Qué desgarrador debe ser el dolor de una madre cuando es separada de su hijo por la fuerza. Cuán grande debe ser la angustia del niño ante el largo miedo de no saber cuándo volverá a verla.

La foto de nuestra portada no refleja un momento de separación sino de reencuentro entre madre e hijo que fueron separados; no obstante, la foto no refleja alegría sino dolor. Tal es el drama que viven miles de familias que se ven obligadas a huir de sus hogares y países, cruzar fronteras a tierras desconocidas y muchas veces hostiles, en la búsqueda de una vida mejor.

Nos acercamos a la Navidad y esta edición toca este drama de la migración, que también fue vivido por la Sagrada Familia de nuestro Señor Jesucristo. El artículo “Lágrimas de una Madre” (p. 8) revive ese drama en la historia de una mujer que cruzó la frontera a Estados Unidos en busca de asilo, y que al llegar fue detenida y separada de su hijo por una política de tolerancia cero—ya revertida—que en la práctica desconocía derechos humanos universales.

Ese drama no sólo ocurre en la frontera entre México y Estados Unidos. El sacerdote salesiano Lazar Arasu comparte en su artículo “Jesús también fue un refugiado” (p. 56) la precaria condición en la que viven sudaneses del sur en un campamento para refugiados en Uganda. ¿Podemos imaginarnos a María y José buscando refugio para proteger a su hijo Jesús? pregunta el padre Arasu, como invitándonos a encarnar la vicisitud de los migrantes y refugiados.

Ante situaciones tan duras y desesperanzadoras como las que viven los migrantes y refugiados, cómo podemos transmitir la alegría del Evangelio. Esa fue una de las principales preguntas que se hicieron durante el V Congreso Americano Misionero, que se llevó a cabo en Santa Cruz, Bolivia (p. 26). La fe en el Cristo Resucitado iluminó las preguntas y los corazones de los miles de misioneros congregados que renovaron su compromiso de salir a las periferias y ser la misión compasiva de Jesús en todos esos lugares y momentos donde ocurran situaciones duras y desesperanzadoras.

Gracias por acompañarnos un año más en nuestra labor de compartir las historias de misión de los misioneros Maryknoll alrededor del mundo.

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