Multitudes llegan a Oklahoma a celebrar que el padre Stanley Rother está más cerca a la santidad

 

Más de 21.000 personas de todo Estados Unidos inundaron Oklahoma City el 23 de septiembre de 2017. Un hijo nativo, el padre Stanley Francis Rother, fue beatificado en su arquidiócesis natal. Estuve allí porque lo conocí. Trabajamos en la Diócesis de Sololá en Guatemala en parroquias vecinas hace 37 años.

La beatificación es el paso anterior a que una persona sea declarada “santa”, un título de la Iglesia Católica que dice: “vale la pena imitar la vida de esta persona”.

“Las beatificaciones casi siempre son en Roma”, me dijo una joven de Texas. “Cuando supe que la beatificación del Padre Stan sería aquí, tuve que venir. Él era increíble”. A lo largo de los siglos, innumerables personas han vivido vidas dignas de imitación, pero pocos han sido beatificados. Tranquilo, caritativo, valiente, asombroso el Padre Stan es uno de esos pocos.

Stan era un campesino de Oklahoma cuyo llamado a servir como sacerdote lo llevó de Estados Unidos, a Guatemala, donde su diócesis administraba la parroquia misionera de Santiago Apóstol.

En un país más pequeño que Oklahoma, la parroquia consistía de un par de pueblos cerca a dos volcanes a orillas del hermoso lago Atitlán. Tzutuhil, la lengua maya hablada por los indígenas empobrecidos de ese lugar no se habla en otro lugar.

Para Stan, la belleza del lugar y los coloridos atuendos tradicionales de la gente contrastaban dolorosamente con su pobreza.

Como Cristo, les dio su compasión, su amistad y su amor. Aprendió el español y el tzutuhil, y promovió la traducción del Nuevo Testamento y la liturgia al tzutuhil. Por primera vez en sus vidas los feligreses entendieron lo que el sacerdote decía en la misa y conocieron los evangelios.

 

Multitudes llegan a Oklahoma a celebrar que el padre stanley rother está Más cerca a la santidad

Alrededor de 2.000 personas fueron a la Misa de Beatificación del mártir estadounidense Stanley Rother. (CNS/Oklahoma)

 

Él compartió su conocimiento y habilidad de campesino y su destreza para arreglar cualquier cosa. Estableció una escuela parroquial y un pequeño hospital. Ayudó a formar cooperativas de tejido y ahorro y fomentó una estación de radio parroquial que transmitía clases de alfabetización, consejos agrícolas y programas religiosos a las muchas aldeas a orillas del lago.

La guerra civil en Guatemala alcanzó su apogeo en la década de 1980 y miles de trabajadores de la Iglesia Católica, tanto laicos como religiosos, eran el blanco para ser eliminados. ¿Por qué? Porque sus esfuerzos por mejorar las vidas y defender los derechos de los pobres, exactamente lo que hacía Stan, estaban comenzando a cambiar el status quo.

Diciendo que esa actividad era comunista, la clase gobernante y el ejército llovieron terror y muerte en las personas con tales aspiraciones. Cuando un destacamento de soldados llegó a la ciudad diciendo que venían a proteger a la gente, Stan le preguntó al comandante porqué tantas personas estaban “desapareciendo” desde que los soldados llegaron. Tales preguntas podrían tener consecuencias letales.

Stan protegió a quienes se escondían de los escuadrones de la muerte, cuidó de las viudas y los huérfanos de los asesinados y fue en busca de los cuerpos de los desaparecidos. A principios de 1981, Stan supo que estaba en una lista de la muerte, regresó a Estados Unidos para discernir y despedirse. Le dijo a su obispo: “El pastor no puede correr a la primera señal de peligro y dejar a su rebaño indefenso”.

Stan no era ingenuo ni temerario; fue comprometido y valiente. Entonces, al igual que Jesús, quien “resueltamente puso su rostro hacia Jerusalén” sabiendo lo que le esperaba, Stan regresó a su parroquia. El 28 de julio de 1981, a sus 46 años, fue asesinado. Stan no fue el primero ni el último sacerdote martirizado en Guatemala, pero como decían los pueblerinos, era “nuestro sacerdote”.

Afuera del gran Centro de Convenciones Cox, en Oklahoma, vi escolares, discapacitados, gente de México y nativos americanos bailando al sonido de tambores. Hubo tantos autobuses transportando pasajeros que algunos dijeron que no había más autobuses disponibles en toda Oklahoma. Cuando ya no cabían más en los 17.000 asientos del centro de convenciones, unos 4.000 fueron dirigidos a otros lugares con enormes pantallas y equipos de sonido.

En el interior, me senté con otros religiosos, incluso algunos de Guatemala que habían trabajado con el padre Stan. En un comentario sobre la ceremonia, la fanfarria y las declaraciones oficiales de los obispos y dignatarios, la Hermana de los Adoradores de la Sangre de Cristo Marita Rother—hermana de sangre de Stan—comentó: “Stan hubiera dicho: ‘¿Qué es todo este alboroto?’”

Como los católicos son solo un 8% en Oklahoma, muchos choferes no sabían cuál era el alboroto. Uno de ellos dijo: “Muchas personas están llegando a este ‘embellecimiento’ (beautification)”. Y pensé que esa era una buena manera de explicar este evento: es el embellecimiento de la Iglesia Católica por Stanley Francis Rother, sacerdote y mártir.

Foto principal: Fieles marchan con pancartas del Beato Stanley Rother antes de su beatificación en Oklahoma City en septiembre del 2017. (CNS/Oklahoma)

 

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