(Cortesía de CMMAL/Bolivia)

TALLER DE BIODANZA OFRECIDO EN CENTRO MISIONERO EN AMÉRICA LATINA BUSCA SANAR HERIDAS EN EL COMPARTIR COMUNITARIO

Los años de experiencia misionera vivida en diferentes países, culturas y contextos históricos, me han hecho consciente de que el cuerpo guarda memoria de todo lo vivido, sufrido, gozado o aprendido.

Curiosamente, siendo una fe de la Encarnación (“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” Juan 1, 14), muchas personas han relegado al cuerpo a un segundo nivel, dándole preponderancia al espíritu, al intelecto, al saber.

En todos los lugares donde he vivido como misionero, he podido ver que el hambre, la violencia familiar, la injusticia, la violencia de género, el abuso, la opresión y la contaminación, entre otras, ejercen su poder sobre el cuerpo de los otros y dejan heridas profundas que la misión está llamada a sanar.

¿Recuerdan a la mujer encorvada del Evangelio? (Lucas 13, 10-14) Hacía 18 años que no podía enderezarse. Imaginen sus dolores constantes, su dificultad para mirar adelante, su soportar la mirada de los demás. ¿Cuánto peso habrá cargado para que su espalda se venciera? Su cuerpo, de algún modo, contaba la historia de años de opresión. Jesús sabía que el cuerpo de esa mujer era la denuncia viviente de una religión que se había transformado en un yugo pesado. Por eso, sin mediar palabras entre ellos, él la sana en sábado y en el atrio del Templo, desenmascarando la hipocresía de los responsables de esa Casa Sagrada.

(Cortesía de CMMAL/Bolivia)

Pensando en como sanar dolores del cuerpo más actuales, en el Centro Misionero Maryknoll para América Latina, propiciamos espacios formativos para dar a conocer herramientas que ayudan a integrarnos, escucharnos y sanar nuestros cuerpos tales como el Teatro de Presencia Social y la Capacitación para la Sanación del Trauma.

Ahora, quisiera hablarles del Taller de Biodanza que hemos realizado en el mes de julio pasado. Como el nombre lo indica, biodanza es una danza de la vida, y al mismo tiempo un sistema creado por el educador Rolando Toro, de Chile. La biodanza es definida por su fundador como “una poética del encuentro” que invita a unificar cuerpo, mente y espíritu mediante el movimiento y la música. Por medio de indicaciones de quien guía la vivencia, somos invitados a reconocernos a nosotros mismos, a los otros y a lo otro que nos da la vida y la fuerza en el caminar.

Para este programa de sanación corporal recibimos a facilitadores venidos de Chile: Blanca Santelices López y Eduardo Gacitúa Cid. Ellos trabajaron tres aspectos durante los días de encuentro, enfocándose en la biodanza, la espiritualidad comunitaria y el trabajo en equipo.  Ofrecieron una sesión en el Curso de Formación Misionera Internacional, prepararon un taller abierto para 30 personas y también trabajaron con el personal del CMMAL.

Hemos aprendido que nos hace falta aprender a escuchar, cuidar y sanar nuestro propio cuerpo, el de otros y otras y el de la tierra. Como dice el Papa Francisco en la Laudato Sí’: Olvidamos que nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura. Así como la tierra gime y sufre dolores de parto, así también nuestros cuerpos guardan la memoria de “los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo”.

Imagen destacada: Taller de Biodanza en el Centro Misionero Maryknoll en Cochabamba, Bolivia. (Cortesía de CMMAL/ Bolivia)

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