El director de Vocaciones de Maryknoll comparte su caminar misionero, de toda una vida, y su alegría por el Evangelio

Los serenos ojos azules del Padre Maryknoll Michael Snyder esbozan lágrimas de emoción cuando recuerda el momento en el que descubrió el cumplimiento total de su vocación misionera: la presencia del Espíritu Santo.

Ocurrió hace muchos años, cuando el padre Mike, como prefiere que lo llamen, era seminarista y acababa de completar los cursos de swahili en su programa de entrenamiento misionero en el extranjero en Tanzania.

Ocurrió cuando fue a dar un servicio religioso para la tribu Kuria, de reputación ruda, en la parroquia misionera Kiagata en Musoma. Llegó temprano a la escuela de adobe donde presidiría la oración.

Entre los 40 cristianos allí reunidos, la mayoría niños y ancianos, conoció a Stella, una de las ancianas. Su rostro seco, arrugado y serio, dice el padre Mike, daba la impresión que había chupado un limón agrio y que “yo tenía que terminar mi trabajo y regresar a casa rápido”.

 

El director de Vocaciones de Maryknoll comparte su caminar misionero, de toda una vida, y su alegría por el Evangelio

1. Michael Snyder a los 5 años de edad, en su hogar en Rutherford, Nueva Jersey.
2. Sonriendo el día de su primera comunión en mayo, 1957.
3. De izq. a dcha.: Atrás: Su mamá, Rose, cargando a Monica; su hermana mayor, Mary, su hermano John y su papá, Frank. Adelante: Su abuelita, su hermana, Cathy, y Mike, 1954.

 

Cuando la canción del servicio empezó, el joven Snyder vio a Stella y su rostro adusto, parada frente a él. De pronto fue testigo de un pequeño milagro.

“La vieja Stella empezó a cambiar frente a mis ojos. Sus arrugas comenzaron a suavizarse, su piel comenzó a brillar y sus mejillas redondeaban una sonrisa tan hermosa sobre su rostro. Como hacen los Kurias, ella comenzó a moverse hacia arriba y hacia abajo a ritmo con la música; hasta que finalmente, soltó el ‘vigelegele’, ese tradicional chirrido africano de felicidad”.

A lo largo del servicio, Stella sonrió y contagió su felicidad a todos, incluyendo a Snyder quien sintió una presencia especial en medio de todos.

“Comencé a comprender el poder y la majestad del Espíritu Santo. Cuando volví a la misión más tarde en el día, sentí que había sido bendecido. ¡Yo había visto a Dios!”

Han pasado más de 40 años y hoy el padre Mike es el director de vocaciones de los Padres y Hermanos Maryknoll. Sentado en su oficina hermosamente decorada con arte y recuerdos que trajo de sus 26 años de servicio misionero en África—incluyendo la foto de un niño africano nacido en el 2012 llamado Michael en su honor—él habla sobre su vida misionera y los retos y esperanzas para las futuras vocaciones misioneras con Maryknoll.

“No vamos a tener los grandes números que tuvimos en las décadas de 1950 y 60”, dice el misionero nacido en Lanoka Harbor, Nueva Jersey, explicando que en esa época el proceso de selección era menos estricto y las vocaciones más abundantes.

 

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4. El día de su graduación de la escuela secundaria, en 1968, año en el que también ingresó a Maryknoll College en Glen Ellyn, Illinois.
5. Con su perrito, Linus, en 1968, en el jardín de su casa en Wayne, Nueva Jersey.
6. Snyder con su papá (vistiendo una camiseta de la Universidad Notre Dame) en 1994.

 

Anteriormente, continúa explicando, Maryknoll sólo aceptaba candidatos de Estados Unidos. Ahora, con un mundo cambiando por la tecnología de la comunicación, como el uso de correos electrónicos y medios sociales, la globalización, y los cambios en los conceptos de la Iglesia Católica sobre la misión de Dios en el mundo, la sociedad ha empezado a recibir solicitudes de otros países.

La mayoría de solicitudes todavía llega de jóvenes de Estados Unidos que navegan el Internet por agencias encargadas de ofrecer información sobre vocaciones misioneras como Vision Vocation Network.

Maryknoll recibe alrededor de 400 preguntas sobre vocación por año. El padre Mike responde inmediatamente y mantiene organizada una base de datos, pero el proceso de selección para los jóvenes es largo ya que son inundados de información por diferentes congregaciones, sociedades e instituciones. Una vez, que se realiza un contacto, Maryknoll realiza un contacto personal con las personas interesadas, usando a promotores de vocaciones en diferentes partes de Estados Unidos.

Actualmente, Maryknoll tiene 10 candidatos, incluyendo a cuatro candidatos que vienen de Kenya, quienes estudiaron en una universidad donde un sacerdote Maryknoll era capellán; y uno de Singapur, quien entró en contacto con Maryknoll en Hong Kong. Ese es uno de los requisitos para candidatos del extranjero: que hayan conocido y estado en contacto con un misionero o parroquia donde haya servido un misionero Maryknoll, además de los requisitos para convertirse en sacerdote o Hermano.

 

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Compartiendo con familias de Bunda, Musoma, durante su misión en Tanzania, 1983.

 

En total, el proceso para ser sacerdote o hermano misionero con Maryknoll puede llevar de siete a 10 años, que incluyen estudios académicos, formación espiritual y dos años de entrenamiento en el extranjero. En recompensa, una vida llena de alegría absoluta, dice el padre Mike. Eso es lo que lo atrajo a él y todavía atrae a los hombres que visitan Maryknoll y conocen la vida de servicio de los Maryknoll alrededor del mundo.

Al padre Mike también lo atrajo a Maryknoll el sentido de la aventura misionera. Cuando era estudiante de De Paul Diocesan High School en Wayne, Nueva Jersey, un misionero Maryknoll visitó su secundaria, para dar una charla sobre la vida misionera. Sus padres apoyaron su interés en el sacerdocio porque en aquella época, dice el padre Mike, Maryknoll era conocido como los “marines de la Iglesia Católica”, quienes servían en las periferias, en los lugares más difíciles y lejanos en Asia, África y América Latina.

 

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Aprendió a tocar guitarra en el seminario y desde entonces ha sido fiel compañera en su ministerio. Una de sus canciones entrañables es una versión del Padre Nuestro, que le trae recuerdos de su madre.

 

El padre Mike, ingresó a Maryknoll en 1968 y estudió en Marquette University, Milwaukee, de donde se graduó con un título en Sociología en 1972. Durante su entrenamiento en el seminario, dejó Maryknoll y tomó un empleo como trabajador social por un año. Luego, se dio cuenta que la vida misionera era lo que realmente lo haría feliz. Volvió a Maryknoll y fue enviado como seminarista a su programa de entrenamiento en Tanzania.

“Me enamoré de la vida misionera. Me enamoré profundamente del idioma swahili, de Tanzania, que es como un segundo hogar para mí, y de la comunidad Maryknoll en misión”, dice el padre Mike. A través de Skype, Facebook y otros medios, él mantiene contacto con el pueblo de Tanzania, del que aprendió a tener paciencia, resiliencia a pesar de los mayores retos que existan.

Él acompañó al pueblo de Tanzania en sus momentos más difíciles: en la pobreza, sequías, la muerte y la pandemia del SIDA. “Nunca pierden el corazón y siempre encuentran una razón para reír y sonreír. Ellos me enseñaron a hacer eso”.

 

 

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Con estudiantes de medicina en Dar es Salaam, donde el padre Snyder fue capellán de la Universidad Muhimbili, 2012.

Por eso, el menor número de vocaciones a Maryknoll, en comparación a décadas anteriores, no desanima al padre Mike. “Dios sabe. Él tiene un plan. Tal vez no tengamos muchos misioneros, pero necesitamos la presencia de misioneros en las periferias del mundo”.

Sentado en su oficina, mientras enfoca sus pensamientos en el Espíritu de Jesús vivo y en medio de nosotros, la mente del padre Mike lo llevó instantáneamente a ese día cuando conoció a Stella.

“Fue en ese servicio simple en un lugar tan duro entre una comunidad de personas asombradas que el Espíritu descendió. Y ese día, hace tanto tiempo, un joven seminarista tuvo la clara comprensión de todo lo que le habían enseñado: Dios nunca está lejos de nosotros. Por el contrario, Dios siempre está presente entre nosotros y dentro de nosotros”.

Foto principal: El Padre Maryknoll Michael Snyder, actual director de Vocaciones para los Padres y Hermanos Maryknoll, sirvió en misión en Tanzania por 26 años. (Maryknoll Archives)

 

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