Ex misionero laico Maryknoll trabaja para construir la paz en nación asiática

 

Poco antes de dejar Afganistán, después de trabajar allí por tres años, miré por la ventana de mi oficina las montañas nevadas que rodean Kabul, la capital. Era feriado por la nieve y las calles estaban casi vacías, con algunos niños lanzando bolas de nieve y hombres quitando la nieve de los tejados de sus casas de barro. Quería llevarme de recuerdo esa escena tranquila, pero también están los edificios con agujeros de bala y los rostros cansados de guerra de los ciudadanos.

Casi 40 años de violencia a manos de gobiernos dictatoriales, grupos étnicos en conflicto y ocupantes extranjeros han dejado cicatrices traumáticas y el fácil acceso a las armas sigue perpetuando la violencia en el país.

Como miembros de una organización no gubernamental internacional, mi esposa Kirstin y yo vinimos a ayudar a fortalecer la capacidad de consolidación de la paz de los afganos que desean una paz duradera.

 

Ex misionero laico Maryknoll trabaja para construir la paz en nación asiática.

Escena tranquila tras nevada en Kabul contrasta las huellas de más de 40 años de violencia en Afganistán. (Cortesía de Merwyn De Mello/Afganistán)

 

Descubrimos que la moral de los afganos estaba en su punto más bajo. Miles desesperadamente recaudan dinero para pagar contrabandistas humanos para ayudarles a huir del país. Casi todas las familias que conocimos tenían un pariente en esta situación. Los afganos, después de los sirios, tienen la segunda población de refugiados más grande del mundo. Sus historias y el hecho de ver tantas familias separadas me dejó desgarrado.

Pienso en Shafi, 28, el hijo de mi primer amigo afgano, un vendedor de frutas. Él dejó la escuela en el sexto grado para trabajar en la tienda de su padre. Solía beber té en su puesto ambulante a mientras me contaba historias de cuando las bombas llovían sobre Kabul cuando era niño. Un día me confió que—en medio de la violencia actual—había decidido huir del país. Sus padres me contaron que después de llegar a Irán, había iniciado su viaje a Alemania. Después de eso, nunca más supe de él. Siempre hay una oración en mis labios por él.

Parte de nuestro trabajo en Afganistán era desarrollar habilidades de resolución de conflictos, particularmente en comunidades donde grupos diversos estaban compitiendo por el limitado acceso a la tierra y a los servicios de agua, electricidad y salud. Por ejemplo, en el distrito de Lal Wa Sarjangal, en el centro de Afganistán, reunimos a 25 líderes religiosos y comunitarios y representantes de jóvenes en un taller de cinco días, para analizar las causas de sus conflictos y buscar soluciones. Fue el primer paso entre nuestro proyecto y la comunidad local para fomentar la paz.

En un hospital oftalmológico, con un personal de 50 personas y miles de pacientes al año, un miembro afgano de nuestra organización vio la necesidad de agregar al programa de capacitación de los técnicos un curso mensual sobre estrategias de consolidación de la paz. Esta capacitación incluyó ejercicios interactivos y actividades de reflexión para mejorar su capacidad de resolver conflictos entre ellos.

 

Ex misionero laico Maryknoll trabaja para construir la paz en nación asiática.

Afgano reacciona ante explosión en Kabul, donde murieron 90 personas. (CNS/Afganistán)

 

El mismo trabajador propuso también el uso de los medios de comunicación para fomentar la paz en su país. Inició un programa de radio en el que se habló sobre el impacto de la violencia en la religión, la identidad, la cultura, la familia y la comunidad. Gente de todas las clases sociales pueden llamar y expresar sus opiniones y preocupaciones, a través de una plataforma que antes sólo era usada por políticos y otras personas influyentes.

Nuestra organización ha trabajado con el Ministerio de Salud Pública de Afganistán para capacitar a 12 profesionales de la salud mental para crear conciencia sobre la necesidad de caminos no violentos para la reconciliación. Este módulo se utilizará para capacitar a los profesionales de salud mental del gobierno en todo el país para abordar el trauma desde un punto de vista médico y social.
En Afganistán he descubierto a personas que irradian calidez y bondad, como no he visto en otros lugares. Mi caminata de 10 minutos a mi lugar de trabajo, viajes de compras semanales y paseos por el vecindario fueron terreno fértil para las interacciones sociales y amistades.

Abdullah, un vendedor de verduras, fue otro de mis mejores amigos en Kabul. Podía confiarle mi alma, describirle mis luchas, hacerle preguntas acerca de su fe musulmana su cultura, e incluso sobre política. Sus respuestas sencillas me revelaron su profunda fe y confianza en Dios. Su carreta de verduras era un lugar de reunión para ricos y pobres, viejos y jóvenes, hombres y mujeres. Pasar tiempo con él era como estar en un oasis de paz. Y Salma, que para mí es una de las voces emergentes de las mujeres en una sociedad donde, según Oxfam International, el 87% de las mujeres han sido abusadas u obligadas a casarse. A los 23 años, Salma se graduó de la universidad y luego una licenciatura en derecho mientras trabajaba en un instituto de consolidación de la paz. Ella trabaja con grupos marginados de mujeres, fortaleciendo su capacidad de liderazgo.

 

Ex misionero laico Maryknoll trabaja para construir la paz en nación asiática.

Mujeres diagraman pasos para construir la paz en su comunidad. (Cortesía de Merwyn De Mello/ Afganistán)

 

He compartido muchas cosas con los afganos, pero ha sido mucho más lo que he aprendido de ellos. Su saludo, As Salaam Alai Kum, (que la paz esté contigo) y sus llamadas diarias a la oración me recordaban mi llamado a ser un vehículo para la paz, y que la oración y la adoración son los elementos esenciales que unen a una comunidad. En tiempos de guerra, los valores de construcción y restauración de las relaciones correctas, tan profundamente arraigados en la cultura afgana, están delicadamente equilibrados.

En nuestra transición a otro lugar, Kirstin y yo oramos para que comunidades y gobiernos de todo el mundo hagan todo lo posible en el marco de la no violencia para contribuir a una paz sostenida en Afganistán. Un Afganistán sanado permitiría a su gente mantener la cabeza alta, contribuyendo sus riquezas culturales al mundo.

 

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