MISIONERA LAICA DA Y RECIBE VIDA NUEVA SIRVIENDO A PERSONAS CON VIH

Coralis Salvador recuerda una homilía que un sacerdote kenyano dio hace años: “Somos el cuerpo de María y damos a luz a Jesús… no con las palabras sino por la manera como nos relacionamos el uno con el otro”. Ese mensaje, dice ella, la ha mantenido en el camino que ha recorrido por casi 18 años como misionera laica Maryknoll en Mombasa, Kenya. Hoy caminamos por Gwanahola, una barriada en las afueras de Mombasa, donde Coralis, con una visera gigante, nos enseña el camino.

Llegamos a la casa de Nazmin, una mujer pequeña con una sonrisa tímida, que es VIH-positiva (Su nombre y el de otras personas son seudónimos para proteger sus identidades). Ella nos presenta a su dulce hijo de 9 años, Ali. Él también es seropositivo, y además es sordo. Asiste a una escuela especial, cuyos costos y uniformes son cubiertos por el proyecto HOPE, que Coralis administra. El acrónimo, elegido por los propios niños, significa Helping Orphans Pursue Education.

Coralis explica que HOPE surgió de un programa comunitario de salud y de ayuda para el SIDA, Mombasa Catholic CBHC, que inició el fallecido Hermano Maryknoll John Mullen y que tomó el modelo de otro programa similar en Nairobi (ver p. 38). HOPE empezó en 1999 para ayudar a los niños de los clientes de CBCH y ha apoyado a más de 2.600 niños.

Dar a luz a Jesús en Mombasa: MKLM apoya a personas con VIH
(Sean Sprague/Kenya)

Coralis Salvador habla de dar a luz a Jesús en Mombasa
Coralis Salvador, izq., visita una escuela donde el Proyecto HOPE dona uniformes para niños que son VIH-positivos en Mombasa, Kenya. (Sean Sprague/Kenya)

Dar a luz a Jesús en Mombasa: Trabajadora social y Coralis Salvador
Trabajadora social Floriana Mwandoe acompaña a Nazmin y Coralis Salvador al caminar por el barrio pobre de Gwanahola en Mombasa. (Sean Sprague/Kenya)

Dar a luz a Jesús en Mombasa-2
(Sean Sprague/Kenya)

Dar a luz a Jesús en Mombasa
(Sean Sprague/Kenya)

En nuestro camino se nos une Floriana Mwandoe, trabajadora social y consejera que se hará cargo del trabajo de Coralis cuando ella se jubile a fines de 2019. Con nosotros también está Mary Mwandingo, una de los 400 VSC, voluntarios de salud comunitaria, que visitan a los enfermos en sus vecindarios, identificando a niños necesitados y ayudándolos a volver a la escuela. Mary le da a Nazmin algunos obsequios de leche, harina y frijoles. Ella explica cómo la nutrición adecuada es esencial para mantenerse saludable mientras se vive con SIDA.

Hace 15 años, aquellos con VIH en Mombasa estaban virtualmente bajo pena de muerte. Desde el 2005, gracias al uso generalizado de medicamentos antirretrovirales, gratuitos en Kenya, las personas pueden seguir viviendo una vida normal y saludable si toman sus medicinas. Una parte importante del trabajo de los VSC es monitorear y asegurar que sus clientes continúen tomando sus medicinas todos los días.

Bajo el auspicio de la Arquidiócesis Católica de Mombasa, los trabajadores de la salud reciben capacitación en los talleres que se llevan a cabo en cada una de sus 11 parroquias por enfermeras visitantes y oficiales clínicos. Los VSC discuten su trabajo en las comunidades y ventilan las emociones que inevitablemente acumulan en este ministerio tan conmovedor como exigente. “A medida que van de casa en casa, deben estar totalmente frescos y no llevar emociones acumuladas con ellos”, explica Coralis.

La misionera de 71 años, que tiene cinco hijos adultos y cuatro nietos, tiene un aprecio especial por los voluntarios de salud de la comunidad. “Las mujeres con las que trabajo son piadosas y una inspiración para mí”, dice ella. “Trabajan duro y tienen sus propios sufrimientos. Mary, por ejemplo, es VIH-positiva, pero da mucho de ella y encuentra alegría en el servicio. Ella va más allá de ella misma y de su enfermedad, y se siente bendecida cuando visita a las personas. Ellos ven la presencia de Dios en sus vidas debido a su fuerte fe”.

Luego, llegamos a la casa de Mariamu que ha tenido SIDA por muchos años. Ella es piel y huesos, pero tiene una enorme sonrisa. Ella y su hija sana, Halima, de 12 años, viven en una sola habitación al lado de un patio compartido por varias familias. Es sofocantemente caliente y oscuro dentro de su hogar. Nos sentamos en su cama para intercambiar bromas y risas. Coralis le da un abrazo a la madre y al niño, mientras que Mary dona la harina, los frijoles y la leche habituales. Young Halima es cliente de HOPE. Recibe un uniforme y provisiones para asistir a la escuela primaria local, que de otro modo hubiera sido inasequible, a pesar de que la escuela es oficialmente “gratis” en Kenya. Son los extras requeridos los que cuestan y por lo tanto excluyen a muchos niños de la educación.

HOPE, explica Coralis, también dirige un centro de aprendizaje que proporciona educación adicional para niños los sábados. Durante las vacaciones escolares, los niños vienen tres o cuatro veces a la semana para recibir tutoría y una comida ligera. El centro los mantiene alejados de las calles y les proporciona un entorno seguro con talleres, deportes y libros de la biblioteca.

MKLM habla de Dar a luz a Jesús en Mombasa
(Sean Sprague/Kenya)

 ‘¡Si van a África a servir encontrarán la fuente de la juventud!’

Coralis, quien nació en Filipinas, dice que se sensibilizó sobre las necesidades de las personas con VIH y SIDA cuando vivía en San Francisco, California, en la década de 1980 y conocía a muchas personas que murieron a causa del virus antes de que hubiera medicina para combatir la enfermedad.

Después de que sus hijos volaron del nido y Coralis ponderaba qué hacer en su futuro, su párroco le sugirió que postulara a los Misioneros Laicos Maryknoll. “Los contacté, obtuve la aprobación y aquí estoy, en Kenya ¡desde el 2001!”, dice.

Una voluntaria de corto plazo, L. Susan Slavin, una vez vino a ayudar en Mombasa y quedó tan conmovida por el trabajo de Coralis que las dos mujeres fueron coautoras de un libro de Orbis Books titulado, What’s so Blessed About Being Poor? (¿Qué es tan bendito de ser pobre?)

Coralis recuerda haber regresado a Manila para una visita. “En una reunión de compañeros de clase, se sorprendieron de lo joven que lucía”, dice, “así que bromeé: ‘¡Si van a África a servir encontrarán la fuente de la juventud!’ Servir y vivir el momento suena fácil, pero lleva mucho tiempo llegar porque tenemos tantos apegos y temores y debes rendirte por completo”.

Coralis se ha rendido verdaderamente en África, habiendo renovado varias veces su contrato con los Misioneros Laicos Maryknoll. Caminar con Coralis junto con Floriana, Mary y los otros voluntarios comunitarios de la salud y ver su amor por las personas a quienes sirven es ver a Jesús nacido hoy.

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