Indocumentados que enfrentan la deportación encuentran refugio temporal en santuarios en ciudades de Estados Unidos

“Sí no te vuelvo a ver, reza por mí”, le dijo Jorge Taborda, un inmigrante indocumentado que enfrenta una deportación, a su hijo Steven, 15, nacido en Estados Unidos. Se despidió de él y lo dejó en la puerta de su escuela en Las Cruces, Nuevo México.

A pocos metros lo esperaban agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para llevarlo al centro de detención de inmigrantes en El Paso, Texas, donde se encontraban detenidos su esposa, Francia Benítez, y su hijo mayor, Jefferson, 23, también indocumentados.

Taborda había acordado seguir en su carro a los agentes de ICE después de dejar a su hijo en la escuela. No obstante, desvió su camino hacia la Iglesia Nuestra Señora de la Salud, en Las Cruces, donde buscó refugio.

Los agentes de ICE no entraron a la iglesia y esperaron por horas a que Taborda salga. Él no salió hasta que los agentes se fueron. Luego, con la ayuda de la organización Comunidades de Acción y Fe (CAFÉ), fue trasladado al centro franciscano Holy Cross Retreat Center, en Mesilla Park, Nuevo México, donde el sacerdote franciscano Thomas Smith le ofreció hospitalidad indefinida, una protección compasiva para evitar que lo deporten y lo separen de sus hijos.

Aunque Taborda está temporalmente a salvo, su familia ha sido separada. Poco después de este triste incidente, su hijo Jefferson fue liberado bajo el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), pero su esposa, Francia, fue deportada a Colombia.

 

Indocumentados que enfrentan la deportación encuentran refugio temporal en santuarios

Taborda inició su voluntariado en la Cruz Roja en Colombia. En Estados Unidos, Taborda (centro) recibió el premio al Voluntario del Año 2016. (Cortesía de Jorge taborda/U.S.)

 

La familia de Taborda llegó a Estados Unidos en 1998, huyendo de la violencia de las guerrillas, pero su petición de asilo fue negada en el 2002.

La historia de los Taborda es una de las miles de dramáticas historias que viven las familias de inmigrantes y refugiados en Estados Unidos y en todo el mundo. Es una historia que se ha repetido desde que José y María huyeron a Egipto de la violencia de Herodes para buscar refugio y proteger a su hijo, nuestro Salvador.

Actualmente, esta problemática es un tema controversial: el ofrecimiento de ayuda, compasión, refugio o santuario para inmigrantes indocumentados en peligro de deportación. Con 11 millones de inmigrantes indocumentados viviendo en el país y una administración de gobierno con la intención de deportarlos, las posiciones a favor y en contra han creado un clima de temor para miles de familias.

En Estados Unidos surgió el llamado Movimiento Santuario, durante la década de 1980, cuando miles huyeron de las guerras civiles en Centro América; y las parroquias, conventos y congregaciones católicas norteamericanas acogieron a inmigrantes que enfrentaban la deportación.

Aunque ese contexto social y político ha cambiado, un Nuevo Movimiento Santuario se organiza a nivel nacional para ofrecerle asistencia compasiva a las familias de indocumentados. El movimiento incluye a unas 1.000 congregaciones y 800 comunidades de fe.

El Diácono Kevin McCarthy, quien realiza trabajo de promoción misionera para Maryknoll, se ha unido a una de esas comunidades de fe en su parroquia del Sagrado Sacramento en Springfield, Massachusetts.

 

Indocumentados que enfrentan la deportación encuentran refugio temporal en santuarios

Una joven de El Salvador abraza a un amigo antes de abandonar el centro de refugio Vive La Case en Buffalo, Nueva York, para apelar su permanencia en Estados Unidos. (CNS/Nueva York)

 

“La enseñanza social católica dice que las personas tienen derecho a emigrar para sostener sus vidas y las de sus familias”, dice. “Ofrecer santuario es algo fundamental para nosotros como católicos, pues la Sagrada Familia fue como refugiada a Egipto. También, nosotros tenemos una obligación de ofrecer la bienvenida y santuario a los forasteros que han venido a nuestro país buscando seguridad y la habilidad de alimentar sus familias”.

La parroquia Sagrado Sacramento, explica McCarthy, brindará apoyo a South Congregational Church—una histórica iglesia cristiana—que anunció el pasado julio que brindará santuario para familias indocumentadas en riesgo de ser deportadas. El alcalde de Springfield, Domenic J. Sarno, citando códigos de vivienda y asuntos legales, criticó la decisión de South Congregational Church.

Esa es sólo una muestra de las dificultades que enfrenta el ofrecimiento de santuario a nivel nacional.

El estado de Texas promulgó una ley sobre “ciudades santuario”, según la cual la policía de Texas tiene la libertad de preguntarle a las personas que detenga, sobre su estatus migratorio. La ley establece como mandato que la policía coopere con las autoridades federales de inmigración e incluso contempla multar y hasta castigar con la cárcel a los policías que no cumplan con la ley. La ejecución de la ley encontró oposición inmediata y está siendo debatida en una corte federal. Los obispos católicos de Texas pidieron que la ley sea vetada.

Por otro lado, a través del fiscal general Jeff Sessions, la administración Trump anunció la posibilidad de castigar a las llamadas ciudades santuario con el retiro de millones de dólares en asistencia federal para gastos públicos, si no cooperan con las autoridades de inmigración.

Debido a que “ciudad santuario” no es un término legal, cada ciudad santuario establece su manera de ofrecer ayuda a sus residentes inmigrantes. Unas 60 ciudades en Estados Unidos, incluyendo Nueva York, Los Ángeles, San Francisco y Houston, se han declarado ciudades santuario.

Aunque enfrentan retos diferentes a los de las llamadas ciudades santuario, el número de iglesias que han aceptado ser santuarios aumentó de 400 a 800 en un año, según un reporte de la organización Church World Service, que ofrece ayuda para que los inmigrantes obtengan un estatus legal en Estados Unidos.

“Somos una nación de inmigrantes y nuestro futuro depende de nuestra habilidad de incluir a otros en lugar de excluirlos”, dice el Padre Maryknoll Raymundo Finch, superior general de los Padres y Hermanos Maryknoll. “Nosotros [Maryknoll] tomamos una posición en 1987 durante un contexto específico, y continuamos apoyando la educación sobre inmigración, la lucha de los inmigrantes, y la necesidad de una reforma compasiva”.

 

Indocumentados que enfrentan la deportación encuentran refugio temporal en santuarios

Feligreses de diferentes nacionalidades se dirigen a la Catedral Nuestra Señora de los Ángeles en Los Ángeles, California, para asistir a una misa celebrada por el arzobispo José H. Gómez en reconocimiento a todos los inmigrantes de Estados Unidos. (CNS/California)

 

El padre Finch se refiere a la declaración de Maryknoll como santuario para inmigrantes, hace 30 años, que contó con el apoyo de la organización Greater Hudson Valley Coalition for Sanctuary and Refugees, conformada por 15 iglesias y sinagogas. Ese año, Maryknoll brindó refugio a una familia de catequistas guatemaltecos quienes habían sido amenazados de muerte durante el gobierno del General Efraín Ríos Montt. Más de 15.000 indígenas maya murieron en sus 18 meses como presidente de Guatemala.

Debido a que la justicia social para los migrantes es una de las áreas de trabajo de los misioneros Maryknoll alrededor del mundo, Maryknoll brinda información y educación a través de la Oficina de Maryknoll para Asuntos Globales. Además apoya la posición de la conferencia episcopal católica de Estados Unidos sobre la búsqueda de una reforma migratoria compasiva.

El tema de la compasión con los migrantes fue el enfoque de un reciente programa de inmersión misionera organizado por Maryknoll en colaboración con el Border Awareness Program, el cual fue hospedado por los Padres Columbanos en la frontera con México. Los participantes conocieron allí el trabajo de organizaciones como Comunidades en Acción y en Fe, así como el drama humano de inmigrantes como José Taborda.

Taborda, quien fue catedrático universitario en su nativa Colombia, se desempeñaba en Las Cruces como técnico de computadoras. Activo en su comunidad y su parroquia, Taborda incluso recibió el premio Voluntario del Año 2016 de la Cruz Roja por su ayuda en situaciones de emergencia como los Huracanes Katrina y Sandy. Su hijo Jefferson se graduó el año pasado con un grado de bachiller en justicia criminal de la Universidad de Nuevo México. Su esposa, Francia, se dedicaba a la limpieza de casas.

Aunque ha llorado incansablemente la deportación de su esposa, Taborda no pierde la fe y confía en la reunificación de su familia.

“El padre Smith me brindó refugio, mi hijo Jefferson está seguro y gracias a la compasión de los Franciscanos mi hijo (Steven) vive aquí conmigo”, dice Taborda. “Dios nos está dando muchos regalos y no pierdo la fe”.

Giovana Soria contribuyó en este artículo.

Foto principal: Jorge Taborda, un inmigrante indocumentado a punto de ser deportado, cuenta cómo encontró refugio en un centro franciscano para retiros en Mesilla Park, Nuevo México. (Giovana Soria/Nuevo México)

 

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