Janeth Vargas frente a un mural en la entrada del refugio Hogar Nuestra Casa en Cochabamba, Bolivia, dando la bienvenida a niñas y adolescentes que han sido abusadas. (NIle Sprague / Bolivia)

Hogar empodera a niñas y adolescentes que fueron víctimas de abusos

Con una sonrisa tímida, Cecilia, 16, dice que le gustaría ser una ingeniera petrolera cuando sea grande. La joven boliviana tiene buenas calificaciones en el colegio y un futuro prometedor a pesar de haber tenido una vida muy difícil.

 Cuando tenía 5 años, Cecilia (nombre ficticio) fue una víctima de abuso sexual por su padre biológico. El incidente fue reportado a las autoridades, pero su familia no hizo el seguimiento al caso. Cuando Cecilia tenía 12 años, su padre abusó de ella otra vez. Esta vez, ella reveló esta terrible experiencia a su profesora. A pesar que su madre no le creyó, la escuela reportó el incidente a la Defensoría de la Niñez y Adolescencia de Cochabamba.

La Doctora Elizabeth Patiño Durán, psicoterapeuta, evalúa a una niña que fue abusada por su padre repetidamente hasta que ingresó al refugio hace cuatro años. (Nile Sprague/Bolivia)

Niña que se encuentra refugiada en Hogar Nuestra Casa se distrae haciendo bisutería. (Nile Sprague/Bolivia)

Cecilia fue trasferida al Centro de Acogida Hogar Nuestra Casa, una residencia para niñas y adolescentes que fueron víctimas de abuso sexual de parte de un familiar en y alrededor de Cochabamba, Bolivia.

 Hogar Nuestra Casa, auspiciado por organizaciones como los Padres y Hermanos Maryknoll, fue fundada en el 2005 por un grupo de mujeres laicas y un sacerdote jesuita, Padre Arturo Moscoso, para responder a un creciente problema en Bolivia contra las mujeres, especialmente niñas y adolescentes.

 La Defensoría de la Niñez y Adolescencia boliviana estimó que en el 2014 a nivel nacional había aproximadamente 14.000 casos de abuso sexual. Dos años después, La Fuerza Especial de Lucha contra la Violencia reportó que cada día un promedio de cinco niñas y mujeres fueron víctimas de abuso sexual a nivel nacional.

Hogar Nuestra Casa no solo brinda un ambiente seguro para niñas de 8 a 18 años, pero también trata de reintegrar a las niñas a sus familias. El equipo del centro de acogida, que consiste en tres educadoras, dos asistentas sociales y una psicóloga, empodera a las niñas con habilidades practicas, psicológicas y emocionales, para que puedan valerse por si solas si es necesario.

El centro, una casa de una planta en una zona residencial de Cochabamba, considerada el corazón de Bolivia, tiene cinco habitaciones y puede acomodar a 15 niñas. La casa incluye una pequeña biblioteca, oficinas, cocina y comedor, donde las niñas comen, hacen sus tareas y se entretienen. Hay planes en proceso para construir una sala multiusos para ampliar el pequeño espacio del comedor, donde se llevan a cabo las actividades.

 Un día típico para las niñas incluye despertarse temprano, hacer los deberes de casa, ir al colegio y hacer las tareas. En su tiempo libre, ellas aprenden a bailar, hacer bisutería y otras manualidades. Ellas también ayudan en la cocina y hacen pasteles, que venden cada jueves en la puerta de la casa para recaudar fondos para el centro, que cubre algo de sus necesidades, incluida la atención médica.

 Cecilia fue seleccionada para ser una líder del centro. Ella lleva a las niñas pequeñas a la escuela y las ayuda con sus tareas y las aconseja a tomar buenas decisiones en su vida.

 Ella además ayuda en la cocina. “No sabía que tenía habilidades para cocinar, porque para mí era normal hacer eso en casa, pero ahora me doy cuenta que cocino bien”, dice Cecilia. “Cuando vivía con mi familia ellos me decían mis defectos y nunca cuánto me querían, pero aquí las tías que nos cuidan siempre aprecian lo que hago y expresan con palabras cuánto me quieren”.

 El equipo ha tratado de trabajar con la madre de Cecilia y su tío para que puedan reunirse con Cecilia, pero ellos aún no pueden cuidar de ella. Su padre fue sentenciado a 30 años en prisión por su crimen.

“Cuando las niñas llegan, nosotras somos responsables de ellas”, dice Janeth Vargas, la directora administrativa del centro. “Entonces, ocupamos la función maternal y paternal que en ese momento ellas no lo tienen con su familia. Ellas te enseñan mucho; es un aprendizaje constante”.

 Además del personal regular, Hogar Nuestra Casa tiene cuatro miembros voluntarios en el consejo de directores, incluyendo a Myrna Arébalo, quien es administradora del Centro Misionero Maryknoll en América Latina en Cochabamba. Ella lleva a estudiantes del programa de Idiomas Maryknoll y participantes de servicio voluntario de corto tiempo para ayudar en Hogar Nuestra Casa. “Necesitamos mucha ayuda. Claro que lo ideal sería no tener estos incidentes, pero vemos que muchas niñas carecen de oportunidades y atención de sus familias y tienen un inmenso sufrimiento y trauma”, dice Arébalo. “Ser parte de este programa fortalece mi fe”.

Myrna Arébalo (segunda de la izquierda) les enseña a las niñas a hacer bisutería, que venderán junto con productos de pastelería para recaudar fondos para el refugio Hogar Nuestra Casa. (Nile Sprague/Bolivia)

El Padre Maryknoll Juan Zúñiga también ayuda en el centro y supervisa este proyecto que apoya la Sociedad. “La visión de Maryknoll siempre ha sido trabajar con las personas en los márgenes, como estas niñas”, dice el misionero de San Antonio, Texas, y agrega que espera que este ministerio ayude a las niñas a recuperar su autoestima.Mientras tanto Cecilia está agradecida de comenzar una nueva vida. “Estaba buscando el amor de una familia y aquí he encontrado una nueva familia que me quiere y me aprecia como soy”, dice ella. “Le pido a Dios que el centro esté abierto para otras niñas como yo. Esta es mi casa y no quiero que Hogar Nuestra Casa se cierre nunca”.

A la hora del almuerzo en el refugio Hogar Nuestra Casa en Cochabamba, las niñas, acompañadas del personal, hacen la bendición antes de comer. (Nile Sprague/Bolivia)