Rosa Ochante es una inmigrante peruana y líder católica en Japón. (Cortesía de Rosa Ochante Muray/Japón)

Viajé a Mozambique, África, en el 2016 con una amiga brasileña que vive en Tokio, a quien le daba miedo viajar sola. Ella ayudaba a la congregación de las Hermanas de la Presentación de la Virgen María, enviando dinero para construir una capilla en un pueblito de la ciudad de Nampula. Otra feligresa brasileña de la parroquia del Niño Jesús en Ueno, viajó con nosotras. Llevamos ropa para niños, dinero y cosas como lápices, pelotas y cuentos que tradujimos al portugués. Estuvimos en Mozambique casi dos semanas. Las hermanas dirigen escuelas y ayudan a niñas que no pueden estudiar en sus pueblos, acogiéndolas en un dormitorio hasta que puedan terminar la secundaria.

Ahora, toda la feligresía de Ueno apoya esta iniciativa. Cada Navidad hacemos un gran evento y recaudamos fondos para enviar a Mozambique. Las hermanas nos informan cómo usaron el dinero y nosotros informamos a las personas que colaboran aquí con nosotros.

Yo soy vice presidente de una pequeña asociación que traduce libros de matemática y cuentos japoneses al español, y los repartimos todos los años a cuatro escuelas de Lima, Perú. Nací en Lima, Perú y migré a Japón hace 23 años. Tengo un bachiller en psicología y una maestría en psicología social. Actualmente, soy profesora en la universidad de educación Momoyama Gakuin Kyouiku Daigaku. Me he especializado en educación de los hijos de migrantes, en educación multicultural y en educación para el entendimiento internacional.

En abril de este año, me hicieron una entrevista para el periódico Asahi, a nivel nacional, sobre la situación de los inmigrantes en Japón y la problemática en la educación de los hijos de migrantes. Dije que la comunidad de inmigrantes en Japón ha venido para quedarse; por muchos años fue invisible, pero, a estas alturas, es imposible que no sea vista. Los extranjeros ya son parte de esta ciudad de Ueno y esta ciudad necesita de su mano de obra para sobrevivir.