Becas son fruto de solidaridad de un hermano

 

El Hermano Daniel Denis Crimmins, CFC, que en paz descanse, dejó un legado duradero. Falleció en el 2015, después de unos 20 años de servicio voluntario con trabajadores agrícolas. En una cena en el Condado de Ulster, Nueva York, tres estudiantes recibieron becas entregadas en su honor por Reaping the Harvest, una organización que ofrece ayuda a los migrantes, y que fue dirigida por el hermano Crimmins.

El hermano se identificaba con los trabajadores agrícolas. “En las caras de los campesinos,” decía con frecuencia, “veo los rostros de mi propia gente”.

Crimmins, hijo de inmigrantes irlandeses, creció en el Bronx, en la Ciudad de Nueva York. Su madre había encontrado trabajo como empleada doméstica y su padre, en mantenimiento. Cuando Daniel tenía 15 años, su padre sufrió un accidente y murió repentinamente. Consumida por el luto—y a la vez, inspirada por su gran fe—su madre decidió regresar a Irlanda.

“Ese año cambió mi vida”, decía el hermano Crimmins. En su aldea rural, la gente vivía con pobreza material. “No teníamos ni luz eléctrica ni plomería”, contaba el hermano. Sin embargo, le fascinó la cultura irlandesa: “Fue amor a primera vista”.

Los trabajos comunitarios, eventos culturales, la ayuda mutua y las devociones familiares y parroquiales sostuvieron a su familia. Él aprendió que la soledad se alivia con la solidaridad. Fue la gran enseñanza de su vida: buscar a Dios en la comunidad.

Daniel sintió un llamado vocacional. “Lo resistía,” se reía, “pero cuando el Señor te habla, tarde o temprano escuchas” Se integró a la Congregación de los Hermanos Cristianos de Edmund Rice. Antes de llegar a servir con trabajadores agrícolas—el ministerio que ejerció hasta su muerte—fue asignado como maestro y director de escuelas. Trabajó en todos los niveles (primaria, secundaria, hasta universidad), y en toda su trayectoria trabajó con inmigrantes, por lo que decía con frecuencia: “Para las comunidades inmigrantes, la educación es la llave a un mejor porvenir”.

El hermano sabía que por medio de los estudios, las familias podían integrarse en la sociedad y superarse, levantando así a la comunidad en general. Al final de su vida, después de más de 50 años como hermano cristiano, todavía encontraba interesante platicar, en las misas o en las posadas que tomaron lugar en los huertos o empacadoras de manzana, con los hijos de las familias campesinas a quienes motivaba a buscar estudios superiores.

Una de ellos, Jaylene López, recibió la beca hermano Crimmins. “Le decíamos ‘abuelito’”, se acuerda la joven que estudiará finanzas en la Universidad de Nueva York en Potsdam.

Otra premiada, Carolina Girón, es madre joven de dos hijos. Ella trabaja en una clínica comunitaria para personas de bajos recursos. Carolina tiene conocimiento vivencial de las luchas de las familias que trabajan en el campo. Ella se recibirá de enfermera.

La tercera becaria, Neila Vera Martínez, se apasiona por el medio ambiente y le preocupa el daño que estamos haciendo a nuestro único planeta, nuestro hogar. Ella dice: “Remediar estos problemas requiere personas capacitadas, y quisiera ser una de ellas”.

Cuando dejamos una semilla de amor, guiados por el Espíritu Santo, esa semilla brota y florece. La siembra del hermano Crimmins sigue dando fruto.

Foto principal: En su 50 aniversario como hermano religioso, el hermano Daniel Crimmins cumplió el deseo de visitar la Basílica de Guadalupe en México. (Kenney Gould/México)

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