SOBRE LA JUVENTUD COMO AGENTE DE CAMBIO EN EL MUNDO DE HOY

Hace unos meses se realizó en Roma el Sínodo de Obispos sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Una nueva apuesta de la Iglesia para fortalecer nuestra esperanza en un futuro mejor, sabiendo de la pasión y los valores que mueven a la juventud.

En el Centro Misionero Maryknoll en América Latina, muchas veces tomamos contacto con jóvenes, equipos de pastoral juvenil o responsables de animación vocacional. Percibimos que la mirada de los adultos sobre ellos es usualmente negativa, y que el contexto en el que viven es muy adverso. Fernando Pérez Cozzio, formador de nuestro Programa de Desarrollo Personal y Liderazgo, lo describe de este modo: “La juventud vive un tiempo en el que está expuesta a una sociedad llena de riesgos y antivalores, frecuentemente reforzados por conductas inadecuadas del propio núcleo familiar y de los medios masivos de comunicación. La falta de atención y escucha, los pocos espacios y actividades para ellos, muchas veces llevan al abuso del alcohol y las drogas como diversión y escape de la soledad”.

En su visita a Chile, el Papa Francisco le dijo a los jóvenes que el problema está en los adultos, quienes, creyendo saber todo, muchas veces dicen: “’[El joven] piensa así porque es joven, ya va a madurar’. Pareciera que madurar es aceptar la injusticia, es creer que nada podemos hacer, que todo fue siempre así”.

Habiendo animado los encuentros arquidiocesanos locales preparatorios al sínodo, Fernando afirma: “Reforzar la identidad del joven, como protagonista y fuente de energía de cambio y transformación, es el desafío más importante de las comunidades, para reavivar su fuego interno de discípulos misioneros”.

Ser protagonistas de su propia historia, de la construcción de una sociedad justa y de una Iglesia comprometida, así como ser fuerza de cambio y transformación, es lo que define a la juventud.

El Papa Francisco habla mucho sobre la juventud y con los jóvenes. En Myanmar les dijo: “Cualquiera que sea vuestra vocación, os exhorto: ¡sean valientes, sean generosos y, sobre todo, sean alegres!”.

También en Chile, dijo: “…la fe provoca en los jóvenes sentimientos de aventura que invita a transitar por paisajes increíbles, nada fáciles, nada tranquilos… pero a ustedes les gustan las aventuras y los desafíos. Es más, se aburren cuando no tienen desafíos que los estimulen. Esto se ve claramente, por ejemplo, cada vez que sucede una catástrofe natural: tienen una capacidad enorme para movilizarse, que habla de la generosidad de sus corazones”.

Valentía, generosidad y alegría son características de la renovación misionera a la que nos invita el papa. Él dice que necesitamos rejuvenecer la Iglesia.

Como cristianos vivimos una crisis muy profunda. Nuestra Iglesia ha perdido credibilidad y son conocidas las estadísticas del alejamiento de muchos, la escasez de vocaciones y la disminución del clero. El aumento de la violencia, la pobreza y las injusticias, exigen una nueva audacia del compromiso cristiano para transformar la sociedad.

Como discípulos misioneros necesitamos esa valentía, generosidad y alegría propia de la juventud para ser agentes de cambio y transformación en el mundo de hoy.

Alejandro Marina es director del Centro Misionero en América Latina.