Inmigrante visita a la Virgen de San Juan de los Lagos, en Jalisco, México

 

En la ciudad de San Juan de los Lagos en el estado de Jalisco, México, se encuentra una pequeña estatua de la Virgen María—y una devoción enorme. Esta imagen es una advocación de la Inmaculada Concepción, conocida por sus fieles como la Virgen de San Juan de los Lagos.

Aprendí del fervor de sus devotos por medio de Francisco, un inmigrante que actualmente vive en Kingston, Nueva York. Cuenta Francisco que durante el año, van millones de feligreses en peregrinaciones a pie, en bicicleta o en vehículos. “Desde niño tuve el deseo y la intención de acompañar a mi madre en una peregrinación. Nunca me lo permitió, porque ello representaba que yo faltara muchos días a la escuela. En mi afán de satisfacer mi curiosidad, preguntaba qué y cómo eran las peregrinaciones”, dice Francisco. “Me decían que era un retiro espiritual; que era un caminar renovando nuestra entrega a Dios por medio del sacrificio y la oración, donde el camino es Cristo y la ruta es la fe. O simplemente me decían que caminar a visitar a la Virgencita a su casa es algo hermoso”.

Ya de adulto, Francisco tuvo la oportunidad de cumplir su deseo. Muchas personas hacen la peregrinación para expiar algún pecado; otros, para pedir una gracia (por la intercesión de la Virgen); y otros como agradecimiento por peticiones concedidas, lo cual se conoce popularmente en Jalisco como “ir a pagar una manda”. Pero el motivo de Francisco era muy simple: él quería experimentar la devoción.

“Pude comprobar que es una experiencia gratificante y plena en la profesión de la fe”, dice Francisco.

Después de unos años de casados, Francisco y su esposa decidieron que, para dar educación superior a sus cuatro hijos, él tendría que trabajar en el extranjero. Ahora que vive tan lejos de su casa, cuando se siente solo o triste, acordarse de las peregrinaciones le da fortaleza.

En sus recuerdos de las peregrinaciones, dice Francisco, él ve a “grupos numerosos de gente cantando o rezando; a hombres y mujeres con sus maletas o mochilas en la espalda, algunos cargando niños en sus hombros; y hasta algún anciano caminando lastimosamente, avanzando escasamente en cada paso y uno piensa que ese pobre hombre no va a poder recorrer los kilómetros que faltan”. Pero al término de la jornada grande es el júbilo al ver a la gente llegar, incluyendo al anciano, continúa Francisco. Al final de la peregrinación se reconoce la grandeza de la devoción y la fe.

“Me decían que era un retiro espiritual… donde el camino es Cristo y la ruta es la fe”.

De cierto modo, las reflexiones de Francisco sobre la peregrinación son semejantes a las experiencias de los inmigrantes. Francisco explica: “Cada uno de los peregrinos, tiene que dejar por esos días a su familia; tiene que renunciar a las comodidades de su casa; soportar las inclemencias del tiempo; vivir limitaciones económicas y ofrecer su cansancio”. Además, durante la peregrinación, hay que depender de la caridad de la gente, igual como muchos inmigrantes en tierras lejanas.

Ya que sus hijos están creciendo y logrando sus estudios, Francisco piensa regresar con su familia y hacer la peregrinación a San Juan de los Lagos nuevamente. “Reitero mi convicción de que ir en peregrinación es una experiencia gratificante y enriquecedora, pues se favorece la práctica de los valores cristianos, donde se ven enormes muestras de devoción y fe”, dice Francisco. “Se ora, se canta, se escucha la Palabra. Y se alaba la grandeza e inmensa misericordia de Dios”.

Foto principal: Alrededor del mundo, muchos peregrinos comparten una devoción a la Virgen María. (CNS/Portugal)

maryknoll-icon-grey