En un viaje a África Oriental, un diácono adquiere dones para su ministerio

 

Estas palabras en el sitio web de Maryknoll me llamaron la atención: “Cruzar fronteras y encontrar a nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo es una oportunidad para el intercambio mutuo de la alegría que viene del Evangelio”. Era un llamado a participar en un viaje de inmersión en misión a África Oriental, organizado por los Padres y Hermanos Maryknoll. Me pareció una invitación personal para mí como un diácono católico a abrir mi corazón y decir sí a la inspiración del Espíritu Santo. Me inscribí confiando en que el Señor sería mi guía.

Nuestro itinerario fue un viaje de 1.600 millas a las misiones de Maryknoll dispersas por las ciudades y remotas regiones rurales de Kenya y Tanzania. A lo largo de este viaje fuimos invitados a escuchar cómo Dios nos estaba hablando. Hubo muchos momentos poderosos durante el viaje de 13 días, pero dos experiencias me tocaron profundamente: visitar el asentamiento informal de Kibera en Nairobi, Kenya y el hogar St. Justin para sordos y discapacitados en Musoma, Tanzania.

Kibera alberga a unas 800.000 personas que viven en pequeñas chozas con paredes de barro, suelos de tierra y techos de hojalata. La Iglesia de Cristo Rey está situada en lo alto de una colina. El viaje por esa colina a través de las calles llenas de gente, llenas de basura y barro de una lluvia reciente, fue como ningún viaje en el que he estado. Más de 1.500 personas vestidas con sus mejores ropas hicieron ese viaje para una liturgia dominical marcada por un canto vibrante y danza litúrgica.

Miguel reside en una de las chozas de Kibera y cría pollos para vender en el mercado. Después de mostrarme orgullosamente su gallinero, nos deleitamos en un desayuno de huevos frescos hervidos en una pequeña hornilla de querosene. Ese simple desayuno con mi nuevo amigo me ha venido a la mente muchas veces. La fuerte fe de Miguel, su compromiso con la Iglesia y con su comunidad, ha reavivado mi compromiso con mi ministerio de diaconado y con las personas a quienes sirvo en Albany, Nueva York. Miguel abrió mis ojos a un mundo más amplio y simple, que no está dominado por el consumismo. Mi encuentro con este hombre cuyo mayor sueño fue comprar una pequeña incubadora para poder producir y vender más huevos me dio una nueva perspectiva de lo que es realmente importante en esta vida. Miguel le dio un nombre y una cara a la preocupación del Evangelio por la justicia y la paz. lo que me permite predicar, enseñar, testimoniar y evangelizar con más autenticidad y fe.

En Musoma, cuando visitamos el hogar de St. Justin para niños sordos e incapacitados, los niños se apresuraron a recibirnos con caras sonrientes y una energía ilimitada. Me senté con un grupo usando mi teléfono celular y algunas señales para comunicarme. El lenguaje del amor cruzó la barrera de la sordera y nos llevó a la comunión.

Mi experiencia en St. Justin me recordó que personas con necesidades especiales le ofrecen algo precioso al mundo si solamente tenemos ojos para ver y oídos para oír. La alegría en estos niños no sólo era real sino contagiosa. En mi ministerio, trato de sonreír más para demostrar que realmente creo en la Buena Nueva.

Como prometió el sitio web de Maryknoll, salí de África con un poco más de alegría en mi corazón y más agradecido por los sencillos regalos de la vida mientras desempaco las muchas maneras que la hermosa gente de estas tierras me evangelizó y ha renovado mi espíritu para el viaje que tengo por delante.

Foto principal:El Diácono Ed Solomon sonríe junto con algunos niños de el hogar de St. Justin para niños sordos e incapacitados en Tanzania. (Foto: Cortesía de Ed Solomon)

 

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