Autor ve la fe heroica en el sacrificio del capellán militar Maryknoll, quien murió acompañando a Marines

 

Era 4 de septiembre de 1967, un Día del Trabajo en Estados Unidos. La gente disfrutaba los últimas días de verano. Pero en Vietnam, la guerra se intensificó.

El Padre Maryknoll Vincent Capodanno, un capellán militar, estaba a 50 millas de Da Nang con el 3o Batallón 5o de Marines. Por la mañana, un pelotón del batallón estaba en una misión de búsqueda y destrucción cuando se encontró con una ofensiva de 2.500 vietnamitas del norte. Como fue rápidamente anulado, el batallón envió más unidades a la batalla que se conocería como Operación Swift.

El padre Capodanno estaba con la compañía M, a la que se le ordenó ir a un puesto de ayuda para heridos. Aunque no tenía que hacerlo, el sacerdote abordó un helicóptero de la compañía, que cayó derribado entre campos de arroz muy cerca al campo de batalla. Los marines evacuaron el helicóptero y colocaron un puesto de mando en una pequeña loma. Entre el ruido de la batalla, el padre oyó a un operador de radio que anunciaba: “Hemos sido invadidos. No podemos aguantar”.

El padre Capodanno había participado en ocho campañas de batalla y ganado una estrella de bronce durante sus 16 meses en Vietnam. Sabía dónde sus hombres necesitaban más de sus sacramentos. No era en la seguridad de esa loma.

Bajó precipitadamente la colina, agarró por el hombro al operador de radio y lo llevó a una relativa seguridad. Lo hizo una y otra vez con otros heridos. Su primera herida fue un tiro que atravesó su mano derecha y deshabilitó sus dedos. Fue vendado y se negó a dejar el campo de batalla en la próxima evacuación. “Necesito estar donde mis marines me necesitan más”, dijo.

Asfixiado en medio de gases lacrimógenos que intentaban dispersar el ataque vietnamita, el padre Capodanno—que había entregado su máscara de gas a un joven infante—recibió su segunda herida que incapacitó su hombro y brazo derecho. De nuevo fue vendado y de nuevo se negó a abandonar el campo de batalla.

Poco después, corrió a ayudar al marine Lawrence David Peters, que aunque herido, se había apoyado contra un tocón de árbol, expuesto al fuego enemigo, para poder señalar dónde estaban las ametralladoras enemigas. Nadie se atrevió acercarse al sargento Peters, salvo el padre Capodanno, que corrió a su lado para rezar con él y cuidarlo en sus últimas minutos de vida. El sargento Peters recibió la Medalla de Honor póstumamente por su heroísmo ese día.

Los últimos momentos del padre Capodanno tuvieron lugar cerca a un nido de ametralladora enemiga que tres marines trataban de anular Dos murieron al instante y el tercero, Ray Harton, recibió un disparo en el hombro. Un soldado intentó ayudarlo, pero rápidamente recibió disparos en ambas piernas. El padre Capodanno corrió hacia ellos. Primero fue a Harton, que estuvo en la Misa del sacerdote el día anterior, lo ungió y le dijo: “Mantén la calma, marine, Dios está con todos nosotros hoy y vas a estar bien”.

Luego corrió al lado del otro marine, un médico católico, y oró por él. Mientras rezaba, recibió 27 balas en la espalda.

Nacido el 13 de febrero de 1929, el padre Capodanno, el menor de 10 niños, creció en una típica familia italo-americana en Staten Island, Nueva York. Fue a la universidad Fordham en el Bronx y debatía si sería un médico o tal vez un hombre de negocios. Montado en el Staten Island Ferry cada mañana para ir a la escuela, leía The Field Afar, ahora la revista MARYKNOLL. Había leído historias sobre cómo sacerdotes y obispos católicos ministraban a personas que necesitaban a Cristo en lugares lejanos como China, Corea y Japón. Su corazón se movió y se convirtió en misionero Maryknoll, asignado a Taiwán después de su ordenación en 1958.

 

Conduciendo un servicio religioso con un grupo de Marines. (Maryknoll Mission Archives). Autor ve la fe heroica en el sacrificio del capellán militar Maryknoll

Conduciendo un servicio religioso con un grupo de Marines. (Maryknoll Mission Archives)

 

Fue asignado a un pueblo aborigen en las montañas de Taiwán y aprendió chino y el dialecto local. Ministró allí por seis años y fue trasladado a una escuela privada de niños en Hong Kong. No le gustaba eso. No era la vida dura; no era un desafío para él. Pidió a sus superiores de Maryknoll que le permitieran convertirse en capellán militar para ir a Vietnam. De ese modo, sirvió en dos batallones infantes de marina antes de ese fatídico 4 de septiembre.

Los marines en Vietnam lo consideraron uno de ellos. Cuando tuvieron que caminar, caminó con ellos; cuando llevaban 40 libras en su espalda, él también; cuando sudaban en el calor, él también; y cuando tenían que quedarse despiertos de noche en un puesto de escucha, él también. Lo llamaron “el Grunt Padre”, ya que “grunt” (gruñón) es un término afectuoso para los marines en las trincheras.

El padre Capodanno fue un héroe de la fe antes de ser un héroe al final de su vida. Los capellanes en Vietnam usualmente sirven un año. Después de sus 12 meses, el padre Capodanno solicitó una prórroga y obtuvo otros seis meses. Luego solicitó otra extensión, y estaba esperando una respuesta. La carta que negó esta extensión adicional llegó después de su muerte.

La muerte del padre Capodanno, quien recibió la Medalla de Honor del Congreso en 1969, afectó inmediatamente a la gente de Nueva York donde creció. Un hombre, que enseñó en la escuela con el padre Capodanno cuando el sacerdote todavía era seminarista, quedó abrumado por su muerte. Este hombre no había ido a la Misa en años, pero estaba tan conmovido por la heroica fe del sacerdote que entró en una iglesia y le pidió a un sacerdote que oyera su confesión. Cuando el sacerdote le preguntó al hombre porqué regresaba, contó la historia del padre Capodanno. Entonces el hombre dijo estas palabras: “Supongo que un misionero no deja de trabajar incluso después de morir, ¿verdad?”

Al escribir la biografía de Capodanno, para mi tesis de maestría, me di cuenta de que la historia no era sólo acerca de este sacerdote. Fue sobre los efectos de la guerra de Vietnam. No sólo estaba tocando la vida de un hombre, sino también muchas vidas y era algo sagrado.

Recibí mi título y seguí con mi vida en una parroquia en Arlington, Virginia, pero cada semana recibía una o dos cartas pidiendo una copia de esa tesis. A veces me pedían que hablara en una parroquia. Me sorprendió cuántas personas querían oír hablar del padre Capodanno. En cuatro años, envié 250 fotocopias. Entonces la Madre Angélica me invitó a su show en la televisora católica EWTN para contar la historia del padre Capodanno. Fui y las líneas telefónicas se iluminaron como un árbol de Navidad con gente queriendo saber más.

Fue entonces cuando conocí a Ray Harton, el último hombre que escuchó las palabras del padre Capodanno. Él me contactó y condujo 12 horas desde Georgia para reunirse conmigo al día siguiente. No le había contado a un alma su historia, ni siquiera a su esposa. Tenía flashbacks; culpa de sobreviviente; había intentado suicidarse y pasó un año en un hospital recuperándose de ese intento y otras heridas emocionales. Finalmente consiguió el coraje de llegar a mí y me contó la historia del campo de batalla. Hoy Ray está de vuelta en la Iglesia Católica y ofrece testimonio a los veteranos de que hay esperanza.

Conocí a veteranos que nunca conocieron al padre Capodanno, pero fueron tocados por su historia, que los ayudó en su alcoholismo o depresión y los previno de cometer suicidio.

Obviamente, las maneras más increíbles en las que el padre Capodanno ha tocado la vida de las personas han sido los milagros, y han habido muchos dedicados a su nombre, que serán investigados en el proceso de su causa de santidad. Por ejemplo, una religiosa vietnamita diagnosticada con cáncer de ovario avanzado que trabajó con huérfanos en las zonas rurales de Vietnam presenció su desaparición después de que su congregación rezó por la intercesión de padre Capodanno.

Fui postulador de la causa de canonización del padre Capodanno, que fue declarado Siervo de Dios en 2006. El pasado mayo se cerró la etapa arquidiocesana y enviamos la causa al Vaticano.

He tenido el privilegio de visitar y celebrar una Misa en Vietnam donde murió el padre Capodanno. El obispo de Da Nang, Vietnam, celebra una Misa anual en honor del padre Capodanno. ¡Imagina eso! En un país comunista que todavía está sufriendo de esa guerra de hace medio siglo, miles de personas se reúnen en la Catedral de Da Nang para honrar a un americano que era un veterano de Vietnam y un sacerdote católico.

Un misionero no deja de trabajar incluso después de morir, ¿verdad?

 

Foto principal: Monumento en memoria del Padre Maryknoll Vincent R. Capodanno, Fort Wadsworth, Staten Island, Nueva York.

 

Autor ve la fe heroica en el sacrificio del capellán militar Maryknoll

En EWTN
30 de Ago. 10 p.m. ET • 2 de Sep. 3 p.m. ET • 4 de Sep. 3 p.m. ET
Este docu-drama original de EWTN (en inglés) presenta la vida y el ministerio del Padre Maryknoll Vincent R. Capodanno, un capellán military que murió el 4 de Septiembre de 1967, mientras ministraba a un soldado herido durante la Guerra de Vietnam. Él recibió de manera póstuma la Medalla de Honor en 1969 y fue declarado Siervo de Dios en 2006, el primer paso para la canonización.

 

Este artículo es una adaptación de una charla del Padre Daniel Mode, el autor de The Grunt Padre: The Service and Sacrifice of Vincent Robert Capodanno (CMJ Marian Publishers, 2000). Él sirve en la Oficina de Capellanes en Jefe de la Marina en el Pentágono.

 

 

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