El buen trabajo de Fred

Atrás quedaron los días en los que el Padre Maryknoll Frederick Hegarty trajinaba los caminos abruptos de las zonas rurales de Chile para compartir el Evangelio con los campesinos. Ahora, a los 91 años de edad, se desplaza principalmente en una silla de ruedas en el hogar para misioneros Maryknoll retirados, en Nueva York. Pero al celebrar su 65 aniversario como sacerdote su entusiasmo por la misión y la vida es más fuerte que nunca.

“Ser misionero es empoderar a las personas proclamando el amor de Dios por ellos”, dice Hegarty. “Tienes que usar las habilidades que Dios te ha dado para ayudar a la gente que te rodea”.

Él absorbió ese espíritu, dice, observando a sus padres criar a sus cuatro hijos en Newark, Nueva Jersey. “Mi madre comulgaba a diario”, dice. “Mi padre era líder sindical de los albañiles”. El padre Hegarty recuerda cómo su padre intentó que un hombre despedido injustamente recupere su trabajo; pero el contratista se negó. “Mi padre me dijo: ‘Vamos a tomar un café’”, dice el sacerdote. “Pensé que había desistido. Pero al salir, silbó y otros 70 hombres salieron del trabajo con él. El contratista inmediatamente vino a hacer arreglos”.

 

El Padre Hegarty, un Misionero que sirvió en Chile, habla de su vocación y su misión.

El padre Hegarty, misionero en Chile, habla de su vocación y su misión.

 

Hegarty guardó ese ejemplo de justicia social en su corazón, donde la fe ya había echado raíces. La fe haciendo justicia se convirtió en el mantra de su vida.

Cuando estudiaba en Seton Hall University, dice, la idea de convertirse en sacerdote comenzó a filtrarse. Ingresó al seminario arquidiocesano de Newark. Se transfirió a Maryknoll, dice, porque “conocí a algunos (misioneros) Maryknoll y parecía que ése era el lugar donde el buen Dios quería que yo estuviera”. Fue ordenado sacerdote Maryknoll el 13 de junio de 1953.

Al día siguiente, estaba camino a Chile. Allí, dice, los grandes terratenientes controlaban todos los aspectos de la vida. Él fue asignado a hacer trabajo pastoral entre los campesinos. “No tenían derechos. No podían leer ni escribir y eran tratados como esclavos”, dice. “Había que ayudarlos a darse cuenta de que eran dones de Dios”. Esa se convirtió en su misión.

“Organizamos comunidades cristianas de base; y ayudamos a que las personas se apoyen mutuamente en la comprensión de su fe y alcanzar su potencial”, dice. La mejor manera de empezar, dice, fue iniciar escuelas para los niños.

Hegarty recuerda haber recibido a voluntarios del Cuerpo de Paz que llegaron a su parroquia. “Fueron capacitados para ayudar en países en desarrollo”, dice. “Hicieron cosas como derribar árboles para construir escuelas”.

El gobierno chileno, respaldado por la Iglesia Católica y Estados Unidos, decidió a principios de 1960 mejorar su atrasada economía agraria mediante la redistribución de la tierra. Hegarty dice que 90.000 granjeros pobres se volvieron propietarios y necesitaban ayuda para hacer la transición.

Los obispos chilenos le pidieron a Hegarty que deje su parroquia y asuma funciones que le permitan ayudar a campesinos de todo el país. Se convirtió en capellán nacional de Acción Católica Rural, una organización comprometida con alentar a líderes cristianos de zonas rurales; y consultor espiritual del Instituto de Educación Rural (IER), un grupo privado cuyo objetivo era, dice, “tratar de desarrollar el liderazgo en personas que habían sido seguidores toda su vida”.

Orlando Farías es un brillante ejemplo. “[Tenía] 22 años; no sabía leer ni escribir”, dice Hegarty. “Descubrimos que era un genio. Pasó por la escuela primaria y secundaria, se graduó en agricultura y se convirtió en presidente del IER—que ahora cuenta con 25 escuelas técnicas”.

Cuando el dictador Augusto Pinochet llegó al poder en 1973, revirtió la reforma agraria y muchos campesinos perdieron sus tierras. Pero Hegarty y los líderes laicos que entrenó continuaron ayudándolos.

Debido a que se puso del lado de los pobres, la dictadura le pidió a Hegarty que abandone el país en 1983. Él aceptó realizar promoción misionera en Estados Unidos para Maryknoll, tiempo durante el cual obtuvo un doctorado en ministerio pastoral.

En 1987, cuando se restableció la democracia, regresó a Chile. Fundó otra organización, Solidaridad Rural Misionera (SOLMIRU), para ayudar a los campesinos a “encontrar un lugar en un nuevo proceso globalizado para vivir como hijos de Dios”.

Dejó Chile en 2010 debido a su edad y problemas de salud, pero mantiene contacto con los líderes que capacitó. Los alienta a mantener la dignidad de los campesinos ante nuevos desafíos como la migración de los jóvenes a las ciudades. Los insta a inspirarse en la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco sobre el cuidado de la tierra.

Como otros misioneros retirados, él tiene un especial ministerio de oración. “Rezamos por los benefactores que apoyan nuestro trabajo en el mundo”, dice el padre Hegarty, quien lidera el rezo diario del Rosario y escucha confesiones. También le gustaría ministrar a los hispanos católicos de Estados Unidos.

 

El Padre Hegarty, un misionero que sirvió en Chile escucha las preocupaciones de los campesinos

Abajo (con un gorro) mientras –escuchaba las preocupaciones de los campesinos y los alentaba.

 

“Dice que está trabajando en un plan de cinco años”, dice el Padre Maryknoll Edward McGovern, director de la comunidad de misioneros mayores. “Mientras tanto, con su personalidad extrovertida, involucra a cada persona que conoce”.

Eso incluye distribuir bocadillos a los otros misioneros mayores mientras socializan antes de la cena. “Le dicen la Taverna de Hegarty”, dice el Hermano Maryknoll, Brendan Corkery.

Mientras discierne su próximo llamado para servir, él da este consejo a las personas mayores: “Aprende a apoyar a los jóvenes. Descubrirás que muchos son muy talentosos”. Hegarty dice que espera ser recordado “como un buen misionero Maryknoll, que hizo un buen trabajo”.

Si empoderar a las personas con el amor de Dios es la medida del éxito de un misionero, es seguro decir: “Bien hecho, padre Hegarty. Siga con el buen trabajo”.

Foto principal: Izq. a dcha: El Padre Maryknoll Frederick Hegarty solía atravesar senderos abruptos para llevar el Evangelio a zonas rurales de Chile. (Maryknoll Mission Archives/Chile)

 

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