MINISTERIO FOMENTA COMPAÑERISMO Y MATRIMONIOS CATÓLICOS

Encontrar amigos católicos en Taiwán es difícil porque somos pocos católicos en la sociedad”, dice Jerry Chen, de 31 años de edad. Dado que los católicos taiwaneses constituyen menos del 1.5% de la población de Taiwán, agrega, encontrar pareja es aún más difícil.

Pero, dice sonriendo, él está feliz de haber conocido a Jocelyn Wang. Ellos comparten creencias y valores, por lo que hacen un buen equipo, agrega Jocelyn. ¿Como se conocieron? por medio de “citas rápidas católicas”.

Las citas rápidas—conversaciones de ocho minutos entre católicos solteros—son una de las muchas formas en que el “Proyecto Cana” facilita oportunidades para que católicos taiwaneses encuentren esposos que compartan su fe. Este ministerio es una extensión del trabajo de Friendship House (Casa de la Amistad), un centro de Maryknoll para jóvenes católicos en Taipéi. Tanto Friendship House como el Proyecto Cana abordan la necesidad de tener compañerismo entre la minoría católica en Taiwán.

Jocelyn, quien recientemente se convirtió en católica, admira la fe de Jerry y le gusta su optimismo. “Él es diferente”, dice, recordando que le impresionó que él la invitara a Misa en su primera cita. “Él realmente cree en Dios y para mí esto es muy importante”.

Jerry agrega que espera que puedan casarse y formar una familia católica. “¡Aún no me ha pedido la mano!”, dice Jocelyn cuando se le pregunta sobre su futuro.

El Proyecto Cana y las Casas de la Amistad en Taipei y Taichung, proveen ambientes para que los jóvenes católicos de Taiwán, una minoría en el país se conozcan, entablen amistades, y, en algunos casos, encuentren a su futuro esposo/a. (Nile Sprague/Taiwán)

El Padre Maryknoll Alan Doyle, quien dirige la Casa de la Amistad y supervisa el Proyecto Cana, dice que alentar los matrimonios católicos y familias que practiquen su fe es parte de una importante práctica pastoral. El misionero señala una encuesta de Proyecto Cana que dice que alrededor del 80% de los católicos en Taiwán se casan con personas que no son cristianas, lo que a menudo hace que la mitad de ellos se vayan de la Iglesia y 30% “se entibien”. Sólo el 33% de sus hijos son bautizados lo que resulta en la reducción de la Iglesia, agrega el misionero, quien ha trabajado en ministerios parroquiales, sociales y pastorales en Taiwán desde su ordenación en 1964.

“Esperamos que Jesús pueda hacer milagros en la sociedad ayudando a los católicos a encontrarse”, dice.

Desde que se lanzó el Proyecto Cana en 2014 como un ministerio para conectar a solteros católicos, se han formado aproximadamente 40 parejas. El misionero calcula que otras 60 parejas se conocieron en el sitio web para matrimonios del ministerio.

Una de las Misas en la Casa de la Amistad, un ministerio Maryknoll para apoyar a la minoría católica en Taiwán. (Nile Sprague/Taiwán)

Kristin Hsieh, y Robert Tsai son una de las parejas que se conocieron por el sitio web. Al igual que otros 600 miembros, fueron examinados cuidadosamente antes de unirse al sitio y que pudieran conectarse y enviar mensajes a otros solteros católicos.

Tanto Kristin como Robert querían una pareja que deseara conocer y amar a Dios, para que la próxima generación tenga la oportunidad de tener a Dios en sus vidas. Cuando se conocieron en persona, el primer día hábil después del Año Nuevo Lunar, Kristin dijo que le preguntó a Dios: “¿Es esta persona frente a mí la persona que me has preparado?” Meses después, sus oraciones fueron respondidas. Estaban enamorados y se casaron en 2015.

La pareja espera poder transmitir su fe a su hijo Tomás, quien cumplirá 2 años en febrero. “Queremos ser una familia y queremos que todos los miembros realmente crean en nuestro Señor”, dice Robert.

Las actividades del Proyecto Cana, así como otros programas en la Casa de la Amistad brindan oportunidades para que católicos de 20 a 40 años conozcan a otros católicos de su edad.

“Hay una gran necesidad de una comunidad de parejas”, dice el padre Doyle, quien dirige la Casa de la Amistad desde 1975. “Los jóvenes sólo ven a personas mayores y niños en la iglesia y poco a poco se alejan”.

Un reciente sábado por la tarde, unos 20 adultos jóvenes se reunieron en la Casa de la Amistad de Taipéi, donde el padre Doyle y su personal los recibieron con los brazos abiertos. Mientras organizaban las mesas para la cena, los jóvenes taiwaneses conversaron sobre su semana e intercambiaron impresiones de los recientes paseos organizados por Casa de la Amistad. Gradualmente, más jóvenes solteros llegaron para la Misa de las 7 p.m. y una ponencia después de la Misa. El ambiente era relajado y amistoso; incluso los recién llegados se sintieron rápidamente como en casa.

“Este es un gran lugar para reunirse con el Señor y hacer nuevos amigos”, dice Zhi Hong Wong, 30. Como parte del club de servicio del centro, Wong visita un orfanato dos veces al mes con sus compañeros y participa en excursiones y actividades educativas. El centro ha fortalecido su fe porque tiene un “sentido de comunidad y estímulo mutuo”, dice.

Actualmente, la Casa de la Amistad tiene 1.100 jóvenes católicos registrados, con 200 de ellos participando en actividades mensuales. El programa incluye actividades religiosas como Misas por la noche, cursos de liderazgo, desarrollo personal, lecciones de guitarra, catequesis, clases de doctrina y oportunidades de servicio.

La variedad de actividades atrae a jóvenes profesionales a invitar a sus amigos no católicos. Aproximadamente una docena de ellos decide volverse católico cada año.

El personal del padre Doyle a menudo se comunica con los miembros registrados por teléfono o por internet para ofrecer apoyo, enfatizando el cuidado de su bienestar.

Cuidar a los demás católicos ha sido un aspecto central de la Casa de la Amistad desde que abrió sus puertas hace 50 años. En aquel entonces, cuando Taiwán estaba cambiando de una sociedad agrícola a una sociedad urbana, la Casa de la Amistad se centró en ofrecer a los trabajadores taiwaneses que migraban a la ciudad un lugar al que pudieran llamar suyo.

Arriba: El padre Doyle les da la bienvenida a visitantes de la Casa de la Amistad (Friendship House) en Taipei. Abajo: Una invitada da una presentación después de la Misa en la Casa de la Amistad en Taipei, donde habló de sus viajes como profesional. (Nile Sprague/Taiwán)

“La Iglesia tuvo que seguir (a los jóvenes) a la gran ciudad y asegurarse de que se mantuvieran conectados” a su fe, recuerda el padre Doyle, de 81 años, que era párroco de una iglesia rural y se convirtió en director de la Casa de la Amistad en 1975.

La Casa de la Amistad, dice, fue una parroquia de transición para los migrantes solteros que venían a la ciudad, pero evolucionó para satisfacer las nuevas necesidades de la Iglesia cuando “la ola de migrantes de un país a otro (en Taiwán) terminó hace unos 20 años”.

“Una vez que terminó la migración de los jóvenes trabajadores que acababan de salir de la escuela intermedia a las ciudades, nos enfocamos en el trabajo para solteros católicos que viven en el área del gran Taipéi”, agrega el padre Doyle.

“¿Es esta persona frente a mí la persona que me has preparado?”

Así como la Casa de la Amistad trabajó con las parroquias rurales y la Arquidiócesis de Taipéi para servir a los jóvenes que emigran a la gran ciudad, el padre Doyle trabaja con los ministros parroquiales para ayudarlos a implementar diferentes espacios para la confraternidad católica y el emparejamiento católico. “Una diferencia en la juventud de ahora comparada con la de entonces es que aproximadamente el 29% (de los jóvenes que van a la Casa de la Amistad en Taiwán) tiene títulos de maestría y 63% son graduados de la universidad. Y hace 45 años la mayoría sólo había terminado la escuela intermedia”.

Aproximadamente “300 parejas que se conocieron en la Casa de la Amistad se han casado” y se han vuelto activas en sus parroquias, agrega el sacerdote. El Proyecto Cana también tiene 200 apostolados de matrimonios en parroquias, donde se les explica a los jóvenes la importancia del matrimonio y se les anima a participar en actividades del Proyecto Cana o a empezar grupos juveniles.

“Esto es como mi segunda familia. Estoy muy feliz y cómoda aquí”, dice Kelly (Shih Yi) Pan, de 37 años, quien participa en el programa de capacitación de líderes cristianos del centro. Agrega que las Misas en la noche son una gran ayuda para los católicos que trabajan los fines de semana y no pueden ir a Misa los domingos en la mañana. “Vengo de una familia católica, pero venir aquí me dio la oportunidad de profundizar mi fe y ver su riqueza”, dice.

El misionero espera que sus ministerios sigan ayudando a que corazones que amen a Dios se encuentren.