Una carta de Harry, un compañero en misión de Maryknoll

Poco después de que me ordené sacerdote Maryknoll en junio 1998, recibí una carta de felicitación con fotos de la ceremonia. Desde entonces, cada año recibí tarjetas por mi cumpleaños, por mi aniversario de ordenación y por Navidad y Pascua. No eran simples tarjetas, sino cartas personales escritas a mano por un hombre al que nunca había recordado haber visto cara a cara.

Cuatro años después, en una celebración de jubileo en Maryknoll, me presentaron a Harry Florentine. “¡Harry!”, exclamé. “¡Eres Harry Florentine, el hombre misterioso que me ha enviando cartas todos los años!”

Más tarde, supe que Harry había escrito cartas de apoyo a muchos sacerdotes y hermanos Maryknoll a lo largo de los años. De hecho, su relación con Maryknoll comenzó hace más de 50 años. Honestamente, no podría contar su historia mejor que él, así que comparto extractos de una carta que me escribió hace tres años.

“Han pasado cincuenta años que comencé un viaje con Maryknoll, un viaje misionero en un sentido muy real. Mi viaje es inusual ya que nunca me convertí en un misionero Maryknoll y nunca trabajé en el extranjero, pero caminé un camino paralelo al de los misioneros, creyendo totalmente que somos ‘socios en la misión’”.

“Maryknoll ha formado mi pensamiento, me sacó del estrecho mundo parroquial y me permitió ver realmente a los pobres, los exiliados… “

“Era un hermoso y soleado día de verano de 1964. Era un recién graduado de la universidad y había comenzado mi primer trabajo real. Conocí a Maryknoll desde que tengo memoria porque la revista MARYKNOLL siempre estaba en la mesa de centro de nuestra sala y mis padres se hicieron patrocinadores de ‘un dólar al mes’, después que un sacerdote Maryknoll predicó en nuestra parroquia. Mi mamá y mi papá estaban orgullosos de ser donantes de Maryknoll y esos dólares mensuales fueron los primeros ‘pagos’ de cada mes”.

“Un día… me pidieron reorganizar el programa de educación religiosa de mi parroquia. Acepté el desafío y descubrí que mis maestros eran seminaristas de Maryknoll. A través de mi contacto con ellos, desarrollé amistades y el resto es historia. Cartas de todo el mundo de amigos de Maryknoll me abrieron a un mundo totalmente nuevo y me permitieron de alguna manera acercarme directamente y ayudarlos en su trabajo misionero en el extranjero. Con los años, conocí a más misioneros Maryknoll, y fui invitado a las ordenaciones y celebraciones de jubileo”.

“Cuando me jubilé quise hacer trabajo voluntario en Maryknoll. Gracias al Hermano Maryknoll, Kevin Dargan, me convertí en voluntario en la biblioteca de Maryknoll, y conocí a muchos misioneros jubilados que viven en el centro”.

“Maryknoll ha formado mi pensamiento, me sacó del estrecho mundo parroquial y me permitió ver realmente a los pobres, los exiliados… Debido a Maryknoll, pienso de manera diferente, rezo de manera diferente y definitivamente estoy abierto a ver la humanidad, el medioambiente y los recursos de nuestro planeta a la luz del Evangelio no tanto en términos de caridad, sino en términos de justicia”.

Poco después de que Harry escribiera esta carta, pude darle la bienvenida a una visita a mi misión en São Paulo, Brasil.

Recientemente, recibimos la triste noticia de que Harry falleció el 4 de noviembre 2017. Podemos estar seguros de que continúa derramando oraciones y bendiciones mientras continúa siendo un compañero en la misión con tantas personas en todo el mundo de Maryknoll.

¡Que Dios te bendiga, Harry! ¡Gracias por tu inspiración y compromiso con la misión de Dios!

Foto principal: El Padre Maryknoll Timothy Kilkelly con Harry Florentine en una celebración en el centro Maryknoll en Nueva York. (Cortesía de Timothy Kilkelly/Nueva York)

 

maryknoll-icon-grey