Thibert visita un centro cultural en Bolivia. 

Ryan Thibert se siente En casa como un Hermano

Ryan Thibert, recuerda su primera visita al campus de la Sociedad Maryknoll en Ossining, Nueva York, y dice: “Sentí que finalmente había llegado a mi casa, el lugar donde me llamaron para estar”. Después de ocho años de estudio y servicio, él tomará su juramento permanente el 31 de mayo, comprometiéndose a toda una vida de servicio como hermano Maryknoll entre las personas más vulnerables del mundo.

Ser un hermano es algo natural para el misionero de Ontario, Canadá, de 37 años, quien llegó al mundo un minuto después de su hermano gemelo, Aaron, y cuatro años después de su hermana, Jennifer. “Mi hermano me apoyó y me alentó”, dice el hermano Thibert. “Nos desafiábamos el uno al otro, pero él siempre me apoyó”.

Al crecer en una familia católica fuerte, cuya fe fue alimentada en la parroquia de Todos los Santos en la ciudad de Strathroy, Ryan Thibert dice que desde el principio sintió una atracción por la vida religiosa. Buscó la dirección de su párroco, que conocía a Maryknoll y pensó que podría ser una buena opción para su feligrés orientado a la misión.

Los miembros de la Sociedad Maryknoll, como el Hermano Robert Butsch, pusieron un rostro humano en la vocación misionera del joven canadiense. Él recuerda sentirse cautivado por las historias y fotografías del hermano Butsch sobre su trabajo misionero en China: confeccionar calzado especial para personas con la enfermedad de Hansen. “Me impresionó su pasión y cómo el Espíritu Santo estaba trabajando a través de él”, dice Thibert, y agregó que comenzó a ver la posibilidad de utilizar su propia formación académica y talento artístico para ayudar a las personas a ser lo mejor que puedan ser.

Ryan Thibert, quien pronto hará su juramento permanente como hermano Maryknoll, se desempeñó en diferentes ministerios durante su entrenamiento en el extranjero (OTP) en Bolivia. 

El misionero Thibert con sus amigos en Bolivia. 

Ryan Thibert, quien pronto hará su juramento permanente como hermano Maryknoll, se desempeñó en diferentes ministerios durante su entrenamiento en el extranjero (OTP) en Bolivia. 

El misionero Thibert y su amigo José Lopez.

“Sólo necesitaba que alguien le mostrara: ‘Tú eres una persona que Dios ama. Tú importas’”. 

Un viaje misionero de corto plazo a Jamaica con otros tres posibles candidatos a Maryknoll selló su decisión. Los cuatro visitantes, dijo, se ofrecieron como voluntarios en el orfanato del Santísimo Sacramento en Montego Bay, donde ayudaron a niños que no sólo eran huérfanos, sino que también padecían diversas afecciones físicas. Durante el viaje de inmersión, uno de los niños murió. Eso dejó una fuerte impresión en Ryan Thibert. “El niño no tenía ningún miembro de la familia para ser portador del féretro”, dice el hermano Thibert. “Los otros tres candidatos y yo fuimos los portadores del féretro. Tuve el honor de honrar la memoria de este niño que ni siquiera conocía”.

Esa experiencia le recordó a un hermano franciscano que había venido a consolar a la propia familia de Thibert cuando murió su abuelo. También recordó a un santo canadiense, el Hermano André Bessette, quien, según Thibert, “servía a los pobres como portero y guardián y tenía una chispa para estar abierto a las necesidades de la gente”. Pensando en esos hombres misericordiosos, Ryan Thibert llegó a una importante conclusión: “Estar presente, dar vida a quienes necesitan amor, esa es la esencia de la vocación del hermano”. Eso es lo que él sintió que el Espíritu Santo le estaba llamando a hacer. Se unió al programa de formación de los Hermanos Maryknoll en 2011.

Además de profundizar su espiritualidad a través de la oración y los estudios teológicos, completó su licenciatura en arte en la Universidad St. Xavier de Chicago. Luego viajó a Cochabamba, Bolivia, para su programa de capacitación en el extranjero (OTP), ahora un programa de dos años en el que los jóvenes misioneros están inmersos en el estudio del idioma y la vida en otra cultura, así como en varias obras pastorales mientras continúan discerniendo su llamado a la misión inter-cultural.

En el transcurso de su OTP, que entonces era de tres años, Thibert vivió con dos diferentes familias anfitrionas mientras aprendía español. También vivió con una comunidad de Maryknoll mientras trabajaba en parroquias y asistió en ministerios especializados, incluido un centro de atención para personas mayores, un programa después de la escuela y un centro de apoyo para el VIH/SIDA. Todo el proceso OTP, dice, fue “transformador”.

“Aprendí de la gente y la cultura bolivianas que es crucial tener amistades y relaciones personales significativas que se desarrollen y fomenten con el tiempo”, dice. “Estas relaciones hacen que los lazos de conexión sean más fuertes y más significativos en el ministerio y en la vida diaria”.

También aprendió mucho de las personas a las que atendía, como Carlos, un anciano en el centro para personas mayores que nunca recibió visitas y se sentaba separado de los otros residentes. “Un día me presenté y hablamos”, dice el hermano Thibert. “Carlos habló de su familia y lloró. Dijo que extrañaba a sus hijos. Mi interés por él le dio fuerzas para compartir sus sentimientos. Comenzó a orar con el grupo y un día me dijo: ‘Esto es significativo para mí’. Sólo necesitaba que alguien le mostrara: ‘Tú eres una persona que Dios ama. Tú importas’”.

El hermano Thibert ve ese hilo en todos sus ministerios en Bolivia. “La gente necesita saber que alguien se preocupa por ellos”, dice, y agrega que si bien las acciones son importantes, estar presente para las personas es la mejor herramienta que tienen los misioneros para compartir el amor de Dios.

Thibert enseña arte a unos niños en Bolivia. (Cortesía de Ryan Thibert)

El misionero Thibert con sus amigos en Bolivia. 

Ryan Thibert, quien pronto hará su juramento permanente como hermano Maryknoll, se desempeñó en diferentes ministerios durante su entrenamiento en el extranjero (OTP) en Bolivia. 

El arte también le ha sido útil en la misión. Recuerda cómo lo usó para ayudar a Tito, un hombre boliviano en el centro de VIH que estaba paralizado en su lado izquierdo y no podía hablar. “Por lo general, estaba enojado”, dice el hermano Thibert, “pero cuando le pedí que creara una mándala, se puso muy tranquilo al concentrarse en el diseño”.

“El arte”, dice, “permite que las personas se comuniquen y expresen sus sentimientos en un ambiente seguro y amoroso”.

De regreso en Chicago, donde ha estado estudiando psicología el año pasado, ha utilizado proyectos de arte para ayudar a los niños inmigrantes a expresar sus inquietudes mientras se adaptan a un nuevo hogar.

El Hermano Maryknoll Mark Gruenke, quien sirvió como mentor de Thibert durante la formación, dice:

“Ryan no tiene miedo de ser un hermano para aquellos que carecen del hermano o la hermana que tanto necesitan”.

Ryan Thibert le da el crédito a su madre y a su padre, “quienes me han apoyado en las buenas y malas… soy quien soy debido a su amor incondicional”, dice.

Es consciente de que hoy en día no hay muchos jóvenes que escogen la vida de un hermano religioso, pero da una razón simple para hacerlo: “Me doy cuenta de que es vivir para otros a través de Cristo donde me siento verdaderamente feliz y en paz”.

Fotos cortesía de Ryan Thibert.