Recordando los 75 años de los misioneros Maryknoll en América Latina

 

Maryknoll celebró en junio los 75 años de su llegada a América Latina. Ocurrió en 1942, cuando el Padre Maryknoll Alonso M. Escalante—nacido en México y el único sacerdote Maryknoll que hablaba español—lideró el primer grupo de 17 misioneros Maryknoll que llegaron a misión en la Amazonía boliviana, región de Beni en Bolivia.

Desde entonces, la misión de Maryknoll se ha adaptado a la realidad y diversidad cultural latinoamericana. Para nosotros en el Centro Misionero Maryknoll en América Latina (CMMAL)—fundado en 1965 como el Instituto de Idiomas Maryknoll—este 75 aniversario ha sido ocasión para reflexionar sobre lo que hemos aprendido de América Latina.

Para eso preguntamos: ¿Qué aportó América Latina a Maryknoll? y ¿Qué recibieron los latinoamericanos de la presencia de Maryknoll? Las respuestas de misioneros Maryknoll y laicos de América Latina ayuda a vislumbrar una nueva comprensión de la misión actual.
Para el padre Paul Sykora, la misión es ir a los lugares donde otros no quieren ir y estar en medio del pueblo, más que en hacer. Esto me recordó la invitación del Papa Francisco a “salir a las periferias geográficas y existenciales”, y me el aporte de la filosofía latinoamericana que acentúa el “estar” más que el “ser”. Nos hemos acostumbrado a definir la misión por quiénes la hacen y las actividades con que la realizan, pero América Latina nos ha enseñado del valor de lo comunitario.

El padre Francisco Higdon dijo que misión es ayudar a otros a ser misioneros, y que él había aprendido mucho más del diálogo con la gente en las horas de viaje por los ríos del Beni, que en sus propios estudios. En nuestra tierra, los diálogos más profundos se dan, muchas veces en el transporte público, el mercado, la calle, los centros de salud, es decir, donde la vida cotidiana transcurre.

Para el padre Paul Masson, América Latina es como una pedagogía que brota de la vida. “La fiesta en territorio latinoamericano tiene una fuerza transformadora por medio de la cual se conservan las tradiciones y se transmiten valores”; dice. “Al ser invitados a participar aprendíamos sobre los valores más profundos de los pueblos. Los años de Medellín y Puebla nos motivaron a acompañar a campesinos y a las comunidades en el duro tiempo de los conflictos internos de los países del continente. Esta experiencia nos cambió la mirada y nos transformó el corazón”.

Estudiantes del programa de idiomas de CMMAL, expresaron que venir a estudiar aquí transformó su mirada sobre los otros. La dinámica de aprendizaje, la inserción cultural y la vivencia con familias bolivianas, les ayudó a relativizar muchas ideas preconcebidas y a tener un corazón más universal y fraterno.

El padre Esteban Judd usa la imagen de la apacheta—un altar andino erigido en el entrecruce de caminos—para expresar su comprensión de misión, transformada por su experiencia en Perú y Bolivia. Para él, misión es un “encuentro” en el que se comparten saberes y sueños, y en ese compartir se va construyendo el futuro en comunidad.

Algunos empleados de CMMAL expresaron que lo que recibieron de Maryknoll es apoyo y estímulo para poder dar lo mejor de sí, y que para ellos misión es alegría y contagiar buena energía.
Salir a las periferias, estar en medio del pueblo, ayudar a otros a ser misioneros, compartir los gozos y tristezas de los pueblos, mirar a los otros como hermanos y aprender de ellos, gestar encuentro y compartir y contagiar alegría es la misión que Maryknoll celebra en sus 75 años en América Latina.

Foto principal: Mujer indígena camina cargando a su hijo en Cotani Alto, Bolivia.CNS/Bolivia.


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