Grupo de católicos americanos participan en un viaje misionero a la Frontera de México/Estados Unidos

Cuando emprendió un viaje misionero a la frontera, Matt Gray, un educador religioso de la Diócesis de Oakland, California, dijo: “Quiero ampliar mis propios horizontes, ver diferentes culturas y encontrar a personas que luchan”. Él y otros seis católicos americanos tuvieron oportunidad para hacer eso en el Viaje de Inmersión Misionera Maryknoll a Ciudad Juárez, México y El Paso, Texas.

El viaje de cinco días fue organizado por los Padres y Hermanos Maryknoll en colaboración con el Programa de Concientización sobre la Frontera de los Padres Columbanos. En el viaje, los participantes conocieron los rostros humanos de las personas afectadas por los problemas sociales en la frontera.

En Ciudad Juárez, el grupo visitó el Centro el Buen Pastor, una biblioteca para niños en Puerto de Anapra, uno de los vecindarios más pobres y violentos de la ciudad. Guiados por el Padre Columbano Robert Mosher, el grupo conoció a Cristina Estrada, quien administra el proyecto educativo.

Participantes de un viaje misionero a la frontera visitan la Iglesia Immaculate Heart of Mary en Westway, Texas

El Padre Maryknoll Robert Coyne, saluda a una familia que asistió a la misa que celebró en la iglesia Immaculate Heart of Mary en Westway, Texas. (Giovana Soria/Texas)

El programa apoya a más de 300 estudiantes con útiles escolares y becas, y ofrece un programa extraescolar. “Ayudamos a los niños a inscribirse en la escuela y con sus tareas”, dice Estrada. “Tratamos de conservar a las familias unidas para que no crucen la frontera y esperamos que los estudiantes terminen su universidad y encuentren trabajos aquí”.

En ese mismo vecindario, los participantes observaron cómo los niños—como si estuvieran privados de su libertad—se cobijaban en la sombra del divisorio muro de metal de 18 pies de altura para jugar bajo el radiante y abrazador sol de la frontera.

Luego visitaron una de las más de 400 maquiladoras ó fabricas que existen en Ciudad Juárez—una ciudad con más de 1,5 millones de habitantes. Estas fábricas atraen a personas desesperadas por trabajo. Los dueños justifican el bajo salario de 33 dólares a la semana porque ofrecen trasportación, seguro médico y Seguro Social a los empleados; pero a menudo ocultan factores negativos como condiciones de trabajo peligrosas.

Ese fue lo que descubrió Estrada. Antes de empezar en la biblioteca, ella trabajó en una maquiladora por 22 años. “Me lesioné y me quemé las manos en el trabajo”, dice ella. “Recuerdo cuando la ambulancia me llevó a casa con mis manos vendadas después del accidente. No usé mis manos por siete meses”. Después del accidente, ella fue despedida sin ningún beneficio.

Misionero Maryknoll Coyne celebra una Misa en Texas, durante un viaje misionero a la frontera de un grupo Maryknoll

Sonrientes niños asisten a la misa dominical, que celebró el misionero Maryknoll Coyne en Texas. (Giovana Soria/Texas)

El viaje de concientización fronteriza sirvió para que Leona Jewett, nacida en la Reservación de Pine Ridge en Dakota del Sur, compare la vida en Juárez y en la reservación nativo americana donde creció. “El mismo nivel de pobreza, falta de agua potable y de trabajo me recuerdan de donde vengo y me ayuda a reconocer a Cristo en los pobres”, dice ella, una profesora que desde hace 20 años vive en El Paso, Texas. “A veces me veo como una ‘migrante indígena’, y me identifico con los migrantes que saben qué es dejar a sus familias para integrarse a una nueva comunidad”.

Los participantes conocieron lo diferente que es la vida en ambos lados de la frontera. En Ciudad Juárez vieron niveles de pobreza y pocos servicios educativos y médicos; en El Paso, carreteras pavimentadas, negocios prósperos, buena infraestructura y mejores servicios.

Para profundizar la experiencia fronteriza, el grupo, que se hospedó en el Centro Misionero Columbano en El Paso, fue alentado a una estadía simple, siguiendo pautas para el cuidado de la creación como el compostaje de residuos de comida. “Tratamos de escuchar el llanto de la tierra y de los pobres”, dice Mosher. “Ambos son víctimas de las perspectivas limitadas de los consumidores que la sociedad ha alimentado en nuestras vidas”.

Conocer a los migrantes en la frontera reafirmó la empatía que Kathleen Mick, una profesora de Español de una escuela en Toledo, Ohio, tiene con ellos. “Quería descubrir más sobre las dificultades de las personas en la frontera, ser consciente y entender”, dice ella. “Pude ver su luz. Estoy agradecida por eso. Tengo amigos indocumentados y ellos valoran mucho su fe y religión. Los recién llegados necesitan nuestro apoyo y lo que podamos ofrecerles, pero nosotros también necesitamos de ellos”.

La experiencia fronteriza no sólo fue para observar sino también para compartir. Los visitantes invitaron a cenar a 50 migrantes de Annunciation House, un refugio para migrantes, donde la Hermana Maryknoll Lelia Mattingly es voluntaria. La mayoría eran centroamericanos, quienes huyeron de la violencia y la pobreza. Durante la cena, se compartieron esas historias.

Centro el Buen Pastor, una biblioteca para niños en Puerto de Anapra, México. Un grupo misionero visito el centro durante un viaje misionero a la frontera

Cristina Estrada dirige el Centro el Buen Pastor, una biblioteca para niños en Puerto de Anapra, México. El centro ayuda a más de 300 estudiantes en esta área. (Giovana Soria/México)

“Es triste saber cómo luchan y otros mueren por ayudar a sus familias. Ahora entiendo el lado humano de la inmigración”, dijo Agnes Stipetich, una profesora jubilada de Menomonie, Wisconsin. “Esta experiencia me hace entender que no es fácil aprender un nuevo idioma. Sé algo de español, pero fue difícil hablar”.

La mayoría de migrantes que asistieron a la cena con sus hijos eran mujeres, quienes llegaron a El Paso hace unos días y los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE) les llevaron a Annunciation House.

El último día del viaje de experiencia misionera en la frontera, los visitantes asistieron a una misa en la iglesia Immaculate Heart of Mary en Westway, Texas, donde Padres Maryknoll han acompañado a los migrantes desde 1998. El Padre Maryknoll Robert Coyne celebró la misa. “Un 60 por ciento de nuestra comunidad son indocumentados y no quieren hablar de eso”, dice Coyne, quien recientemente regresó de su misión en la frontera a la sede de Maryknoll en Nueva York.

Al reflexionar sobre su experiencia, Gray dice que aprendió sobre leyes de inmigración y concluyó que la frontera es como un jardín: “Dentro de la frontera hay una siembra, donde encontramos personas como Estrada, quien está regalando vida y prosperidad. Su historia es de resurrección”.

De regresó a casa en California, él compartió su experiencia con las personas que sirve. Gray usó el modelo de la Doctrina Social de la Iglesia de Ver, Juzgar y Actuar con su grupo y contó historias de su viaje. Luego él reflexionó con su grupo y les animó a conectarse con los más vulnerables en su comunidad.

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Si desea información sobre viajes de inmersión misionera visite esta página de los Padres y Hermanos Maryknoll.

 

Foto principal: Izq. a dcha: Padre Columbano Robert Mosher, Matt Gray, Kathleen Mick, Agnes Stipetich, Leona Jewett, Walter Hidalgo, Kevin Foy y Darrin Mortenson quienes participaron en el viaje de inmersión misionera en la frontera entre México y Estados Unidos.(Giovana Soria/México)

 

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