Hermano Maryknoll encuentra que su vocación responde a las necesidades de refugiados en Myanmar

 

Cuando acepté ir a misión en Tailandia en 1990, no tenía idea de que trabajaría con refugiados; pero ayudarlos me ha dado la mayor satisfacción como misionero.

Todavía estaba estudiando tailandés cuando conocí al abad mon/birmano de un pequeño templo budista en Bangkok. Me pidió que enseñara inglés en su monasterio. Siendo un misionero católico recién llegado a Tailandia, dudé. Pero el abad me rogó que los ayudara; ellos también eran recién llegados.

Son refugiados, dijo el abad, que huyeron de Birmania después de la represión militar contra el movimiento en favor de la democracia, en el que participaron los monjes, y la subsiguiente guerra civil.

“Los militares nos dispararon en las calles”, dijo el abad, explicando porqué los sobrevivientes huyeron a Tailandia. “Unos tres mil murieron. Cinco monjes se ahogaron en el río”. Conmovido, acepté enseñar inglés a los monjes. Pronto, uno por uno, comenzó a buscarme para compartir los horrores indescriptibles que habían visto. Pude ver el dolor en sus ojos y me sentí honrado de que tuvieran la suficiente confianza para compartir sus historias conmigo.

Un día, el abad me habló después de clase. “Creo que ya puedo confiar en ti; ven conmigo”, dijo. Me condujo a una habitación con poca luz donde los monjes cuidaban heridos sobre esteras. “¡Por favor ayúdanos!”, dijo el abad. “No estamos legalmente en este país, y si los regresan, el ejército birmano los fusilará”. Usando mis habilidades de enfermero, hice lo que pude. Y con la ayuda de los monjes, logré que los hospitales locales traten a los heridos de manera gratuita.

 

Hermano Maryknoll encuentra que su vocación responde a las necesidades de refugiados de myanmar

Hermano Maryknoll John Beeching (sentado con lentes) visita campamento para refugiados en Myitkyina, donde se donó arroz, aceite y fruta. (John Beeching M.M./Myanmar)

 

Así comenzó mi trabajo, y el de Maryknoll, con los refugiados mon/birmanos, un ministerio que se expandió en una década con el aumento de refugiados que cruzaban a Tailandia por la guerra civil. Otros misioneros Maryknoll se unieron a mi ministerio, incluyendo a afiliados y voluntarios de Maryknoll.

Nuestro ministerio incluyó brindar tratamiento médico a los heridos, prótesis para víctimas de campos minados; ayudar a presentar peticiones de reconocimiento para refugiados ante Naciones Unidas; ayudar con los trámites de reasentamiento y enseñar inglés a quienes pronto serían enviados a nuevos hogares. Compartir este ministerio con los monjes budistas nos brindó una maravillosa oportunidad de aprender más sobre el budismo. Y los monjes llegaron a apreciar el carisma de Maryknoll también.

Con la firma de los acuerdos de alto al fuego en 1995 en Birmania (que el gobierno militar había rebautizado como Myanmar), los varios cientos de miles de birmanos que quedaban en Tailandia ya no eran considerados refugiados sino migrantes. Nosotros, los Maryknoll, continuamos ayudando a los desplazados con varios proyectos, principalmente trabajando con los monjes budistas para operar una escuela para los niños de los desplazados, un trabajo que continuamos hasta hoy. Los estudiantes viven con los monjes en el monasterio y los ayudamos con sus necesidades educativas y de otro tipo, incluyendo alimentación.

 

Hermano Maryknoll encuentra que su vocación responde a las necesidades de refugiados de myanmar

Niños a punto de tomar una siesta en una guardería de uno de los campamentos para refugiados en el norte de Myanmar, administrados por iglesias locales y organizaciones no gubernamentales. (John Beeching M.M./Myanmar)

 

Un día me di cuenta que unos estudiantes trataban de ocultar lo que estaban haciendo. Resultó que estaban compartiendo la comida que les había dado con un niño sordo. Les dije: “No tienen que dejar de comer. Les daré otro plato para el niño”. La generosidad y amabilidad de los niños que tienen tan poco, me conmueven hasta las lágrimas.

El año del alto al fuego marcó otra expansión de nuestra misión en el mismo Myanmar. El Obispo Paul Grawng, del estado de Kachin, al enterarse de nuestro trabajo con los refugiados en Tailandia, nos preguntó si podíamos ayudar en su diócesis. Si bien la constitución de Myanmar prohíbe a los misioneros extranjeros trabajar en el país, confiaba en que podríamos obtener visas de visitante de un mes para servir en su diócesis, enseñar inglés a los seminaristas y ayudar en el orfanato local. La afiliada Maryknoll Margaret Meehan y el voluntario Maryknoll Jim Mulqueen, ambos maestros jubilados de Nueva York, me acompañaron en visitas periódicas a Kachin. Otros representantes de Maryknoll se unieron a esta misión a lo largo de los años.

Hemos descubierto que las necesidades del pueblo en el aislado norte de Myanmar son apremiantes. Los frecuentes combates entre los ejércitos birmano y kachin en muchas partes del estado continúan desplazando a los aldeanos. Cada vez más refugiados internos luchan por llegar a las afueras de Myitkyina, la capital del estado de Kachin, con la esperanza de encontrar refugio seguro en los campamentos, administrados por iglesias locales y organizaciones no gubernamentales.

 

Hermano Maryknoll encuentra que su vocación responde a las necesidades de refugiados de myanmar

Maryknoll y otras organizaciones distribuyen comida a los refugiados internos en los campamentos para refugiados en Myanmar. (John Beeching M.M./Myanmar)

 

Jim Mulqueen y yo seguimos llevando comida y otros auxilios a varios de estos campamentos con la ayuda de sacerdotes y hermanas diocesanos. Algunos de estos campamentos están bastante bien establecidos y cuentan con un refugio adecuado, asistencia médica y entrenamiento de guardería para los niños.

El verdadero problema es la comida. Cuando se abren campamentos como este, reciben ayuda adecuada de las organizaciones internacionales, pero después de varios años, las organizaciones interrumpen la asistencia alimentaria. Mientras tanto, los refugiados no pueden regresar a sus aldeas mientras continúa la lucha, que lleva años. Las iglesias y organizaciones no gubernamentales locales hacen lo que pueden, pero tienen recursos limitados. Hay alimentos en los mercados locales, pero alguien tiene que comprarlos y llevarlos a los campamentos para su distribución. Así es como Jim y yo ayudamos.

Las dificultades de los refugiados de Kachin en Myanmar son un pequeño reflejo de las necesidades de los refugiados en todo el mundo. Ciertamente, la mayor necesidad en Myanmar la enfrenta el pueblo Rohingya. Desafortunadamente, a nadie se le permite visitar donde viven.

Cada cristiano es llamado por el Evangelio para responder de cualquier manera posible a las necesidades de los refugiados. Yo lo veo como un llamado a convertirnos en mensajeros de misericordia. Me siento bendecido de ser uno.

Foto principal: Niños refugiados reciben donativos de frutas en un campamento en las afueras de Myitkyina, capital del estado de Kachin, en el norte de Myanmar. (John Beeching M.M./Myanmar)

 

maryknoll-icon-grey