandono o violencia familiar, está en una zona residencial de clase media en la Ciudad de Cochabamba, Bolivia. Tiene jardín de entrada, patio, habitaciones en ambos pisos y un piano en la enorme sala de techos altos. No tiene el ambiente institucional de un orfanato.

Vine como reportero de Maryknoll a observar la misión de Molly Minnerath, una joven norteamericana de 23 años de edad, que realiza trabajo voluntario a través del Programa de Voluntariado de Maryknoll en Bolivia.

 


Al ver a Minnerath llegar, las niñas que hacen sus tareas en la mesa del comedor se levantan y van corriendo a saludarla con un abrazo y un beso en la mejilla. “Hola tía”, le dicen.

“Tía”, así llaman las niñas a cada una de las seis mujeres adultas, incluyendo una psicóloga, que viven con ellas o administran el hogar. El uso de la palabra tía refleja la intención y visión del programa de darle a las niñas el calor y el cuidado de un ambiente familiar.

Minnerath no vive en el hogar, pero como voluntaria lo visita frecuentemente y se ha ganado el título de tía.

Corazón del Pastor es uno de tres ministerios—que incluyen un hogar para niños llamado Pedacito de Cielo y un programa, Sendero de Esperanza, que ayuda a preparar a las jóvenes adolescentes a vivir de manera independiente. Estos ministerios son ofrecidos por la Fundación Niños con Valor, una organización no gubernamental boliviana que ofrece ayuda y esperanza a niños huérfanos, en riesgo, o que han sido abandonados.

La Fundación Niños con Valor—la primera en Bolivia en integrar a niños con VIH—es una de las organizaciones con las que colabora el programa de voluntariado de Maryknoll. El programa de Maryknoll ubica a voluntarios para que realicen una variedad de ministerios como asistencia y acompañamiento a huérfanos, ancianos, personas afectadas por el VIH/SIDA, prisioneros, grupos parroquiales, jardines comunitarios, entre otros.

 

Molly Minnerath es voluntaria en hogar para niños y niñas en riesgo en Bolivia

Molly Minnerath saluda a una de las niñas del hogar Corazón del Pastor, donde realiza trabajo misionero voluntario con Maryknoll. (Foto crédito: David Aquije/Bolivia)

 

Después de saludarla, dos de las niñas adolescentes de Corazón del Pastor le muestran a la tía Molly el progreso que han tenido en las clases de piano que otra voluntaria les ha dado.

El hogar recibe a las niñas desde que han nacido y las cuida hasta que cumplen los 18 años de edad, cuando tienen la oportunidad de conseguir una beca y entrar a su casa de transición.

Una de las más pequeñas camina por la sala. Las reglas me impiden decir su nombre, pero le llamaré Valentina. Calculo que tiene entre 2 y 3 años de edad, pero Minnerath me dice que tiene casi 5, que no puede hablar y que está recibiendo terapia. Su triste historia queda de lado cuando Valentina empieza a sonreír y jugar con su tía Molly.

“Estoy aquí para dar amor y amistad a las niñas”, dice Minnerath sobre su voluntariado en Corazón del Pastor, que incluye ayudar a las niñas con sus tareas y jugar con ellas.

Cuando Minnerath terminó sus estudios de teología en el College of St. Benedict & Saint John’s University, Minnesota, ya sabía por años—sus abuelos leían la revista MARYKNOLL—que quería dar un “salto de fe” al servicio voluntario de tiempo completo, tener una experiencia intercultural y así responder a su llamado al discipulado y a la misión.

 

Molly Minnerath y un niñito boliviano en Cochabamba

Molly Minnerath y un niñito boliviano en la Ciudad de Cochabamba. (Foto crédito: Cortesía de Molly Minnerath)

 

De ese modo, encontró el programa de Maryknoll y pidió el apoyo de su comunidad parroquial, St. Mary’s Church, en Alexandria, Minnesota, para reunir los $5,000 que durante un año cubrirían sus gastos de alojamiento, alimentación, transporte para su servicio ministerial en Bolivia. En respuesta, ella mantiene un blog (mollyminnnerathblog.wordpress.com) en el que comparte su transformadora experiencia de vida y de fe.

Es otro día primaveral en la bella Cochabamba. Esta vez me reúno con Dan Moriarty, director del programa de voluntariado. Tomamos un café mientras explica que el programa es un esfuerzo de las tres entidades de Maryknoll—Padres y Hermanos, Hermanas y Misioneros Laicos—y uno de cuatro programas que ofrece el (CMMAL) con sede en Bolivia.

Moriarty, un ex misionero laico Maryknoll, ofrece además una perspectiva de la realidad boliviana enfocándose en su complejo sistema penitenciario; aprendo que las cárceles para mujeres, por ejemplo, son algo así como sobrepoblados centros comunitarios donde las presidiarias viven con sus hijos menores de edad. Él da esta explicación debido a que el programa de voluntariado que él dirige incluye un ministerio de prisiones en el que los voluntarios prestan sus servicios.

“Ahora vamos a Manos con Libertad, un centro para mujeres que han estado en prisión y que están en prisión, donde Molly Minnerath trabaja con las mujeres preparando comidas y productos al horno para vender y generar un ingreso”, dice Moriarty.

Minnerath y Dan Moriarty con una ex presidiaria.

Minnerath junto a Ely y Dan Moriarty en el programa Manos con Libertad, que brinda apoyo a presidiarias y ex presidiarias en Cochabamba. (Foto crédito: David Aquije/Bolivia)

Llegamos al edificio de cuatro pisos donde opera Manos con Libertad, una organización sin fines de lucro fundada en 1999 por Suzanne Windsor, una voluntaria y misionera de Gales que trabaja con la organización evangélica Enlace Latino. Manos con Libertad es una cooperativa para prisioneras y ex prisioneras de las cárceles de Cochabamba, cuyo propósito es brindar apoyo, entrenamiento laboral y principios cristianos para que las mujeres puedan tener un nuevo comienzo en la vida. Recientemente, Manos con Libertad ha extendido sus servicios a cárceles para hombres.

“Ayudamos a las mujeres que tienen muchos problemas, falta de trabajo, de autoestima y tienen que superar la vida”, dice Windsor. “Tratamos de enfrentar los problemas y levantar la autoestima de las mujeres y presentar el Evangelio de una forma que indica que Dios está presente para acompañarles, para guiarles y apoyarles en cualquier momento de su vida”.

Atravesamos el primer piso donde opera un restaurante de la cooperativa y subimos al segundo piso donde hay una habitación en la que se hace repostería y otra que funciona como una cocina. Allí encontramos a Minnerath, en la zona de repostería, haciendo un pudín.

“Trabajo con Ely y la ayudo a hacer lo que ella me pida. Usualmente mi trabajo es mover o vaciar el pudín porque no tengo mucho talento como repostera”, dice Minnerath. “Pero me llena de alegría estar aquí, ayudándola, acompañándola, practicando mi español, y teniendo hermosas conversaciones que me permiten conocerla. Estoy muy contenta de estar en Bolivia, es una experiencia maravillosa”.

Ely es una boliviana que con dos hijos, sin trabajo y abandonada por el esposo, cometió el error desesperado de transportar droga para ganar dinero. Pasó cinco años en la cárcel, tres de ellos esperando la sentencia de dos años que le dieron. Al salir de la cárcel, dice Windsor, Ely era una mujer con una autoestima muy baja. Pero ahora, con la posibilidad de un trabajo que le permite sostener a sus hijos, es una mujer que ha renacido.

“Alguna vez he rechazado a Dios, pero él sólo te lleva por el buen camino. Él tenía algo preparado para mí. Estar en la cárcel es feo, pero allí conocí Manos con Libertad y estoy agradecida a Dios”, dice Ely. “Todas las voluntarias que llegan son buenas, trabajadoras, y un buen apoyo”.

Además de mover el pudín o aprender a hacer empanadas, Minnerath también visita a las mujeres en la cárcel, donde ellas reciben talleres de autoestima, cursos prácticos y lecturas y reflexiones bíblicas.

“Antes de venir a Bolivia nunca puse un pie en una cárcel y tenía preconcepciones sobre las cárceles. Estaba preocupada y nerviosa, pensaba que iba a enfrentar un ambiente hostil”, dice Minnerath.

Le sorprendió que al entrar en la cárcel, las presidiarias la recibieron con un abrazo y un beso en la mejilla y que la cárcel le pareció más bien un centro comunitario de mujeres donde ha aprendido a conocer y establecer relaciones con las presidiarias.

“Ahora, cada vez que visito la cárcel para mí es como visitar la casa de mis amigas, porque las presidiarias son mis amigas… El sello que me ponen en el brazo como visita, cada vez que entro a la cárcel, se ha convertido en algo que llevo con orgullo”.

Sobre su experiencia misionera con Maryknoll en Bolivia, Minnerath dice: “Una de las cosas más importantes del programa es el énfasis en ser y estar, y no tanto en hacer; es el énfasis en el encuentro, el conocer una cultura y la gente que es tan hermosa y me puede enseñar acerca de mi fe y Dios. Ha sido una experiencia transformadora de vida para mí”.

Foto principal: Molly Minnerath es como una tía en un centro de acogida para menores en Cochabamba. La joven estadounidense participa en el Programa de Voluntariado de Maryknoll en Bolivia. (Las fotos han sido alteradas para proteger la identidad de los niños.) (Foto crédito: Cortesía de Molly Minnerath)

 

maryknoll-icon-grey