Tres hermanas Maryknoll dan tiempo y espacio a los kenyanos para sanar conflictos a través de la no violencia

 

Nosotras, tres hermanas Maryknoll—Sia Temu, Giang Nguyen y Teresa Hougnon—nos sentimos bendecidas por tener una pequeña parte en responder a la urgente necesidad de paz de una nación. Desde el 2006, cuando formamos el Maryknoll Sisters Peace Team en Kenya, hemos facilitado reuniones y compartido con comunidades que buscan la paz, la reconciliación y la sanación. Hemos sido testigos de que las personas transforman sus vidas, sanan heridas y eligen respuestas no violentas cuando dialogan.

Kenya es hogar de 46 grupos étnicos que han experimentado violencia cada año electoral desde que se introdujo la política multipartidista en 1992. Los ciudadanos, quienes ya estaban divididos debido a sus líneas étnicas se dividieron más, la etnicidad fue la base de sus partidos políticos. Los líderes étnicos buscaban apoyo creando caos y conflicto entre sus seguidores.

Nuestro equipo, con facilitadores kenyanos, logró reunir a personas de diversos orígenes étnicos que estuvieron en conflicto—víctimas y perpetradores—para que conversen entre ellos. Al compartir sus experiencias y escuchar las de los demás, los participantes se reconocen como seres humanos y no como “enemigos”.

La ciudad noroccidental de Molo fue una de las zonas que más sufrió la violencia tras la elección del 2007/2008, en la que murieron 1.500 personas y unos 300.000 quedaron desplazados. Muchos habían sufrido profundas heridas psicológicas y buscaban venganza cuando decidieron participar en uno de nuestros grupos de conversación de 14 personas.

Comenzamos con cinco minutos de silencio, algo nuevo para la mayoría de ellos e incómodo al principio. Luego invitamos a cada persona a compartir su experiencia de vida. Muchos hablaron de pérdida, ira y desesperación por la violencia. Cuando cada uno habló, por cinco minutos o menos, los demás escuchaban. “Cuando escuché a los demás expresar su enojo”, dijo una mujer, “también pude expresar el mío, y ya no estaba atrapado en mi corazón”.

Hermana Maryknoll Giang Nguyen facilita la comunicación de personas de diferente grupos étnicos. Este tipo de c onversaciones promueven paz en Kenya.

Hermana Maryknoll Giang Nguyen facilita la comunicación de personas de diferente grupos étnicos.

Tuvimos una reunión mensual durante seis meses en Molo, y la gente comenzó a abrirse. Aquellos que habían dañado a otros o tomado propiedades pidieron perdón y acordaron compensar a aquellos a quienes habían herido. La comunidad ha establecido una red para la paz y la sostenibilidad para que puedan prevenir la violencia en las próximas elecciones.

Uno de los hombres de Molo tomó la construcción de paz un paso más allá. Viajó con nuestro equipo a Tana Delta, en el sureste de Kenya, donde nos reunimos con comunidades que habían experimentado un conflicto violento después de la elección presidencial del 2012/2013. Cuando un hombre de Tana Delta habló de su deseo de venganza, el hombre de Molo compartió con él cómo había buscado venganza después de la muerte de su padre en el conflicto del 2007. “Me di cuenta de que la venganza estaba matando a mi familia cuando perdí más parientes en la lucha”, dijo, agregando que decidió no pelear más y construir relaciones. Ambos hombres pasaron más tiempo conversando. El hombre de Tana Delta ya no busca venganza.

Hemos descubierto que el impulso y sabiduría para soluciones no violentas se encuentra en las personas que han sido las más afectadas por la violencia.

Dos pueblos de Tana Delta, los Pokomo, un pueblo agrícola, y los Ormas, un pueblo de pastores, viven a un lado y el otro de una escuela. Sus disputas sobre los derechos a la tierra fueron exacerbadas por el conflicto político durante el cual se violó la seguridad del santuario de la escuela y los niños y ancianos que se escondían allí fueron asesinados.

Los ancianos de la comunidad nos pidieron que ayudáramos al pueblo a reconciliarse. Un día reunimos a mujeres de ambos lados para hablar entre ellas, y al día siguiente hicimos lo mismo con los hombres. Era obvio que sólo necesitaban un lugar seguro para compartir su dolor, para reconocer el mal, y para saber que todos querían paz.

Al final de los dos días, decidieron reconciliarse y marcar la reconciliación con una ceremonia a la que invitaron al líder del gobierno local. Él había tratado de lograr la reconciliación, sin éxito, ofreciendo programas, ayuda humanitaria y promesas de dignatarios extranjeros. Al final, sólo las propias personas pudieron elegir dejar atrás la violencia.

Hermanas Maryknoll conversan con grupo que promueve la reconciliación entre vecinos en Tanzania. Ellas hablan de como diálogo y conversaciones promueven paz en Kenya, especialmente después de las elecciones.

Hermanas Maryknoll conversan con grupo que promueve la reconciliación entre vecinos en Tanzania.

Como hermanas religiosas, nosotras mismas vivimos en una comunidad intencionalmente diversa. La hermana Temu es tanzana, la hermana Nguyen es vietnamita y la hermana Hougnon es estadounidense. Estamos comprometidas con la autorreflexión mientras nos esforzamos por entender las diferencias culturales de cada una.

Reconocer nuestras propias tendencias violentas y la falta de entendimiento nos ayuda a elegir otra manera y a escuchar a las personas que quieren contar su historia.

Este ministerio nos muestra que incluso un pequeño grupo de personas dispuestas a profundizar en sí mismas y expresar su experiencia, puede iniciar un efecto contagiante en sus comunidades por un modo de vida no violento; no sólo en Kenya sino en todas partes.

Foto principal: Jóvenes se toman la mano durante una Misa en Nairobi, Kenya. En su último mensaje del Día Mundial por la Paz, el Papa Francisco dijo que la paz es imposible sin la fraternidad en Cristo. (CNS/Kenya)

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Para el artículo anterior en la series sobre la paz y la no violencia, vaya a Jugando por la paz en el Salvador.

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