USA-BANGLADESH 
Una vez, mientras conducía de Chicago a Nueva York, llegué a una zona de descanso y me estacioné al lado de una camioneta llena de musulmanes de Bangladesh. Como serví en misión en ese país, hablé en bengalí con uno de ellos y le pregunté de dónde era. “De la Ciudad de Tangail”, me dijo. Le conté que yo viví allí de 1976 hasta 1982, cerca de Kumudini College. Él dijo que vivió cerca a Kumudini College cuando fue niño. Nos alegramos mutuamente. Luego, él me preguntó: “¿Y tú de dónde eres?” Le respondí que nací y crecí en el Upper West Side de Manhattan. “Yo lo conozco muy bien”, me dijo, “soy taxista en Nueva York”. Ambos nos echamos a reír.
John P. Martin, M.M 

KENYA
Cuando llegué a Nairobi, Kenya, traté de conocer la ciudad y conectarme con los proyectos que me inspiraron venir. Caminé por Kibera, un inmenso asentamiento informal con un amigo kenyano, Patrick, miembro de una comunidad cristiana quien realiza un ministerio voluntario con educación para niños afectados por el VIH. Él visita a los niños y sus familias, y les ayuda a registrarse en la escuela. Visité mucho los pasajes angostos y enlodados entre las casuchas del asentamiento, donde no hay desagüe, ni agua potable, excepto en algunos puntos, y donde la electricidad es ‘prestada’, improvisando conexiones.
Mientras nos abríamos el paso entre autos, personas y puestos de comida, Patrick se detuvo, se inclinó y ayudó a una abeja que luchaba por salir de un charco. La colocó en la acera y se quedó para asegurarse de que se fuera volando. Al día siguiente, le envié un mensaje de texto en el que lo llamé “rescatador de abejas”. Sin perder el tiempo, él respondió: “Ah, pero tenemos que ser rescatadores de personas”.
Heidi Cerneka, MKLM

PERÚ

Uno de los pocos cultivos que se siembra en el altiplano de Perú es la quinua, un grano de alto contenido proteínico que es un alimento básico para los indígenas de esa región. Un día, mientras visitaba una familia, vi un grupo de mujeres y hombres en medio de un campo haciendo movimientos rítmicos con las manos en el aire. Me detuve para ver esa escena única. Pensé que podría estar en medio de la escena descrita en Mateo 13, 24-30, en la que habla de los granjeros que separan el trigo de la paja—pues entre la quinua también crece mala hierba, la cual debe ser separada en el momento de la cosecha. Las personas estaban haciendo eso, sosteniendo la quinua sobre sus cabezas y dejando que el viento soplara las malas hierbas, mientras que la quinua caía al suelo, sobre mantas tejidas. Luego, envolvieron la quinua en las mantas y se la llevaron. No perdieron nada y aseguraron su comida para el futuro. Nacida y criada en Nueva York, ver este simple proceso fue fascinante para mí. Aprendí una lección agrícola que iluminó mi conocimiento bíblico: una gran recompensa por un corto paseo, ¿no crees?
Helen Phillips, M.M.

BRASIL
Vivir en una de las ciudades más grandes del mundo contrasta con nuestro “hogar” en las Montañas Blancas de New Hampshire. Los árboles son reemplazados por apartamentos y torres comerciales y es difícil encontrar un momento tranquilo y verde en el centro de São Paulo, Brasil. Pero hemos podido llevar a nuestras hijas Cecilia, 4 y Maëlle, 2 a los bosques en los bordes de esta ciudad de 21 millones de personas. Allí somos bienvenidos con aire fresco, especies increíbles de plantas y animales e incluso momentos de tranquilidad. En el camino, vimos a un mono león dorado acercándose para observarnos, y a una familia de monos aulladores que saltan en los árboles. Apreciamos la flora y fauna que nos rodea en este país tropical con la misma curiosidad y maravilla con la que nuestras niñas, aprecian el ciclo de floración y producción de fruta todo el año. Estamos agradecidos y mantenemos nuestros ojos abiertos para apreciar la belleza de Dios en la naturaleza y entre nuestras hermanas y hermanos a quienes servimos en misión aquí en Brasil.
Marcelo Maiorano y Kathleen Maynard, MKLM