Leslie toma un libro prestado de la biblioteca rodante en la comunidad Esperanza en San Salvador, El Salvador.

MISIONERO LAICO MARYKNOLL, RIck Dixon, APRENDE “Lenguaje del corazón” MIENTRAS DIRIGE BIBLIOTECA RODANTE EN EL SALVADOR

Tan pronto regresé de mi hogar en Estados Unidos a la comunidad de La Esperanza en San Salvador, El Salvador, donde sirvo como misionero laico Maryknoll, comencé a visitar a las 35 familias que usan nuestra biblioteca rodante.

Un libro cayó de mi carretilla. Cuando paré a recogerlo, una mujer con una niña pasaba por mi lado. “¿Te gustaría leerle un libro?”, le pregunté. La mujer se acercó.

Ella se presentó como Yasmine y a su hija como Leslie. Yasmine tomó de la carretilla el libro, “Doley, el perro callejero guatemalteco”, y se lo mostró a su hija. “¿Quieres este (libro)?” le preguntó muy lentamente.

Como Leslie no le respondió, la madre le señaló el libro. Luego me dijo: “Mi hija no oye ni habla bien. Me gustaría leerle la historia a ella usando el lenguaje de señas”. Ambas, madre e hija están aprendiendo el lenguaje de señas. Cuando Yasmine abrió el libro, los ojos de Leslie se abrieron de par en par. “Doley estaba ladrando a dos quetzales en vuelo”, decía el texto del libro. “Doley mantiene a los pájaros en el cielo”. Leslie agarró el muy usado libro como si fuera un regalo navideño.

Desde entonces, he hecho algunas rondas de préstamo de libros a Leslie y Yasmine. Le pregunté a la madre cómo se dice “¿Cómo estás?” en lenguaje de señas. Puso las manos abiertas a cada lado de su corazón y se las llevó hasta los hombros y luego puso dos pulgares en el aire.

Unos días después, vi a Leslie y le pregunté usando el lenguaje de señas: “¿Cómo estás?” Su sonrisa me transmitió que mi lenguaje de señas necesitaba mucha práctica; así que fui a mi casa y hablé con los dedos y los pulgares frente a un espejo hasta que pude sentir “¿Cómo estás?” desde el fondo de mi corazón. Espero volver a reunirme con Leslie para ver cómo me va con mi nuevo idioma.

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