Un niño de América Central come fruta mientras espera en la fila para una comida en el refugio de inmigrantes Juventud 2000 en Tijuana, México. (CNS/México)

reflexión sobre los desafíos en medio de la violencia y resistencia a la diversidad

Desde hace años, el Centro Misionero Maryknoll en América Latina ha intuido que repensar el modo en que los seres humanos nos relacionamos entre sí y con el cosmos, es un desafío misionero ineludible.

Las estadísticas indican que en nuestros países la violencia contra la mujer, el abuso intrafamiliar, la violencia callejera, la xenofobia, la violencia económica y la destrucción de la naturaleza, han crecido. Debemos decir que la violencia se ha instalado en nuestra sociedad y en los modos de relacionarnos.

El Papa Francisco ha hablado sobre la realidad de la violencia generalizada en el mundo y ha propuesto “construir la cultura del encuentro”.

Hoy en día podemos conocernos más, escucharnos por diversos medios y convivir en medio de una gran diversidad. Sin embargo, nos fuimos endureciendo en nuestra mirada hacia los otros a todo nivel.

Inmigrantes esperan en el refugio temporal de la Iglesia Sagrado Corazón en McAllen,Texas. (CNS/Texas)

Como Iglesia también hemos contribuido muchas veces a la violencia. Los obispos chilenos lo expresan en su documento “Cuidado y esperanza”: “Miramos hoy a la Iglesia samaritana de ayer, voz de los sin voz, refugio de vulnerados y vulnerables, la que abría sus puertas para ofrecerles amparo y protección, la que desde su fuerza moral emergía como referente natural para grandes acuerdos nacionales. Y nos preguntamos: ¿qué nos ocurrió?, ¿cómo pudimos llegar al contrasentido de nuestra misión que significa el daño a menores?, ¿cómo recuperar nuestra debilitada credibilidad de hoy?”

Cuando el papa habla de la “conversión ecológica” en la encíclica Laudato Si’, dice: “Esta conversión supone diversas actitudes que se conjugan para movilizar un cuidado generoso y lleno de ternura”.

¿Qué implica para nuestra Iglesia misionera construir la cultura del encuentro y adquirir las actitudes de cuidado generoso y lleno de ternura?

Raúl Miranda, responsable del Diplomado en Prevención de Violencias estructurales, ofrecido por nuestro Centro Misionero, nos dice que “para superar este clima conflictivo y violento, creemos importante transformar o superar esta estructura social de carácter colonial y patriarcal”.

Esto quiere decir que debemos superar las antinomias que hemos construido a lo largo de la historia, por medio de las cuales reconocemos la diversidad, pero no valoramos de la misma manera a todos.

El cardenal Leopoldo Brenes Solorzano de Managua, Nicaragua, y el obispo auxiliar Silvio Báez Ortega, marchan en una protesta antigubernamental en Diriamba. (CNS/Nicaragua)

En un curso sobre Biblia y Misión trabajamos la problemática de los migrantes. Con participantes de diversos países hicimos un análisis de la realidad. Muchos países están recibiendo grandes flujos migratorios de Venezuela, Haití, Colombia; también de Bolivia y Perú. Estados Unidos recibe personas de todas partes del mundo.

En el análisis de la realidad, salieron a la luz todas las actitudes, acciones y palabras que reflejan una violencia creciente hacia los recién llegados.

Qué desafío tan grande para nuestras Iglesias el contribuir a la gestación de una cultura del encuentro y cultivar en todos actitudes y acciones de cuidado generoso y lleno de ternura.

Redescubrir a los otros como hermanos y a la tierra como la casa común de todos es un imperativo ético, un mandato divino y una urgencia misionera.