La Conversión de Pablo de Tarso fue Clave para el Cristianismo

 

El 25 de enero, las iglesias luterana, anglicana y católica celebran la conversión de Pablo, posiblemente el evento más importante del desarrollo del cristianismo después de la muerte y resurrección de Jesús y el descenso del Espíritu Santo.

Pablo amplió la identidad y la misión de una secta oscura del judaísmo a una religión dinámica y global.

Antes de su conversión, Saulo de Tarso prefería no estar contaminado (al menos ritualmente) por el contacto con las masas desaseadas, y, como otros fariseos, se enorgullecía de cumplir los 613 mandamientos de la Biblia.

De hecho, era tan diligente por la ley que se comprometió a acabar con ese peligroso grupo de judíos equivocados que seguían las enseñanzas radicales de un rabino de Nazaret que fue crucificado.

Pero un día sucedió algo extraño. Armado con órdenes de arresto y en viaje a Damasco, Saulo fue derribado de su caballo por Jesús de Nazaret, resucitado de entre los muertos.

El diligente Saulo se transformó en el más diligente San Pablo, posiblemente el mejor misionero de la historia cristiana.

Aunque su historia, registrada en Hechos de los Apóstoles no menciona a un caballo, en la mente popular esa imagen enfatiza el punto: Pablo cambió solo después que fue derribado.

Para ilustrar que era una nueva persona, él cambió su nombre de Saulo a Pablo.

Ese encuentro en el camino a Damasco moldea cómo vemos a Pablo y, por extensión, a Cristo. Es a través de las cartas de Pablo que nosotros entendemos quién es Jesús de Nazaret, así como el significado de su vida, muerte y resurrección. Más al punto, Pablo detalla cómo debemos vivir en el mundo como seguidores de Cristo.

En su carta a los romanos, Pablo insiste en que la salvación ocurrió “mientras éramos pecadores”. Cuando Cristo se le apareció, Pablo no estaba orando en el Templo ni leyendo las Escrituras. Estaba pecando, persiguiendo a los cristianos. La visión lo dejó temporalmente ciego, pero finalmente abrió sus ojos, tanto física como espiritualmente a esta verdad: no somos salvados por las obras de la ley, sino por la gracia. Reconoció la inutilidad de tratar de ganar el favor de Dios y se convirtió en un ferviente defensor de la gracia como el agente de la salvación.

Pablo vio su nueva fe en Jesús no como una ruptura con el judaísmo sino como una expansión de él. Pablo quedó convencido de que este nuevo mensaje estaba destinado a todos los pueblos. Fue esta naturaleza todo-inclusiva de la gracia y misericordia de Dios, que los líderes religiosos encontraron indignante y escandalosa. Por eso, Pablo fue expulsado de las sinagogas y ciudades del Mediterráneo.

En su conversión, Pablo tuvo la inspiración de que todos los cristianos forman el Cuerpo de Cristo. Tumbado en el suelo, escuchó una voz: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? … Yo soy Jesús, a quien persigues”. Así se dio cuenta de algo que Mateo describiría en su relato del Juicio Final: lo que le hacemos al menor de nuestros hermanos y hermanas, le hacemos a Cristo.

Pablo se convirtió en el “Apóstol de los gentiles”. Pasó de perseguir a los cristianos a proclamar el Evangelio de Jesucristo. La predicación, los escritos y el ministerio de Pablo condujeron a una religión verdaderamente universal (católica). Nosotros, haríamos bien en emular su ejemplo y visión. Invitemos al mundo a una conversión radical: no necesariamente un cambio de religión sino, más importante, un cambio de corazón.

Foto principal: Conversión de Saulo. Ilustración por Gustave Doré

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