Aquí en la ciudad de Jilin, China, donde el Padre Maryknoll Shaun Crumb y yo servimos en misión, fuimos a almorzar a un pequeño restaurante. Sin querer llamar la atención, nos miramos el uno al otro, hicimos la señal de la cruz e inclinamos nuestras cabezas para decir la gracia divina antes de la comida. Después de terminar nuestra oración, la dueña del lugar vino a nuestra mesa y preguntó, “¿Ustedes son unos de ellos?” Luego, nos enseñó su crucifijo y dijo, “yo también soy una de ellos”. Se siente muy bien encontrarse con una compañera cristiana en esta tierra predominantemente budista donde los cristianos son una pequeña minoría.
Por Rodrigo Ulloa, M.M.

 

CNS/Filadelfia

 

Como misionera laica Maryknoll que trabaja en las oficinas de Nueva York, voy cada semana a una prisión local para realizar un estudio bíblico en español con prisioneros hispanos. Terminamos cada sesión con la oración del Padre Nuestro y el Ave María. Cuando empecé a reunirme con ellos, los muchachos decían muy rápido el Padre Nuestro, y terminaban cuando yo recién empezaba. Ya que el español no es mi primer idioma, les pedí que lo dijeran más despacio. La otra tarde, después de haber compartido con ellos por cinco años, uno de los prisioneros comentó que ahora oramos el Padre Nuestro en sintonía. No estoy segura si soy capaz de decirlo más rápido o ellos lo dicen más despacio. Tal vez es la combinación de ambos ya que nos hemos acostumbrado el uno al otro.
Deborah Northern, MKLM

 

Sean Sprague/Sudán del Sur

 

Nuestra nueva misión al sureste de Sudán del Sur empezó una escuela donde nunca antes hubo una en más de 100 millas alrededor. La idea de ir a la escuela para los niños pequeños, quienes estaban acostumbrados a correr desenfrenados y libres, persiguiendo ovejas y cabras, era totalmente extraña. Sin embargo, cuando los niños se enteraron que si iban a este “algo nuevo que los misioneros habían comenzado”, recibirían tres comidas al día, se interesaron. Cada mañana me alegraba ver a los pequeños niños de kindergarten correr por el camino agarrando sus platos de plástico. ¡No podían esperar para llegar a la escuela!
Mary Ellen Manz, M.M.

 

Joseph Fedora M.M./Brasil

 

Fui con seminaristas brasileños a visitar prisiones en São Paulo. En la primera cárcel mis sentidos quedaron abrumados. Vi cantidad de ropa colgada, celdas repletas, olí tabaco barato y escuché a hombres hablando y gritando. Pasado el impacto, me di cuenta de lo más importante: la hospitalidad y calidez de los prisioneros, sobre todo en la simple celebración litúrgica de los seminaristas.
Yo tenía un pobre dominio del portugués. Al salir de cada pabellón, los prisioneros decían: “¡Vá com Deus!” Sin entender la frase, la empecé a repetir. Un seminarista me explicó que significa “Vaya con Dios”, que normalmente se dice a la persona que se va y que lo apropiado era responder “Fique com Deus” o “Quede con Dios”.
Como quedé decepcionado, el seminarista me dio una palmada y dijo: “Bienvenido al ministerio de la prisión”. Siempre recuerdo ese momento. Vá com Deus o Fique com Deus, sea cual sea tu situación.
Jim Kott, MKLM

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