Talleres de sanación de dos misioneros ayudan a personas de todo el mundo a superar sus traumas

 

En febrero de 2010, apenas un mes después que un terremoto de 7,0 grados de magnitud devastara Haití, el Padre Maryknoll Dennis Moorman descubrió la necesidad urgente de usar sus habilidades recién adquiridas.

El equipo médico de voluntarios con el que Moorman fue a Haití no podía encontrar las causas médicas para el dolor reportado por algunas personas. “Mostraban síntomas típicos de traumas no resueltos”, explica el padre Moorman, quien acababa de completar sus estudios en terapia de sanación de trauma. Los sobrevivientes no sólo estaban afligidos por las casi 300.000 muertes a causa del terremoto, también “luchaban por hacerle frente a las demandas cotidianas de supervivencia como encontrar refugio, comida y agua potable”.

El padre Moorman recuerda a una mujer que perdió a su esposo y también su casa en el terremoto de Haití.

“No dejaba de repetir: ‘Tengo ocho hijos y tengo que alimentarlos… No puedo dormir y no puedo comer. Lo único que puedo hacer es pensar en alimentar a mis ocho hijos’”, dice Moorman. Al darse cuenta de que la supervivencia de sus hijos dependía de la madre, el padre Moorman le preguntó: “¿Qué es lo que te da fuerza en medio de esto? ¿Tienes algún recurso espiritual?”

Ella dijo: “Bueno, lo único que se me ocurre es Jesús en la cruz”. El padre Moorman contestó: “Toma un tiempo para ti, ve a encontrar a Jesús en la cruz”.

Cuando se calmó, dice Moorman, pudo ir a ese lugar tranquilo dentro de ella misma. Después de ese momento, agrega, su rostro se relajó y comenzó a cantar y alabar a Dios. Esta experiencia la ayudó a encontrar la energía interna para salir del trauma que la paralizaba y ver nuevas opciones para alimentar a sus hijos, agrega el sacerdote.

 

Feligreses de la parroquia donde el padre Moorman es sacerdote, en Brasil. El ministerio del misionero consiste en entrenar a otros a curar sus traumas. (Nile Sprague/Brasil)

 

En su ministerio, el padre Moorman trabaja con personas que sufren múltiples tipos de trauma, desde sobrevivir desastres naturales, crecer en situaciones de violencia doméstica, o simplemente vivir con los desafíos de tratar de superar la pobreza diaria.

“El trauma es algo que abruma nuestro sistema nervioso”, dice el padre Moorman. “Nos afecta física, espiritual y emocionalmente”. Explica que el trauma puede causar depresión y falta de energía, o ataques de pánico y ansiedad. También puede causar que el cuerpo y el sistema nervioso se cierren, provocando una disociación de la realidad, lo que limita la apertura a las posibilidades de la vida.

En 2011, el padre Moorman, quien sirve en misión en Brasil, regresó a Haití, esta vez con la Hermana Maryknoll Euphrasia (Efu) Nyaki, quien es profesora en el Somatic Experiencing® Trauma Institute (SETI) en Brasil. El padre Moorman dice que entrenaron a voluntarios para ayudar a gente que sufre de traumas, a través de la Experiencia Somática para la resolución del trauma, “un método neurofisiológico de sanación” para ayudar a las personas a comenzar a superar el trauma.

Utilizando su conocimiento de diferentes terapias, el padre Moorman y la hermana Nyaki desarrollaron un taller de cinco días para enseñar a la gente lo que el sacerdote llama “primeros auxilios para el trauma”.

Las habilidades básicas para superar el trauma, dice Moorman, consisten en: estar en contacto con el cuerpo y las sensaciones, respirar adecuadamente, encontrar recursos curativos y emplear la capacidad innata de sanación del cuerpo. “Despertar la conciencia a la fisiología de nuestro cuerpo es lo que libera su potencial de sanación”, dice el misionero.

Después de Haití, el padre Moorman y la hermana Nyaki han trabajado en Brasil, Bolivia, Uruguay, Hong Kong, Japón y Corea para ayudar a las personas a superar los efectos negativos del trauma, y entrenar a aquellos a quienes les gustaría mejorar sus habilidades para lidiar con el trauma pero no puede estudiar estos métodos.

Los efectos transformadores del entrenamiento pueden ser notables. Después del segundo día de entrenamiento, un joven que no había podido dormir bien desde que su esposa murió y lo dejó solo para cuidar a su hija de seis meses, pudo hacerlo.

“La gente me pregunta muchas veces: ‘¿Qué tiene que ver el trabajo que haces como terapeuta con ser misionero o sacerdote?’ Yo digo: ‘Bueno, ¿qué hizo Jesús? Jesús fue a curar gente’”, dice. “Como misioneros Maryknoll, trabajamos especialmente con personas que pasan por dificultades en la vida y la mayoría están traumatizadas de una u otra forma, por lo que al realizar el trabajo de sanación, en realidad las estamos ayudando a reconectarse consigo mismas”.

El padre Moorman necesitó la Experiencia Somática para curar su propio trauma tras años de presenciar violencia durante su misión en João Pessoa, Brasil. “Tenía pesadillas; me traumaticé a pesar de que nunca sufrí ninguna violencia directa”, dice.

 

El padre Moorman (polo azul) y la hermana Nyaki (vestido amarillo) felicitan a participantes de un curso de Experiencia Somática en João Pessoa. (Cortesía del padre Moorman/Brasil)

 

Al ver el resultado de la Experiencia Somática, Moorman estudió ese método de terapia por tres años. Le impresionó la simplicidad del método para ayudar a los demás, así como su impacto en su propia sanación. “Es útil en el ministerio porque ves resultados rápidamente”, dice.

Él pensó que esa herramienta de sanación ayudaría a las personas a las que servía en Brasil, porque la mayoría no tiene los recursos para ir a terapia tradicional todas las semanas. Él podría ayudarlos a aprender a manejar su propio estrés, ansiedad y problemas de trauma para continuar la sanación por sí mismos.

El padre Moorman, quien creció en una zona del campo cerca a St. Maurice, Indiana, ahora trabaja con diferentes organizaciones de sanación de traumas en Brasil, incluyendo un centro de sanación holístico dirigido por la hermana Nyaki y un programa de justicia restaurativa; además de su trabajo como sacerdote en Perús, en las periferias de la ciudad de São Paulo. Sin embargo, dice, entrenar a otros en terapia de sanación de trauma en todo el mundo se ha convertido en su principal misión. “Se podría decir que ahora el mundo es mi misión”, dice.

Otros misioneros Maryknoll han invitado al padre Moorman y a la hermana Nyaki a compartir su taller de trauma en los países que sirven, y muchos de los participantes se han vuelto voluntarios para ayudar a otros a lidiar con sus traumas.

Ese fue el caso de Moisés, que había sido encarcelado y torturado debido a sus esfuerzos por organizar sindicatos en Corea del Sur en la década de 1980. “Moisés asistió a los talleres de sanación y ha superado el trauma en gran medida”, dice el Padre Maryknoll Russell Feldmeier, quien invitó a los misioneros a compartir su taller de sanación de trauma en 2012. “Ahora Moisés lidera programas de curación y crecimiento personal”.

“Dennis y Efu los conducían a la sanación de una manera muy suave y delicada. Eran muy respetuosos de la persona”, dice Feldmeier. En los talleres “los invitaron a asumir la responsabilidad de su propia sanación”.

Después del taller inicial, los trabajadores tuvieron reuniones mensuales para continuar el proceso de sanación y cada año el padre Moorman y la hermana Nyaki regresaron para continuar el entrenamiento. “Cuando las personas curan su trauma, pueden relacionarse mejor con los demás y vivir vidas más plenas”, dice la hermana Nyaki, originaria de Tanzania.

 

Usar la conciencia corporal como una palanca para la sanación es una de las cosas que el Padre Moorman enseña en sus talleres de sanación del trauma.

Usar la conciencia corporal como una palanca para la sanación es una de las cosas que el Padre Moorman enseña en sus talleres de sanación del trauma.

 

Esa posibilidad de una vida más plena es lo que llevó a Tania Ávila, una facilitadora del Centro Misionero Maryknoll en América Latina (CMMAL) a llevar el taller al centro con sede en Cochabamba, Bolivia. Las técnicas holísticas que las personas aprendieron, dice Ávila, les permitió usar la conciencia corporal como una palanca para la sanación.

“Vi cómo las personas enfrentaban sus miedos poco a poco, armándose de herramientas para lidiar con su trauma”, dice Kitty Schmidt, profesora de idiomas del centro. “Se sintieron más libres, fortalecidos, apoyados”.

Capacitar a los líderes comunitarios en todo el mundo, agrega Moorman, multiplica los esfuerzos para disminuir el trauma y el sufrimiento.

En cualquier país al que sean invitados, la hermana Nyaki y el padre Moorman esperan continuar capacitando a gente para ayudar a otros a llevar vidas plenas y llenas de esperanza después del trauma.

Nile Sprague, un fotógrafo que vive en California, contribuyó con el artículo.

Featured Image: El Padre Maryknoll Dennis Moorman y la Hermana Maryknoll Efu Nyaki (1ro y 2da izq.) lideraron talleres de sanación del trauma en Cochabamba, Bolivia. (Centro Misionero Maryknoll en América Latina/Bolivia)

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