hermana Maryknoll ayuda a familias a edificar
casas sólidas en Panamá

Antes del amanecer, la Hermana Maryknoll Nena Heramil se pone sus zapatillas celestes y se dirige hacia las afueras de la Ciudad de Panamá. Primero toma un tren y luego cuatro otros medios de transporte antes de caminar cuesta arriba hasta los asentamientos informales en las lomas al norte de la ciudad. Como parte del equipo pastoral de acción social en la parroquia San Juan María Bautista Vianney, la hermana Heramil está mejorando las condiciones de vida de cientos de panameños.

Hoy, ella visita tres comunidades para ver a personas que construyeron viviendas de cemento gracias a uno de los proyectos del equipo.

“Ha sido una bendición de Dios”, dice Elizabeth Pineda, quien emigró de la provincia de Veraguas hace más de una década. “Antes, nuestra casa estaba hecha de tablitas (de madera) que se estaban dañando por la lluvia”. Una vez que Pineda y su esposo recibieron materiales de construcción donados, ellos y sus vecinos construyeron su nueva vivienda de una pieza. “Lo construimos en una semana. Todos nos ayudaron”, dice Pineda, quien está criando a tres hijas en su nuevo hogar.

Ana María Bordones (dcha.) y sus hijos sonríen con la Hermana Maryknoll Nena Heramil después de mostrarle su casita en Valle San Francisco, en las afueras de la ciudad de Panamá.

John González y Emliana Arroyo, con sus tres hijos, recientemente recibieron la aprobación para construir su casa de cemento.

John González y Emliana Arroyo, con sus tres hijos, recientemente recibieron la aprobación para construir su casa de cemento.

Tilsia Góndola, quien dirige el grupo de acción social de la parroquia, ubicada en la zona de las Cumbres, dice que el proyecto comenzó en 2013 con un censo parroquial para evaluar las necesidades de las comunidades. “La gente estaba preocupada por la salud de sus hijos porque muchas de las casas están construidas con desechos del vertedero de basura, como cartones, plástico y otros materiales que puedan encontrar”, explica Góndola. “Este es un país con un clima muy lluvioso; el agua entra a las casas y los niños se enfermaban mucho de la piel y de los pulmones”.

Pedro Pérez, catequista y coordinador local del proyecto en la comunidad de Vallecito, dice que las casas de zinc (hierro galvanizado) se calientan como hornos bajo el sol tropical. “La mayoría tiene huecos, y cuando llueve, a veces cae más agua adentro que afuera”, dice.

Según el grupo de acción social, ocho de las 32 comunidades a las que sirve la parroquia Vianney viven en extrema pobreza, y muchos residentes habitan en casas inseguras. Después del censo, la parroquia solicitó asistencia de SELAVIP, una fundación internacional establecida por el padre jesuita Josse van der Rest, la cual patrocina proyectos de vivienda para familias urbanas pobres en Asia, África y América Latina. Desde el primer proyecto de construcción con SELAVIP en 2014, la parroquia ha construido 73 casas de una habitación y cinco casas adicionales financiadas por un donador.

Algunas de las casas en las comunidades donde la Hermana Heramil trabaja con el proyecto de viviendas en Panamá. Ella visita a familias para evaluar las necesidades que tienen.

Algunas de las casas en las comunidades donde la Hermana Heramil trabaja con el proyecto de viviendas en Panamá. Ella visita a familias para evaluar las necesidades que tienen.

SELAVIP cubre el costo de los materiales de construcción para que una familia con niños pequeños pueda construir una casa de una habitación de 16 metros cuadrados (172 pies cuadrados). Los beneficiarios llaman a estas habitaciones “casitas”. La parroquia ayuda a cubrir los otros costos y las mismas familias construyen las casas con la ayuda de un albañil. El grupo de acción social espera construir otras 51 casitas en 2020, dice la hermana Heramil.

“Los niños están felices de poder dormir en una casa, de que tienen un lugar seguro donde pueden dormir”, dice la hermana Heramil. “La gente está agradecida por la ayuda; puedes verlo en sus ojos, sus sonrisas”.

La misionera dice que ser parte de este proyecto transforma la vida de las personas. “No solo les damos materiales, sino que los preparamos para saber cómo vivir bien”, dice. Las familias participan en charlas organizadas por la parroquia para edificar una vida mejor, sobre temas como seguridad, nutrición y salud, dice.

“La idea no es solo construir la casa, sino construirlos a ellos como personas. Darles las herramientas para que puedan mejorar su estilo de vida, para que tengan una vida más digna”, dice Góndola. “Para que además de tener una casa nueva, que sean personas nuevas”.

John González y Emliana Arroyo, quienes recientemente recibieron la aprobación para construir su casa de cemento, le mostraron a la hermana Heramil dónde planean construir la nueva casita para sus tres hijos. “Estoy muy agradecida por esta ayuda”, dice Emliana. “Espero que el Señor les dé (al equipo de acción social) esa fortaleza para que sigan apoyando a familias humildes para que tengan un futuro mejor y empiecen una vida mejor”.

La hermana Heramil parece tener esa fuerza. Su trabajo no se detiene cuando se construye una nueva casita. Continúa visitando a familias necesitadas y evalúa cómo apoyarlas. “Ella sube esas lomas y conoce a la gente de cada comunidad”, dice Góndola. “Lo que no hemos podido hacer nosotros, ella lo ha podido desarrollar por su perseverancia y constancia”.

La familia Franco le muestra a la Hna. Heramil donde construirán su nueva casita.
La familia Franco le muestra a la Hna. Heramil donde construirán su nueva casita.

La familia Franco le muestra a la Hna. Heramil donde construirán su nueva casita.

La Hermana Heramil (al centro) y la Hermana Norma Pocasangre saludan a una peregrina de la Jornada Mundial de Panama.

La Hermana Heramil (al centro) y la Hermana Norma Pocasangre saludan a una peregrina de la Jornada Mundial de la Jueventud (JMJ) Panama, que tuvo lugar a principios del 2019.

La hermana Heramil, de 56 años, creció en la isla de Samal en las Filipinas y en 1985 se unió a las Hijas Teresianas de María, una congregación religiosa local. Ella sirvió mayormente como administradora de escuela. Movida por el Espíritu Santo para vivir una misión intercultural, dice, se transfirió a las Hermanas Maryknoll en 2010 e incorporó sus votos finales en 2015. Fue enviada a Bolivia, donde estudió español y trabajó en un programa extracurricular para niños.

En 2016, la misionera fue asignada a Panamá, donde eligió un ministerio que trabaja con el grupo de acción social de Vianney. “El trabajo que hago es realmente estar con la gente, visitar a las familias y solo escuchar sus historias”, dice. Su trabajo incluye visitar feligreses enfermos cada viernes y ayudar a distribuir alimentos para familias y ancianos dos veces al mes.

Pero aún queda mucho por hacer, agrega. La mayoría de las familias en las comunidades a las que sirve son indígenas o campesinos que vinieron de las provincias del interior del país en busca de una vida mejor, solo para encontrar más pobreza, desempleo, desnutrición y la falta de oportunidades educacionales para sus hijos. Estas familias viven en áreas de difícil acceso, como colinas y barrancos, donde a menudo carecen de acceso al agua, electricidad y transporte.

La Hermana Heramil y mujeres de Vallecito muestran su trabajo de manualidades al crear diferentes tocados o tembleques panameños.

La Hermana Heramil y mujeres de Vallecito muestran su trabajo de manualidades y diferentes tembleques panameños. Para leer más detalles de esta iniciativa para apoyar a mujeres de la zona, vaya a la página de las Hermanas Maryknoll.

Góndola dice que el equipo de acción social espera ayudar a las familias a plantar huertos caseros para que puedan mejorar su nutrición y complementar sus ingresos. Los miembros del equipo también planean trabajar con la pastoral ecológica de la parroquia para mejorar el acceso al agua en comunidades aledañas.

Otra iniciativa es enseñar a las mujeres de la zona a hacer y vender artesanías, como el típico tocado o tembleque panameño, para apoyar la economía del hogar. La hermana Heramil espera que estas iniciativas, junto con el proyecto de vivienda, ayuden a las familias a tener un futuro y vivir dignamente.

Briceida Duarte expresa la alegría y esperanza de quienes han recibido ayuda para construir un hogar nuevo y sólido. “Estoy feliz porque ahora tendríamos algo propio y hay la posibilidad de dejarle algo a nuestros hijos (en el futuro)”, dice ella. “Le doy gracias a Dios y a todos los que están ayudando con este proyecto”.