Amor y guía espiritual de alta seguridad

Fue a mediados de la década de 1950, cuando los trabajos escaseaban, que Ángela Brennan, de 17 años, dejó su comunidad rural en Ardara, Donegal, Irlanda, y abordó el trasatlántico SS América rumbo a Nueva York en busca de trabajo. Esa joven nunca imaginó que 64 años más tarde sería una Hermana Maryknoll que otorgaría amor y guía espiritual en cárceles de alta seguridad en El Salvador.

Durante los últimos 7 años, la hermana Brennan, ahora con 81 años, ha visitado a los “privados de la libertad”, como prefiere llamarle a los presos, en algunas de las cárceles más necesitadas y hacinadas de El Salvador. No le incomoda viajar cuatro horas y media de ida y luego de vuelta en un sistema de autobuses locales lento, y luego pasar por tres controles de seguridad para visitar una prisión. Con acento típico irlandés, dice: “A veces es un poco fastidioso, pero leo o duermo en el autobús y vale la pena el sacrificio. Ellos (los prisioneros) están muy agradecidos por cualquier inversión de tiempo y cuidado que hago”.

 Hermana Brennan posa al lado de una pintura de misioneras que murieron el El Salvador. Ella ofrece un ministerio en las prisiones

La hermana Ángela Brennan en la Casa de las Hermanas Maryknoll en El Salvador. (Sean Sprague/El salvador)

La hermana Brennan ingresó a Maryknoll en 1957 y tomó sus votos perpetuos en 1966. Ha servido en Namibia, Chile, Islas Marshall, Los Ángeles, Hawái y Brooklyn, donde probó el ministerio de las prisiones. Ella siempre quiso una misión en El Salvador y su deseo se concedió en el 2010.

A menudo denominada la “capital mundial de los asesinatos”, El Salvador, con su historia de guerra civil y escuadrones de la muerte, especialmente entre 1977 y 1992, era uno de los países más peligrosos del mundo para el personal religioso, que era visto como subversivo por el gobierno por defender los derechos de los oprimidos. El arzobispo Romero, y cuatro religiosas, incluyendo a las Hermanas Maryknoll Maura Clark e Ita Ford, fueron asesinados durante la década de 1980.

Pero aunque los disturbios políticos y la persecución de miembros de la iglesia terminaron, la violencia fue reemplazada por la de las pandillas, el crimen organizado internacional, el narcotráfico y el lavado de dinero, que sólo han elevado la población carcelaria. La hermana describe la sobrepoblación: “Trabajo en la cárcel de hombres más grande del país, construida para 800, pero ahora tiene entre 6.000 a 7.000 reclusos. También trabajo en la cárcel de mujeres, construida para 400 pero ahora tiene más de 2.000”.

Aunque para la mayoría de nosotros el interior de esas cárceles sofocantes y abarrotadas parece inhumano, ha habido mejoras en los últimos años. Además, el nuevo director general ha prometido reducir la sobrepoblación en un año. Cuando la hermana Brennan vino por primera vez, la seguridad en las cárceles estaba bajo control militar; eso cambió pero, con la violencia cada vez más profunda, el personal militar ahora está involucrado de nuevo, desafiando a los directores más iluminados a agregar un toque humano.

La mayoría de las cárceles ahora se suscriben al programa Yo Cambio que enseña habilidades como carpintería para que los presos liberados estén mejor equipados para encontrar trabajo. Los que están en ese programa visten camisetas amarillas o anaranjadas brillantes, y la hermana se siente alentada por la forma en que se ha puesto de moda. Debido a que muchos han tenido sólo unos pocos años de escolaridad, la mayoría de las cárceles, en colaboración con el Departamento de Educación, brindan clases primarias y secundarias para compensar las oportunidades perdidas. Los programas de abuso de drogas y alcohol, resolución de conflictos y de promoción de valores son obligatorios.

La hermana Brennan le da clases a presos en las prisiones de El Salvador

La hermana Brennan da clases a presos en una cárcel en El Salvador. (Sean Sprague/El Salvador)

Brennan enseña escritura, teología y un curso llamado Buscando una Espiritualidad Personal. Muchos reclusos pierden el contacto con sus familias, que se sienten intimidados por los registros de seguridad que deben someterse a la prisión, no tienen dinero para viajes largos en autobús o tiempo libre para visitar; algunos han muerto. Los presos a menudo se quedan sin los elementos básicos de la vida, como pasta de dientes, y más aún sin personas que se preocupan por ellos. Aunque en su mayoría son de carácter fuerte, la mayoría reciben las expresiones de amor y comprensión, y se sienten animados por las visitas semanales de voluntarios y obtienen un enorme valor de ellos. La hermana Brennan solicitó por años que le concedieran el permiso para visitar a los clasificados como “más violentos”. Un comentario típico de ellos, es: “Hasta que llegaste nadie quería acercarse a nosotros. Pensé que no era nada, no había razón para seguir viviendo, nadie nos dio valor, nadie nos dijo que Dios nos ama incondicionalmente … ¡pero ahora quiero salir y compartir la Palabra! Sus privilegios ahora incluyen ir a la escuela y a los programas Yo Cambio”.

La hermana Brennan se siente positiva con respecto a los intentos de rehabilitar a los reclusos en los últimos años: “Estoy muy feliz de ver el gran número de personas que se excusan de su sector penitenciario para asistir a la escuela, uno capta su entusiasmo y logros. Algunos cocinan las comidas vestidos como cocineros, muchos trabajan en la panadería o están trabajando duro en las enormes carpinterías, o haciendo uniformes escolares bajo contrato del gobierno, o creando artesanías, así como pinturas más sofisticadas. Para muchos, estos son talentos recién descubiertos. Algunos practican música durante horas, después de haber formado una orquesta que toca a tiempo en grandes eventos”.

Las hermanas Maryknoll que sirvieron recientemente en El Salvador

Las hermanas Maryknoll que sirvieron recientemente en El Salvador (de izq. A dcha.) Gloria Agnes, Cecilia Vandal, Angela Brennan y Mary Annel. (Sean Sprague/El Salvador)

Pero las cárceles de El Salvador siguen siendo lugares extremadamente sombríos, y la hermana Brennan tiene un desafío constante, ya que el acceso está condicionado por circunstancias internas (registros, castigos, infecciones, muertes), comprensibles pero frustrante. Ella debe ser obstinada para continuar su trabajo. La misionera se sintió eufórica cuando se le permitió evangelizar en Zacatecoluca, la prisión de máxima seguridad. Los presos asistían a clases esposados. Sus oportunidades de consejería espiritual incluyó a líderes de pandillas siempre mantenidos en un aislamiento extremo. Esta es una de las cárceles a las que hoy se niega cualquier contacto desde el exterior y ella está convencida de que el retiro de la pastoral ha aumentado la amargura y deseos de venganza, y en última instancia ha victimizado a más personas.

La hermana Brennan sopesa los pros y los contras del sistema penitenciario en El Salvador y concluye: “Esto no es para negar que hay tristeza aquí. Después de todo, estamos hablando de una prisión, pero muestra lo que se puede hacer con liderazgo bueno y justo, organización creativa y facilitación por parte de voluntarios de la Iglesia, además de servicios estatales como la educación”. Ella explica que en un país donde el desarrollo es increíblemente difícil debido a la violencia generalizada, aquellos que no tenían esperanza antes pueden ser, y están siendo, ayudados a recuperar un sentido de dignidad, o tal vez descubrirlo por primera vez. “Las personas como yo somos doblemente bendecidas por ser testigos de su tremenda fe, humildad y paciencia, pero especialmente por tener el privilegio de contribuir a su autoestima y guiarlos a vivir en el futuro mientras conservamos su pasado solo como un recuerdo lejano. Un capítulo en el largo proceso de aprendizaje que inspira la vida de todos. Y sí, hay fe, esperanza y amor, dice San Pablo, ¡pero el más grande de todos es el Amor!”

Foto principal:La hermana Brennan da clases a presos en una cárcel de máxima seguridad en El Salvador. (Sean Sprague/El Salvador)

 

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